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María mujer misionera María mujer misionera Arzobispado de Cochabamba

La mujer de hoy debe reconocerse digna, creyente y misionera

Sep 18, 2017


La Palabra de Dios que ha sido proclamada nos suscita una mirada más profunda de un Dios que camina con su Pueblo, de su encarnación en la historia humana a través de María y del reconocimiento de su Pueblo creyente que puede llamarle Abba Padre y nos invita a renovar nuestro compromiso mariano en clave de una Iglesia misionera que ama, camina con el pueblo y da testimonio de fe, caridad y justicia.

Dios se encarna en la historia humana a través de una mujer: El ángel Gabriel le dice a María: “No temas María, porque has encontrado el favor de Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz a un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús” (Lc. 1, 30-31). Con este relato Dios rompe los prejuicios del tiempo histórico del inicio del cristianismo.

Decide encarnarse a través de una mujer y una mujer pobre, lo que contrastaba con la cultura patriarcal y machista imperante en el mundo judío y romano que despreciaba y reducía a la mujer a cosa material, susceptible de ser sometida y vendida a capricho del hombre, peor aún al tratarse de una mujer pobre y sin prestigio social o religioso, que por supuesto perturbaba a los líderes religiosos que esperaban que el Mesías naciera en los palacios de Jerusalén y cobijado de los lujos de un “enviado de Dios”. Pero Dios tiene otro pensamiento, la única condición que determina su voluntad es que María merece su favor por su profunda fe y por su vida según la dignidad humana.

María recibe conscientemente la misión que Dios le encarga: María no se presenta como una mujer sumisa o conformista. Ante el enviado de Dios se atreve a cuestionar: “¿Cómo puede ser eso si yo soy virgen?” (Lc. 1, 34). Esta manifestación de María demuestra su personalidad y carácter de pensamiento y determinación, que genera un diálogo horizontal con Dios a través de su ángel. Ese diálogo entre María y el Ángel de Dios, nos debe llevar a revalorizar el diálogo como el camino del encuentro y reencuentro entre los seres humanos, en todas las esferas de nuestro mundo actual, el diálogo en la familia, la sociedad y el Estado.

Cuántos matrimonios no se han destruido o están a punto de destruirse por la falta de una comunicación sincera y auténtica que muestre sus verdaderos sentimientos y pensamientos; cuántos padres/madres tienen enormes distancias con sus hijos simplemente por no dialogar de lo que es importante cuando por dentro están gritando su amor o sus resentimientos; cuántas personas están enemistadas porque no son capaces de hablar desde el corazón para deshacerse de sus prejuicios y reconciliarse en la verdad y el amor. Cuán importante resulta el diálogo hoy en el mundo político, entre los gobernantes y la sociedad civil y entre las diversas organizaciones políticas de los oficialismos y las oposiciones.
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La respuesta obediente de María: “Hágase en mi tal como has dicho”: María es una mujer capaz de comprender la voluntad de Dios y confiar plenamente en su designio. Se muestra obediente al dar su respuesta: “Soy la servidora del Señor: Hágase en mi tal como has dicho” (Lc 1, 38). Su aceptación parte de la conciencia de ser servidora del Señor, lo cual demuestra que conoce la historia creyente de sus antepasados y los libros sagrados, que es creyente practicante y misionera, la primera misionera de Jesús. En esa afirmación, no hay titubeo, no retrasa su respuesta por ejemplo, para consultar con José, su prometido o con su familia para tener su aprobación. Sabe que por encima de eso está su Dios y la conciencia de saberse capaz de llevar adelante esa delicada misión. Nos podemos preguntar ¿conocemos el plan que Dios ha trazado sobre cada uno de nosotros? En caso afirmativo, ¿lo llevamos a la práctica?

María misionera: “sin más demora, se fue a la casa de Isabel, su prima”: Dice el Evangelio que “tomó su decisión”, es decir, asumió una opción libre y consciente, no impuesta por nadie, porque es una respuesta que nace en su fe y a la comprensión de la misión que Dios le ha confiado. No es una misión pasiva de solamente representa prestar su vientre para el nacimiento del Mesías, sino es una misión profética en la historia humana de su tiempo. Por eso, Isabel su prima, en la visita que le hace María, llena del Espíritu Santo le exclama: “¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!

(…) ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!” (Lc1, 42-45). En respuesta, tal como hemos participado en el Salmo responsorial, María responde desde su fe y su interpretación de la historia de la salvación: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque se fijó en su humilde esclava, y desde ahora todas las generaciones me dirán feliz.

María nos presenta un Dios salvador que se fija en la humildad y que rechaza a los soberbios, un Dios que se pone de lado de los pobres y despacha con las manos vacías a los ricos, es un Dios que exalta a sencillos y destruye a los poderosos.

En ese testimonio de María, la Madre de Dios, la mujer de hoy debe reconocerse digna, creyente y misionera. No obstante, pervive aún la cultura patriarcal que dolorosamente se sigue manifestando en la violencia en la contra de las mujeres, en los feminicidios, en salarios inferiores por igual trabajo que los hombres, en el no reconocimiento del trabajo en el hogar.

Por eso animo a las mujeres a tomar a María como modelo de mujer, para reconocer que su dignidad le viene de ser imagen y semejanza de Dios, a reafirmarse en su fe, pilar fundamental de todo creyente, para sentir que Dios camina con ustedes, las protege y les da luz y sabiduría; a asumir valientemente su condición de misioneras de la Palabra de Dios, de su caridad y justicia y de su testimonio sacramental que contagia su entorno, desde su familia hacia la comunidad eclesial y social.

La mujer hoy es la esperanza de la sociedad y la Iglesia. Nuestro desafío es responder como María con la misma rapidez para resolver los problemas de cada día, o seguimos con la cultura del “vuelva usted mañana” y también ignorando la cultura de la respuesta. Madre tus hijos te amamos, te felicitamos en tu día y hacemos nuestra la invitación de hacer lo que Jesús nos diga (Jn 2,5).

La mujer de hoy debe reconocerse digna, creyente y misionera, ha asegurado Mons. Jesús Juárez, Arzobispo de Sucre, en su homilía en oportunidad de la Fiesta de la Virgen de Guadalupe, “La Gualala”, Patrona de esta Iglesia local, el pasado 8 de septiembre.

Celebramos con mucho cariño y alegría la fiesta de “la Virgencita de Guadalupe”. Como sabemos, su imagen fue pintada por Fray Diego de Ocaña el año de 1601 y es Patrona de la capital del Estado Plurinacional Sucre. Junto a la Iglesia Universal recordamos la Natividad de María y venimos con entusiasmo y gozo a felicitarla en el día de sus cumpleaños y nos unimos al Papa Francisco en su visita a Colombia que comparte la misma festividad de María.

Iglesia Viva 11.9.2017.

Información adicional

  • Atención: Iglesia Viva
  • Autor: Infodecom
Modificado por última vez en Jueves, 21 Septiembre 2017 15:43

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