Infodecom - Información de la comunidad
director

director

URL del sitio web: http://www.infodecom.net

Ante la inminente canonización de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II preguntémonos ¿cuál era la relación de Juan XXII con la iglesia boliviana?

La relación del Papa Juan XXIII con la iglesia boliviana es mucho más profuna de lo que podemos imaginar, porque este Papa – nacido en Bérgamo – fue el artífice de un matrimonio indisoluble entre la diócesis de Bérgamo y la Iglesia de Bolivia, que en 50 años ha visto nacer cantidad de obras sociales como colegios, orfanatos, iglesias, casas de formación; y como “no solo de pan vive el hombre”, el fruto de esa unión impregnó de vitalidad a la iglesia boliviana a través del servicio de sacerdotes, obispos, misioneros, consagradas y voluntarios. Fruto de ese matrimonio también puede considerarse el hecho de que la comunidad migrante boliviana más grande de Italia se encuentre precisamente en Bérgamo.

Angelo Roncalli, quien tomaría el nombre de Juan XXIII, conocido como el Papa Bueno será canonizado este 27 de abril y en el proceso que lo ha llevado a los altares, seguramente se puede añadir el peldaño boliviano. Veamos cómo.

La génesis de este fructuoso enlace italo-boliviano fue en la década de los años 60 cuando en la metrópoli paceña la Iglesia Católica era gobernada por el famoso arzobispo boliviano Mons. Jorge Manrique, junto a su obispo auxiliar Genaro Prata, de nacionalidad italiana. Según las memorias recogidas por el Centro Misionero Diocesano de Bérgamo y confrontadas por los testimonios de quien escribe, una mañana de Audiencia General en la Plaza San Pedro del Vaticano, Mons. Prata aprovechó el saludo al Papa Bueno para hacerle un pedido con ojos llorosos y sosteniéndole la mano: “Ya no puedo más, mi vastísima arquidiócesis no tiene suficientes sacerdotes. La gente pide pan y no tengo quién se los pueda dar. Es un sufrimiento grande y solo usted puede ayudarnos...” habría sido el lamento del obispo auxiliar de La Paz. Esas palabras impactaron mucho al Papa Juan XXIII pero la providencia quiso que en la misma fila – metros más atrás - se encontrase el Obispo de Bérgamo, mons. Giuseppe Piazzi; cuando Juan XXIII lo vio indicó al obispo auxiliar de La Paz: “pídaselo a aquel obispo, verá que algo sucederá”. 

Meses más tarde llegaba una carta a la curia bergamasca suplicando el envío de misioneros a Bolivia; utilizar el verbo “suplicar” no es una exageración como el lector podrá apreciar el tono de la carta enviada por el Arzobispo Manrique al Obispo Piazzi.

Fue así – el mismo día de la apertura del Concilio Vaticano II – un  11 de octubre de 1962, que desde el puerto de Génova zarpaba un gran transatlántico con rumbo a América Latina, y en él viajaban Berto Nicoli y Luis Serughetti, dos jóvenes sacerdotes que entregaron su vida a favor de la iglesia boliviana; esos primeros sacerdotes fueron como el trigo triturado destinado a dar grandes y abundantes frutos; pero esa es otra historia.

El genio precursor de este Papa bonachón que fue capaz de cambiar la Iglesia universal, también renovó el rostro de la iglesia boliviana. Pidamos a San Juan XXIII seguir intercediendo por la renovación y fortificación de la iglesia boliviana.

 ______________

Quede como testimonio de esta anécdota providencial, el siguiente fragmento de la carta enviada desde el arzobispado de La Paz hasta la Curia de la diócesis de Bérgamo al inicio de la década de los años ’60. Es fácil imaginar el entusiasmo esperanzado de estos dos obispos – uno que redactaba la carta y el otro que la firmaba – que desde Bolivia enviaron dentro un sobre sus últimas esperanzas.

Excelencia Reverendísima,

La tradicional generosidad de la población bergamasca, la riqueza de vocaciones sacerdotales y religiosas de su diócesis, la presencia de un Papa bergamasco en Roma, me impulsa a presentarle una solicitud personal y de nuestra vastísima arquidiócesis de La Paz.

Nuestra gente tiene hambre y sed de sacerdotes. Pero nosotros no los tenemos.

La educación de la juventud requiere fuerzas y energías más frescas. Pero nosotros no las tenemos.

Las ciudades crecen cada día más por el aflujo de la gente del campo. Serían necesarias iglesias nuevas y nuevos pastores. Una pequeña porción de ustedes, aquí es un mundo entero. Un gran regalo para cientos de miles de personas.

He escrito a tantas otras diócesis de todo el mundo, pero hasta ahora no tengo ninguna respuesta.

Este es mi última apelo. Es nuestro último S.O.S. como un barco que está por hundirse en la tempestad. No me diga que no. Yo mismo estoy dispuesto a partir enseguida a Bérgamo para explicarle personalmente nuestras necesidades. Es el corazón de un padre que pide pan para sus propios hijos...”

 

Por: Ariel Beramendi, sacerdote y periodista. (Con información del opúsculo “Bolivia, Misión en riesgo, de Giuseppe Rinaldi, editado por el Centro Misionero diocesano de Bérgamo)

Presentamos el mensaje que el Arzobispo de Cochabamba, Mons. Tito Solari, ha enviado a sus sacerdotes en ocasión de la MISA CRISMAL, donde Mons. Solari hace referencia a su gran deseo de haber celebrado con su presbiterio a la vigilia del final de su mandato episcopal. Este es el mensaje que fue leído en la Catedral de Cochabamba.

Mensaje de Mons. Tito Solari para la Misa Crismal

Queridos fieles, queridos religiosos y religiosas y queridos hermanos sacerdotes:

Aunque esté lejos, quiero con este mensaje estar cerca de todos ustedes en esta extraordinaria celebración de comunión eclesial.

He deseado mucho celebrar esta pascua con ustedes, también porque estoy cumpliendo próximamente el tiempo de mi mandato de obispo de Cochabamba.

Por esta razón - como he dicho a Papa Francisco el 10 de octubre pasado - quiero vivir este tiempo en profunda comunión de fe y caridad con todos ustedes para que nuestra Iglesia crezca en unidad, este año, a través de una activa y generosa solidaridad.

Deseo especialmente renovar en este día con ustedes, mis hermanos obispos y sacerdotes, las promesas que en el momento de la ordenación hemos hecho delante del obispo y del pueblo santo de Dios. En particular y de todo corazón quiero - junto a ustedes - unirme íntimamente al Señor Jesús, modelo de nuestro sacerdocio, renunciando a nosotros mismos y confirmando nuestra disponibilidad a cumplir los sagrados compromisos que por amor de Cristo hemos asumido libremente hacia su Iglesia.

Recen por mí y yo lo haré por ustedes y por todo nuestro pueblo de Dios y nuestros queridos religiosos y religiosas.

+ Mons. Tito Solari

Arzobispo de Cochamba

Miércoles, 16 Abril 2014 07:01

Mario Vargas Llosa: Chiquitos y la música

Los visitantes de las aldeas chiquitanas, en Bolivia, comprueban que Beethoven y los taquiraris, o la silueta del jaguar y los arpegios de una cítara, pueden entenderse, coexistir y transubstanciarse

Los primeros jesuitas que llegaron a este lejano rincón del Oriente boliviano vieron que las viviendas de los indígenas tenían puertas tan pequeñas que bautizaron a toda la comarca con el nombre de Chiquitos. El padre José de Arce y el hermano Antonio de Rivas pisaron por primera vez estas selvas a fines de 1691. En vez de armas, traían instrumentos de música; sus experiencias en Perú y Paraguay les habían enseñado que el lenguaje de las flautas, los violines o las cítaras facilitaban la comunicación con los naturales del nuevo mundo. Pero aquellos primeros misioneros nunca pudieron imaginar la manera como los pueblos chiquitanos se apropiarían de aquellos instrumentos y de la música que acarreaban desde Europa, incorporándolos y adaptándolos a su propia cultura. Al extremo de que cuatro siglos después se puede decir que la Chiquitania (o Chiquitanía: se acentúa de las dos maneras) es una de las regiones más melómanas del mundo, donde la música barroca sigue tan viva y actual como en el siglo XVIII, matizada y coloreada de sabor local por unas comunidades cuya idiosincrasia concilia, de manera admirable, lo tradicional y lo moderno, lo artístico y lo práctico, el español y la lengua aborigen.

Esto ha sido para mí lo más sorprendente en este recorrido de pocos días por la vasta región que separa la ciudad de Santa Cruz de la frontera brasileña: descubrir que, aquí, a diferencia de otros lugares de América donde florecían importantes culturas aborígenes, los 76 años de evangelización —hasta 1767, cuando la expulsión de los jesuitas— habían dejado una huella muy profunda, que seguía fecundando de manera visible a aquellas comunidades a los que los antiguos misioneros ayudaron a integrarse, a defenderse de las incursiones de los bandeirantes paulistas que venían a cazar esclavos, y a modernizar y enriquecer, con aportes occidentales, sus costumbres, sus creencias, su arte y, sobre todo, su música.

A partir de 1972 comenzó la rehabilitación de los templos de Concepción, San Javier, San Ignacio, Santa Ana, Santiago y San José —son los que visité pero entiendo que hay otros— con sus preciosos retablos barrocos, sus gallardos campanarios, sus tallas, frescos y enormes columnas de madera, sus órganos y sus recargados púlpitos. La labor que llevaron a cabo el arquitecto suizo Hans Roth, quien dedicaría treinta años de su vida a esta tarea, y sus colaboradores, ha sido extraordinaria. Las iglesias, bellas, sencillas y elegantes no son museos, testimonios de un pasado escindido para siempre del presente, sino pruebas palpables de que, en Chiquitania, aquella antigua historia sigue vivificando el presente.

No sólo la música que venía de allende los ríos y los mares impregnó y pasó a ser parte indivisible de la cultura chiquitana; también el cristianismo llegó a constituir la esencia de una espiritualidad que en todos estos siglos se ha conservado y ha sido el aglutinante primordial de unas comunidades que manifiestan su fe volcándose masivamente a todos los oficios, con sus caciques, cabildos y mamas al frente, bailando, cantando (¡a veces en latín!) y cuidando los lugares y objetos de culto con celo infatigable. A diferencia de lo que ocurre en el resto de América Latina y el mundo, donde la religión parece ocupar cada vez menos la vida de la gente y el laicismo avanza incontenible, aquí sigue presidiendo la vida y es, como en la Europa medieval, el medio ambiente en el que los seres humanos nacen, viven y mueren. Pero sería injusto considerar que esto ha mantenido a los chiquitanos detenidos en el tiempo; la modernidad está también en estas aldeas, por doquier: en los colegios, en sus talleres, artesanías, las técnicas para trabajar la tierra, la radio, la televisión, los celulares e Internet. Y principalmente en la destreza con que niños y jóvenes aprenden en las escuelas de música locales a tocar el contrabajo, la guitarra o el violín, tan bien como la tambora y la flauta tradicionales.

En los años en que el arquitecto Hans Roth trabajó aquí fue encontrando más de cinco mil partituras de música barroca que, luego de la expulsión de los jesuitas, los chiquitanos preservaron en polvorientos arcones o cajas que languidecían entre las ruinas en que se convirtieron sus iglesias. Todo ese riquísimo acervo está ahora clasificado, digitalizado y defendido con aire acondicionado en el Archivo de Concepción, donde, desde hace muchos años, un religioso polaco, el padre Piotr Nawrot, los estudia y publica en volúmenes cuidadosamente anotados que son, al mismo tiempo, una minuciosa relación de la manera como la música barroca arraigó en la cultura chiquitana.

Las melodías y composiciones que contenían aquellas partituras venidas del fondo de los siglos se escuchan ahora en todas las aldeas de la región, interpretadas por orquestas y coros de niños, jóvenes y adultos que las tocan y entonan con la misma desenvoltura con que bailan sus danzas ancestrales, añadiéndoles una convicción y una alegría emocionantes. Creyentes o agnósticos sienten un extraño e intenso cosquilleo en el cuerpo cuando, en las estrelladas y cálidas noches de la selva cruceña, donde todavía quedan jaguares, pumas, caimanes y serpientes, advierten que Vivaldi, Corelli, Bach, Chaikovsky, además de italianos, alemanes o rusos, también son chiquitanos, pues las grandes creaciones artísticas no tienen nacionalidad, pertenecen a quien la ama, las adopta y expresa a través de ellas sus sufrimientos, anhelos y alegrías. Varios de estos jóvenes han obtenido becas y estudian ahora en Buenos Aires, Madrid, París, Viena, Berlín.

Hay una abundante bibliografía sobre las misiones jesuíticas en Bolivia, donde, parece evidente, el esfuerzo misionero fue mucho más hondo y duradero que en el Paraguay o Brasil. Para comprobarlo nada mejor que el libro de Mariano Baptista Gumucio, Las misiones jesuíticas de Moxos y Chiquitos. Una utopía cristiana en el Oriente boliviano. Es un resumen bien documentado y mejor escrito de esta extraordinaria aventura: cómo, en un rincón de Sudamérica, el encuentro entre los europeos y habitantes prehispánicos, en vez de caracterizarse por la violencia y la crueldad, sirvió para atenuar las duras servidumbres de que estaba hecha allí la vida, para humanizarla y dotar a la cultura más débil de ideas, formas, técnicas, creencias, que la robustecieron a la vez que modernizaron.

Baptista Gumucio no es ingenuo y señala con claridad los aspectos discutibles e intolerables del régimen que los jesuitas impusieron en las reducciones donde la vida cotidiana transcurría dentro de un sistema rígido, en el que el indígena era tratado como menor de edad. Pero señala, con mucha razón, que ese sistema, comparado con el que reinaba en los Andes, donde los indios morían como moscas en las minas, o en Brasil, donde los indígenas raptados por los bandeirantes eran vendidos como esclavos, era infinitamente menos injusto y al menos permitía la supervivencia de los individuos y de sus culturas. Una de las disposiciones más fecundas, en las misiones, fue la obligación impuesta a los misioneros de aprender las lenguas nativas para evangelizar en ellas a los aborígenes. De esta manera nació el chiquitano, pues, antes, las tribus de la zona hablaban dialectos diferentes y apenas podían comunicarse entre ellas.

Ningún país que, como muchos latinoamericanos, tiene en su seno culturas distintas, una moderna, poderosa y occidentalizada, y otra u otras más primitivas, ha sido capaz de establecer un modelo que permita a estas últimas desarrollarse y modernizarse sin perder los rasgos que la constituyen: sus costumbres, sus creencias, sus lenguas, sus mitos. En todos los casos —los más flagrantes son los de Estados Unidos, Japón y la India— el desarrollo ha significado la absorción —y a veces la extinción— de la más débil por la más poderosa, la occidental. Desde luego que hay una injusticia terrible en estos procesos; pero ninguna sociedad ha sido capaz todavía de establecer un sistema en el que una cultura pequeña y antigua puede acceder a la modernidad sin renunciar a esa suma de factores materiales y espirituales que la definen y diferencian de las otras. En América Latina, donde el problema se vive dramáticamente por lo menos en media docena de países, tenemos la obligación de encontrar un modelo en el que aquel acto de justicia sea posible en términos prácticos. ¿Dónde buscar ejemplos que nos orienten? En las aldeas chiquitanas hay enseñanzas provechosas para quienes quieren ver y oír. Las mujeres y los hombres de esta tierra no han perdido eso que se llama la “identidad”, tienen vivo su idioma, sus danzas, sus atuendos; y sus costumbres y creencias han ido evolucionando de modo que pueden participar de las oportunidades de la vida moderna, sin dejar de ser lo que fueron, lo que siguen siendo en ese marco multicultural que son Bolivia y todos los pueblos andinos. Visitar la Chiquitania muestra a los visitantes que Beethoven y los taquiraris, o la silueta del jaguar y los arpegios de una cítara, pueden entenderse, coexistir y transubstanciarse. Eso han hecho los chiquitanos y por eso hay que aplaudirlos e imitarlos.

Por Mario Vargas Llosa

Reproducimos la entrevista al nuevo obispo auxiliar del Vicariato de Reyes, Waldo Barrionuevo, difundida desde la Oficina de Comunicación de los Redentoristas.

Lo conocemos y sabemos su discreción, pero cuál fue la sensación que se experimenta cuando usted recibió el nombramiento como obispo?

Al momento de conocer la nominación como obispo auxiliar del Vicariato de Reyes, me entró una gran duda de si sería capaz de responder satisfactoriamente a esta llamada de Dios. Humanamente parecía que no, pero una vez delante del Santísimo Sacramento, uno va tomando conciencia que Dios actúa de manera misteriosa y no queda otra que aceptar sus palabras: “cuando eras joven, tú mismo te vestías y andabas donde querías; cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te atará y te llevará a donde no quieras.” (Jn. 21,18) Pero no es solo aceptar, Él mismo nos hace comprender que estará allí, con “su pueblo”, y la aceptación viene de forma más natural.

Usted conoce bien dónde está el Vicariato que servirá como obispo. ¿Podría compartir con nosotros acerca de de este lugar?

El Vicariato de Reyes es una grande extensión de territorio. Allá comienza la región amazónica de Bolivia. Con una diversidad de habitantes, que en los últimos años cambió la fisonomía del lugar: indígenas, ganaderos, colonizadores. Se puede decir que la gente que vive en la zona procede de casi todas las partes de Bolivia. Esa es una riqueza y un desafío a la vez, porque muchas veces hay la tentación de fijarse en las cosas que diferencian, en vez de ver las cosas que unen.

Actualmente las lluvias y las crecidas de los ríos dejaron muchas comunidades inundadas, y/o con grandes pérdidas económicas. Ojalá que no se pierda la esperanza también. Porque tarde o temprano las calamidades terminan, y en épocas de tranquilidad tendríamos que prepararnos mejor para afrontar las dificultades que vendrán.

Un misionero redentorista que se convierte en obispo. ¿Cómo es esto  para usted?

La comunidad Redentorista de Bolivia, asumiendo el mandato del Pontífice para apoyar esta Iglesia local, anuncia al Redentor vivo y actuante a lo largo y ancho de la región.

Ser el obispo en esta situación, aunque sea obispo auxiliar, se ve como una tarea verdaderamente misionera, al estilo redentorista: evangelizar y ser evangelizado por la gente con quien se trabaja. Contagiar entusiasmo es la tarea más difícil; pero contar con la intercesión benevolente de la Madre del Perpetuo socorro da el coraje para seguir adelante.

En fin, las dudas no serán nunca clarificadas del todo. Se necesita la fe para aceptarlas. Y comenzar agradeciendo a Dios por lo que normalmente olvidamos agradecer, es un paso que debe hacer surgir algo nuevo.  Que el Espíritu Santo sea quien aconseje y comande  para combinar y descubrir las cosas buenas que puede surgir al ser Obispo y proceder de la familia misionera Redentorista.

Siendo la Villa Imperial de Potosí una ciudad enteramente católica, nacida sobre cimientos de la cristiandad con la cruz, la biblia y el lenguaje español, quedó enmarcada dentro las reglas y calendario de la Iglesia Católica, razón ésta por la cual, ha sido y sigue siendo respetuosa de los acontecimientos festivos de orden religioso; tal es así que la “Semana Santa” se constituye en una de las celebraciones más importantes que practica la población potosina.

“Semana Santa” que antes de ahora o en el periodo de la colonia, ya fue considerada como una de las más importantes con significado fundamental para la Iglesia Cristiana, por conmemorarse los grandes misterios de la religión: “la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo”, simbolizando la culminación de la misión de Cristo sobre la Tierra, la entrega de su cuerpo y su sangre para la salvación de los hombres y su gloriosa resurrección.

Según el año litúrgico, “la Semana Santa se halla precedida por la Cuaresma que recuerda los cuarenta días de ayuno de Jesucristo en el desierto”.

Todo ello fue puesto en conocimiento a los indígenas y a todos cuantos avecindáronse en Potosí por todo el periodo de la colonia, habiendo sido los frailes franciscanos y los dominicos los primeros en hacer saber el significado de la “Semana Santa” que, en algunas ocasiones y con el arribo de otras Órdenes Religiosas, tomó el nombre de “Semana Mayor”, cuya celebración se la efectuaba con diversos actos religiosos al interior de cada templo parroquial, para cuyo propósito, convocábase a toda la gente, con el sonido de las matracas manejadas por los monaguillos en recorrido por una y otra arteria circundante a la parroquia, mientras las campanas de las iglesias quedábanse en silencio, por obediencia de la Bula Papal dispuesta por el Jefe de la Iglesia Católica Silvestre II.
Fue a partir del año 1680 cuando se presentó por vez primera en Potosí un “Vía Crucis” organizado y protagonizado por conventuales de San Antonio de Pádua y cuatro novicias del monasterio de Las Recogidas que personificaban a María la madre de Jesús, María Magdalena, María Salomé y Serafia Verónica, la mujer que limpió el rostro de Jesús camino al Calvario.

Ese año del que se refiere, todos los habitantes de Potosí participaron del Vía Crucis, camino formado con diversas estaciones en memoria de los pasos que dio el Redentor al subir al Gólgota (lugar de la calavera); entonces las calles estrechas entre el templo de San Antonio de Pádua (San Francisco) y la capilla del Calvario en la parte alta de la ciudad, estuvieron colmadas de mucha gente perteneciente a una y otra parroquia de la ciudad, entremezclándose españoles, portugueses e indios, junto a frailes jesuitas, agustinos, mercedarios y benedictinos. Esta clase de representaciones, fue repitiéndose año tras año hasta 1698, cuando se dio paso a la primera procesión del Santo Sepulcro con la imagen religiosa que venerábase en el templo de San Bernardo.

35 años después, la procesión de “Viernes Santo” fue organizada por los frailes franciscanos, a solicitud de la 0rden Religiosa de San Agustín. Fue entonces cuando salió en procesión de Semana Santa el Cristo Señor de la Vera Cruz, haciendo su recorrido por las parroquias de San Juan, San Martín y la iglesia mayor.

Este Cristo se constituyó en figura central de “Viernes Santo” de todos los años hasta 1740 en que la comunidad religiosa de los jesuitas tomó a su cargo el organizar la referida procesión sin la presencia del Cristo de La Vera Cruz; sí más bien con la escultura del Cristo Yacente que poseía el templo jesuita. Imagen religiosa que recorría por las céntricas callejas de la ciudad, acompañada de la Virgen “La Dolorosa” que hoy se venera en el templo de Copacabana de Potosí.

Obviamente, la “Semana Santa” –como ocurre actualmente- empezaba el “Domingo de Ramos” que conmemora y simboliza la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, montado en un pollino (burro pequeño), recibido con palmas y aclamado como el “Salvador”. Esta rememoración tenía su punto aparte con la venta de palmas que se traía de tierras cinteñas y chicheñas, para ser ofrecidas en la calle destinada al trueque de la palma con un trozo de sal. Este intercambio se lo hacía en la arteria denominada “Las Palmas”, actualmente conocida como final de calle Sucre.

Periodo Republicano

Luego del Grito Libertario Potosino en 1810, las procesiones del “Santo Sepulcro”, dejaron de tener la solemnidad que se ofrecía en años anteriores, aún de que la población potosina, -- entrañablemente católica y arraigada con las manifestaciones religiosas del pasado-, respetaba las tradiciones del ayer, participando de los actos litúrgicos que se realizaban en uno y otro templo católico; con excepción de la iglesia matriz que hallábase en construcción y los templos de Nuestra Señora de Belén y el de la Misericordia, los que fueron cerrados y destruidos físicamente; sabiendo que, con los materiales de aquellos escombros se levantaron barricadas en calles y plazoletas de la ciudad. Recordando asimismo que el templo de la Compañía de Jesús, se constituyó en “iglesia mayor” entre 1808 a 1838, cuando fueron terminadas las obras y consiguiente consagración de la actual catedral potosina.

A partir de 1829 tuvieron mayor relevancia los actos religiosos programados para Semana Santa, pese a que ya no se contaba con aquellas Ordenes Religiosas de los jesuitas, dominicos, agustinos, betlemitas y mercedarios, siendo los sacerdotes seculares los que tomaron a su cargo los actos religiosos de Semana Santa; entonces la procesión del Santo Sepulcro salía de la iglesia de Copacabana, para años después, ser el templo de San Martín, el centro generador por la procesión de “Viernes Santo”.
Así como en el pasado y antes de contarse con otras sectas religiosas, la población potosina celebraba la Semana Santa con todo respeto, tal como ocurre en la actualidad con el rezo de la “setena” (rezo del Santo Rosario por siete días continuados), más la participación en cada uno de los actos litúrgicos empezando el “Domingo de Ramos” con la presencia de palmas sueltas y trenzadas que se comercializan en el atrio de los templos católicos, para luego recibir la bendición en acto eucarístico. Dichas palmas, después de recibir el agua bendita, generalmente son colocadas tras la puerta de la casa, con la creencia de que éstas, evitan el ingreso del demonio.

El “Jueves Santo” es uno de los días más solemnes en que se recuerda otras escenas de Jesucristo antes de su muerte, como es la última cena y la pasión en Getsemaní. Al anochecer de este día, los feligreses concurren a las iglesias para celebrar la cena del Señor, el lavatorio de los pies, traslado del Santísimo al Monumento y su adoración, tomando en cuenta que en cada templo se arman artísticos y costosos “monumentos” dedicados a Jesucristo con la muestra del sagrario divino; ocasión donde los fieles católicos visitan las llamadas “Estaciones” en número de quince, cumpliendo los quince misterios del Santo Rosario.

Este día es de guardar respeto a la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, entonces las familias cristianas, ayunan, comulgan y siguen la lectura de la Biblia.
El “Viernes Santo” es un día de entero recogimiento espiritual con el rezo de las “tres horas de agonía de Jesús y su muerte”, para luego efectuarse la adoración de la cruz al promediar las tres de la tarde, hora en que se supone murió Jesús clavado en la cruz. Luego a Hrs. 16,oo se inicia la procesión del Santo Sepulcro que se origina en el templo de San Martín para hacer un recorrido prolongado por diferentes arterias del centro histórico de Potosí, retornando al mismo templo en horas de la noche. Procesión que representa el traslado del cuerpo de Cristo una vez que fue bajado de la cruz en el Calvario para llevarlo al sepulcro.

Esta es la procesión más concurrida de todas aquellas otras que tienen lugar en la ciudad, cuyos acompañantes –hombres y mujeres- generalmente visten de negro. Delante de la procesión aparece la imagen religiosa de San Juan, uno de los apóstoles que estuvo presente en la crucifixión de Cristo. A pocos metros es llevado en andas el Santo Sepulcro con el Cristo Yacente. Casi al final aparece toda vestida de negro, guardando el dolor y luto por su hijo, la imagen de la Virgen Dolorosa que representa a la madre de Jesús.

El “Sábado Santo” es un día de luto y oración; no existen misas sino hasta la vigilia pascual que espera la resurrección de Jesús. Este día existe una singular costumbre en Potosí, cuando las amas de casa y toda la familia, se dedican a realizar limpieza total de la casa, con la idea de que se debe esperar al “Domingo de Gloria” con todo limpio y libre de basuras. Asimismo se asiste al templo de cada parroquia para participar de la ceremonia del encendido del “Cirio Pascual” que generalmente se efectúa en horas de la noche, más la bendición del agua, el pan y ciertos comestibles que son llevados por la gente creyente.

Antes de la media noche, hay repique de campanas, cuando días atrás sólo se escuchaban sonidos de las tradicionales “matracas” (costumbre que viene de siglos pasados), manteniéndose esta tradición hasta la fecha. Luego se anuncia la “Resurrección del Señor”, momento en que se vierte aromas de incienso.
“Domingo de Pascua” es día de alegría por la gloriosa “Resurrección de Jesucristo” con celebraciones eucarísticas en los templos católicos de la ciudad donde los sacerdotes se visten con casullas bordadas con hilos de oro y plata. Es un día de fiesta y regocijo porque ¡¡EL SEÑOR RESUCITÓ, ALELUYA..!!, con lo que finaliza la Semana Santa.

Culinaria potosina de Semana Santa

La ciudad de Potosí, es la única en todo el país que conserva o mantiene aquellas tradiciones en culinaria por cada época festiva del año, tal como ocurre en Semana Santa, donde la mayor parte de su población se abstiene de comer carne roja, como una forma de respeto a la muerte de Jesucristo.

Existen personas que, durante los días jueves, viernes y sábado santo, realizan un ayuno voluntario, cuando esta clase de abstinencia -durante la colonia- se lo hacía por toda la Semana Santa, aceptándose platos o preparados a base de carne de mar, traducida en atún, salmón, sardina, congrio, bacalao, dorado, camarones, mariscos, pulpo, etc. Carne blanca que se comercializaba en la antes denominada “plaza del pescado”, actual mercado “Vicuñas”.

Hoy en día sigue aquella costumbre, aún de no ser tan estricta como en el pasado. En este caso, la gente católica prepara y sirve doce platos tradicionales de Semana Santa por los doce apóstoles de Jesús que compartieron en la última cena.

Esos doce platillos se traducen en: 1) Sopa de huevos de gallina o sopa de camarones.- 2) Locro de calabazas.- 3) Ají de sardinas.- 4) Tomatada de bacalao.- 5) Humintas de choclo fresco, sea de ají o de azúcar.- 6) Asado de pescado .- 7) Ají de salmón.- 8) Bocadillos de zanahoria.- 9) Bocadillos de arroz.- 10) Bocadillos de cebolla verde.- 11) Tortilla de garbanzos.- 12) Arroz con leche. (Este último platillo se constituye en el postre de toda aquella merienda).

Finalmente se acostumbra invitar a la mesa de “Jueves Santo”, a familiares y otras personas que puedan compartir de los doce platillos de la culinaria potosina, no sin antes servirse una copita de vino dulce que representa la sangre de Jesucristo.
Igualmente es costumbre en familias potosinas, servirse en días de Semana Santa, un exquisito desayuno acompañado con pan dulce que lleva al agradable ajenjo.


por: Wálter Zavala Ayllón - Socio de Número de la Sociedad Geográfica y de Historia “Potosí”

(Caracas) El Santo Padre envió un mensaje al Presidente de Venezuela, junto a todos los miembros del Gobierno de la República Bolivariana, a los Representantes de la Mesa de Unidad Democrática y a los Cancilleres del UNASUR que leyó el jueves 10 de abril el Nuncio Apostólico en este país, Monseñor Aldo Giordano.

El Papa agradece la invitación dirigida a la Santa Sede para participar en el proceso de diálogo y paz en este país y les asegura, ante todo, sus oraciones, para que el encuentro y el proceso que están iniciando produzcan los frutos deseados de reconciliación nacional y de paz.

Francisco manifiesta su preocupación por lo que está sucediendo y renueva su afecto por todos los venezolanos, en particular por las víctimas de la violencia y por sus familias. Al mismo tiempo, el Pontífice afirma que está “plenamente convencido de que la violencia nunca podrá traer paz y bienestar a un país, ya que ella genera siempre y sólo violencia”. Por esta razón, antes de impartirles su Bendición Apostólica, el Santo Padre los invita “a que no se detengan en la coyuntura de lo conflictivo, sino a que se abran unos a otros para hacerse y ser auténticos constructores de paz”.

“Por el bien de todo el pueblo y por el futuro de sus hijos – escribe el Obispo de Roma – les pido que tengan este coraje”, mientras invoca la ayuda del Señor.


MP3 Inició, efectivamente, este jueves en Venezuela el proceso de diálogo entre el gobierno y la oposición para la pacificación del país, tras los hechos de violencia y las protestas que se han producido desde el pasado 12 de febrero y que hasta hoy han ocasionado unos 40 muertos y cientos de heridos. La primera reunión estuvo marcada por acusaciones y peticiones que fueron desde una amnistía para los detenidos, a soluciones a los problemas económicos y un rechazo explícito a la violencia. El encuentro contó con la mediación de tres cancilleres de la Unión de Naciones Suramericanas y el nuncio en Caracas, Mons. Aldo Giordano, que leyó un mensaje del Santo Padre Francisco.

El Papa señala que “la violencia nunca podrá traer paz y bienestar a un País, ya que ella genera siempre y sólo violencia”. Y que al contrario, por medio del diálogo puede superarse el momento actual de conflicto y polarización que hiere tan profundamente Venezuela. Para ello, explica el Pontífice es necesario “el respeto en el reconocimiento de las diferencias que existen entre las Partes” y buscar los puntos en común: “Todos ustedes, en efecto, comparten el amor por su País y por su pueblo, como también las graves preocupaciones ligadas a la crisis económica, a la violencia y a la criminalidad”. “Todos ustedes llevan en el corazón el futuro de sus hijos, el deseo de paz. Todos tienen en común la fe en Dios y la voluntad de defender la dignidad de la persona humana”.

En el contexto de este diálogo y de esta auténtica cultura del encuentro, Francisco invita al gobierno y a la oposición, a que “no se detengan en la coyuntura de lo conflictivo, sino a que se abran unos a otros para ser auténticos constructores de paz”. En el centro de un “sincero diálogo” -dice- está, ante todo, el reconocimiento y el respeto por el otro y sobre todo está el "heroísmo del perdón y de la misericordia”, que nos rescatan del resentimiento, del odio y abren un camino realmente nuevo”. Un “camino largo y difícil”, que requiere paciencia y valentía, pero es el único que puede conducir a la paz y a la justicia”.

Texto del mensaje del Papa Francisco:

Al Excelentísimo Presidente Nicolás Maduro Moros,
a los Honorables miembros del Gobierno
de la República Bolivariana de Venezuela,
a los Honorables Representantes de la Mesa de Unidad Democrática
y a los Honorables Cancilleres del UNASUR

Deseo ante todo darles las gracias por la invitación que han dirigido a la Santa Sede para participar en el proceso de diálogo y paz por su querido País. A cada uno de ustedes deseo asegurarles, ante todo, mis oraciones, para que el encuentro y el proceso que están iniciando produzcan los frutos deseados de reconciliación nacional y de paz, dones que invocamos de Dios para todo el pueblo venezolano.

Soy consciente de la inquietud y del dolor vividos por tantas personas y, mientras manifiesto preocupación por cuánto está ocurriendo, renuevo mi afecto por todos los venezolanos, en particular por las víctimas de la violencia y por sus familias. Estoy plenamente convencido de que la violencia nunca podrá traer paz y bienestar a un País, ya que ella genera siempre y sólo violencia. Al contrario, por medio del diálogo ustedes pueden redescubrir la base común y compartida que conduce a superar el momento actual de conflicto y polarización que hiere tan profundamente Venezuela, para encontrar formas de colaboración. En el respeto y en el reconocimiento de las diferencias que existen entre las Partes, se favorecerá el bien común. Todos ustedes, en efecto, comparten el amor por su País y por su pueblo, como también las graves preocupaciones ligadas a la crisis económica, a la violencia y a la criminalidad. Todos ustedes llevan en el corazón el futuro de sus hijos y el deseo de paz que caracteriza a los venezolanos. Todos tienen en común la fe en Dios y la voluntad de defender la dignidad de la persona humana.

Precisamente esto les aúna y les apremia a emprender el diálogo que hoy inicia, en cuya base debe estar una auténtica cultura del encuentro, que sea consciente de que la unidad siempre prevalece sobre el conflicto. Les invito, pues, a que no se detengan en la coyuntura de lo conflictivo, sino a que se abran unos a otros para hacerse y ser auténticos constructores de paz. En el centro de cada diálogo sincero está, ante todo, el reconocimiento y el respeto por el otro. Sobre todo está el "heroísmo" del perdón y de la misericordia, que nos rescatan del resentimiento, del odio y abren un camino realmente nuevo. Se trata de un camino largo y difícil, que requiere paciencia y valentía, pero es el único que puede conducir a la paz y a la justicia. Por el bien de todo el pueblo y por el futuro de sus hijos, les pido que tengan este coraje.

Con estos sentimientos acompaño a toda la querida Nación venezolana, y a cada uno le imparto de corazón la Bendición Apostólica, invocando la ayuda del Señor.

Vaticano, 10 de abril de 2014, segundo de mi Pontificado.

FRANCISCUS

Alemania.- La Oficina de Prensa de la Santa Sede ha emitido hoy el siguiente comunicado:

Con referencia a la administración de la diócesis de Limburg, en Alemania, la Congregación para los Obispos ha estudiado con atención el informe de la comisión instituida por el obispo y por el capítulo de la catedral para llevar a cabo una profunda investigación de las responsabilidades acerca de la construcción del centro diocesano “St. Nikolaus”.

Dado que en la diócesis de Limburg se ha creado una situación que impide un ejercicio fecundo del ministerio por parte de monseñor Franz-Peter Tebartz van Elst, la Santa Sede ha aceptado la dimisión presentada por dicho prelado el 20 de octubre de 2013 y ha nombrado un administrador apostólico 'sede vacante' en la persona del obispo Manfred Grothe”.

El obispo dimisionario, monseñor Tebartz van Elst, recibirá en tiempo oportuno otro destino”.

El Santo Padre pide al clero y a los fieles de la diócesis de Limburg que acojan la decisión de la Santa Sede con docilidad y que se esfuercen para volver a encontrar un clima de caridad y reconciliación”.

 

(CNNMéxico) — El papa Francisco aceptó la renuncia de un obispo alemán que está bajo investigación por gastar 42 millones de dólares en la remodelación de su casa, informó este miércoles el Vaticano en un comunicado.

El obispo Franz-Peter Tebartz-van Elst es conocido en medios locales como el obispo bling (obispo del lujo) por su estilo de vida extravagante.

La Santa Sede lo suspendió en octubre de 2013 y le ordenó mantenerse fuera de su diócesis, Limburgo, mientras se llevaba a cabo la investigación. El 20 de ese mismo mes, el obispo presentó su renuncia.

El papa nombró a Manfred Grothe como administrador de la diócesis y eventualmente Tebartz-van Elst recibirá otra tarea, informó el Vaticano.

Tebartz-van Elst, conservador, ha dicho que los costos de la renovación son legítimos porque las estructuras deben ser protegidas, incluida la vieja muralla de la ciudad.

La polémica que generó este caso en Alemania motivó a que la canciller Angela Merkel se pronunciara al respecto, al calificar al obispo como una "gran carga" para los católicos. 

Desde que tomó el liderazgo de la Iglesia católica, el papa Francisco ha pedido a líderes católicos, políticos y a empresarios poner más atención a los pobres del mundo.

Tras ser elegido como el máximo líder católico, hace más de un año, Francisco dijo que buscaba una "Iglesia para los pobres".

En su primera exhortación apostólica, Evangelii Gaudiumpidió una "Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a sus propias seguridades".

 

Se hicieron esperar pero llegaron; en la fiesta de la Encarnación la iglesia paceña amanece con la gran noticia de que el Papa Francisco regala dos nuevos obispos auxiliares a la Arquidiócesis de La Paz: un Franciscano y un Dominico que llegan desde el oriente boliviano para ayudar en el gobierno pastoral al arzobispo Edmundo Abastoflor.

-Padre Aurelio Pesoa Ribera O.F.M., y Padre Jorge Ángel Saldías Pedraza, O.P, como obispos auxiliares de La Paz

 

El Padre Aurelio Pesoa Ribera, O.F.M., nació en Concepción (Bolivia) en 1962 y fue ordenado sacerdote en 1989. Ha estudiado Teología y es licenciado en Teología dogmática. Durante su ministerio pastoral ha sido entre otras cosas: Maestro de profesores temporales de Filosofía-Teología, vicario, docente de Eclesiología y Antropología teológica, definidor provincial, guardián y maestro de los profesores temporales del bienio de Filosofía, presidente del Tribunal Eclesiástico, y desde 2011 Ministro provincial de la Provincia “San Antonio”.

El Padre Jorge Ángel Saldías Pedraza, O.P., nació en Buena Vista-La Arboleda, (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia) en 1968 y fue ordenado sacerdote en 2001. Durante su ministerio pastoral ha sido entre otras cosas: vicario parroquial, párroco, rector, miembro del consejo Presbiteral y vicario provincial. Actualmente es párroco y rector de la Comunidad del Santuario Archidiocesano de “Nuestra Señora de Cotoca” en Santa Cruz de la Sierra, párroco de la parroquia “Nuestra Señora de la Candelaria” de Paurito, Vicario episcopal de la Vicaria de Cotoca y Juez del Tribunal eclesiástico metropolitano de la archidiócesis de Santa Cruz de la Sierra.

Datos de la Arquidiócesis de La Paz

superficie: 10.975;

población: 1.031.525;

católicos: 825.220;

sacerdotes: 161;

religiosos: 472;

diáconos permanentes: 1

https://fbcdn-sphotos-d-a.akamaihd.net/hphotos-ak-frc1/t1.0-9/1970795_691220447583849_2089392187_n.jpg

Gracias a las hermanas Rosarias del Norte de Italia, podemos ofrecerles algunas fotografías de la recuperación de Mons. Tito Solari que se encuentra en Italia.

Mons. Solari se encontraba viajando en Europa cuando por un malestar tuvo que ser hospitalizado en Madrid - España y según hizo conocer el arzobispado de Cochabamba, Mons. Solari se traslado a Gemona, al norte de Italia donde está guardando reposo.

Estas fotografías fueron realizadas durante la semana pasada. Mientras tanto en Bolivia como en tantos otros lugares continuamos rezando por la salud de Mons. Solari.


 

En esta foto podemos ver a Mons. Tito Solari Capellari recibiendo la visita del obispo Luis Infanti.
Luis Infanti, es un obispo del sur de Chile, es originario de Udine-Italia , y trabajó en Comisión Comunicación Cochabamba en los años 90, y luego fue destinado a Chile donde lo hicieron Obispo.

https://scontent-a-mxp.xx.fbcdn.net/hphotos-prn1/t1.0-9/1966750_489475617841763_1811820297_n.jpg

 


 En esta foto vemos a Mons. Tito Solari Capellari que recibe la visita del sacerdote Alan Gueyman que es un sacerdote cochabambino, incardinado en la diócesis de Gemona desde hace algunos años


 En esta foto vemos a Mons. Tito Solari Capellari celebrando la misa con en la Capilla de la comunidad de las Hermanas Rosarias

Foto: In preghiera!


 

amigos que trabajaron en Bolivia junto a Mons. Solari

 

Cochabamba. Al parecer las noticias sobre la salud de Mons. Tito Solari son más graves de lo que se había informado hasta el momento, luego que después de su internación en un hospital de la capital madrileña, el Arzobispo de Cochabamba se ha sometido a una serie de examenes que podrían dar como resulado la presencia de un cáncer en el páncreas. Así lo ha hecho saber Mons. Roberto Flock, obispo auxiliar de Cochabamba y Vicario General de la Arquidiócesis de Cochabamba, aunque hasta el momento aún no hay un comunicado oficial ni un parte médico que se haya dado a conocer.

Mientras tanto, el Obispo Auxiliar de Cochabamba, Mons. Flock, decidió dar esta preocupante noticia a través de su perfil de Facebook; publicando en la mañana de este 4 de marzo: “Después de conversar con Mons. Tito vía Skype esta mañana, puedo informar que se trata de una situación preocupante. Se ha detectado un cáncer en el páncreas. Los análisis que se realizan hoy quieren determinar si afecta también el duodeno; en tal caso se prevea un curso de quimioterapia; si no afecta otros órganos habrá cirugía para sacarlo En ambos casos se supone que permanecerá en Europa, posiblemente continuando los tratamientos en Italia, una vez que pueda viajar.

Seguimos elevando nuestras oraciones por su salud y bienestar.
”.

El Arzobispo Tito Solari se encontraba realizando un viaje junto al P. Galo encargado de la pastoral social de la Arquidiócesis de Cochabamba. Mons. Solari este próximo 2 de septiembre, al cumplir los 75 años, presentará su renuncia como arzobispo de Cochabamba ante el Papa Francisco.

 

Página 1 de 20

Buscador de Infodecom

Twitter