Jueves, 08 Diciembre 2016

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El día domingo 4 de septiembre, en la localidad de Buen Retiro, al sureste del municipio de San Carlos (Provincia Ichilo) tuvo lugar la fiesta del Divino Niño que este año ha tenido unos realces especiales. Todas
ellas han dado mayor pujanza a las actividades espirituales programadas alrededor de la conocida imagen del “Divino Niño”, que con sus bracitos abiertos acoge bondadosamente a todos los peregrinos que acuden
con fe.

Esta devoción surgió hace 18 años atrás por la iniciativa de la religiosa Fanny Tapia y la comunidad de las Hijas de los Sagrados Corazones. En el presente año lectivo ha tenido elementos de fuerza que le han dado
mayor realización, en ese alejado lugar a 140 Km. de Santa Cruz.


El clima este año ha sido inclemente. Los peregrinos se han visto envueltos en un viento frío, acompañado por bajas temperaturas que les ha obligado a ponerse chompas, chamarras, chalinas y abrigos. Sin embargo aumentó el fervor: el ¡fervor popular! El número de fieles aumentó más que nunca. La tarde del sábado 3 de Septiembre, toda la noche y el domingo filas y filas de personas rindieron pleitesía al “pequeño Niño”,
Dios y Señor de la vida. Los medios de comunicación, que entrevistaron en rueda de prensa le dieron mucha difusión. Llegaban con sus movilidades, o con buses, con motos o con otros medios. Pero muchos
prefirieron salir a pie de San Carlos, y recorrer los 13 km de carretera para alcanzar, tras cuatro horas de buen camino, la imagen del Divino Infante. La tradicional peregrinación nocturna que sale desde la plaza principal de San Carlos, tras una larga verbena ofrecida por la Honorable Alcaldía Municipal, este año se ha duplicado en número y los 2.500 peregrinos fueron animados por el grupo juvenil dirigido por el joven Sacerdote Diego Villalobos, que ha lanzado por esa carretera sus potentes invocaciones al Divino Niño, coreadas continuamente por la multitud, que caminaba devota en la fría noche septembrina.


Al llegar al Templo de Buen Retiro, lo que impacta al peregrino es la “Puerta Santa” de la Misericordia. Estaba bien adornada, enriquecida por flores, columnas, donde realza el entallado de la imagen del Divino Niño y del Buen Pastor grabadas expresamente para dar el debido realce al año jubilar.


Las siete Santas Misas que se van alternando a lo largo de la jornada, empiezan a la hrs. 4,00 a.m. con la más concurrida misa de los peregrinos. Los 5.000 fieles de la noche son los más devotos y no pueden perderse esa Misa que para ellos tiene un sentido especial, pues están convencidos que el “Niño” los escucha con mayor atención en la madrugada.


La misa principal presidida por el P. Provincial, P. Javier Ortiz ha sido solemnizada por el conocido coro de “Los Sembradores”, que tiene un largo recorrido de funciones religiosas amenizadas por las atractivas voces de las soprano y contralto, alternada por los tonos de los tenores y barítonos, todos acompañados por los suaves sonidos de las guitarras y flautas.


La procesión del Divino Niño, que se realiza después de la Misa principal, este año ha tenido un recorrido todo especial, puesto que se ha estrenado el puente que une los dos predios de la propiedad destinada a
la construcción del nuevo templo. Un total de unos 52.000 metros cuadrados de terreno, están preparados ya con relleno de miles de metros cúbicos de arena, para recibir la nueva construcción, adornada por todo un gran recorrido de calles internas, hábilmente planificadas por la Empresa Kefer, responsable de toda la futura construcción del templo.


Hecho un recorrido por la parte externa del nuevo templo en reciente construcción, la procesión, presidida por el celebrante principal, se detuvo con todos los miles de fieles, delante del futuro altar. Desde allí resonó la voz de p. Javier, ampliada por potentes bocinas. “Desde este lugar donde estará en futuro la estatua del Divino Niño, alentamos a la devoción profunda, para que nuestros niños actuales aprendan a invocar al Divino Niño, que los hará adultos responsables para una patria mejor.”


Las oraciones y los cantos animaron a la población que no terminaba de sacar foto a todos los rincones de ese lugar que mostraba la escueta estructura de las columnas futuras construidas encima de los 69 pilotes
ya puestos debajo del suelo, base de cada columna del futuro templo. La banda, los mariachis, los grupos folklóricos, se entremezclaron con los fieles y alternando, según previsto, su programa de cantos y danzas que alegraron sobremanera la tradicional fiesta del Divino Niño en Buen Retiro.


¡Que las bendiciones del cielos desciendan sobrecuantos acuden con fe!

P. Carlos Longo
Párroco del templo Divino Niño

Los obispos de Bolivia reunidos en Retiro Espiritual en Cochabamba, expresan su dolor e indignación por la violencia entre la policía y los mineros dejando hasta ahora dos mineros fallecidos.

 

A continuación el comunicado de los obispos reunidos en Cochababa donde realizan su retiro espiritual dirigido por el Cardenal Ezzati, arzobispo de Santiago de Chile.

 

Luto en Bolivia

“Dios no olvida el clamor de los afligidos” (Cfr. Salmo 9,12)

Los Obispos de Bolivia, reunidos en retiro espiritual, pero atentos a la realidad del mundo y de nuestro país, expresamos nuestro sentido pésame por las víctimas del terremoto que azotó Italia y, unidos con el Papa Francisco, ofrecemos nuestras plegarias por los familiares y los heridos en la catástrofe.

Asimismo expresamos nuestro dolor e indignación por los violentos enfrentamientos entre mineros cooperativistas y policía boliviana que, en la víspera, de acuerdo con las versiones de FENCOMIN y los medios de comunicación, han costado la vida de los mineros Fermín Mamani Aspeti y Severino Ichota y han dejado un número considerable de heridos en ambos sectores, en la carretera Oruro-Cochabamba.

Lamentamos profundamente que este conflicto, que ya lleva tiempo sin solución, haya crecido hasta desembocar en los hechos dramáticos que hoy enlutan al país. La violencia nunca lleva a soluciones verdaderas y duraderas y, por el contrario, es  fuente de dolor y muerte, como en el presente conflicto.

Una vez más como Iglesia, defensora de la vida, condenamos vehementemente la violencia, venga de donde venga. Urge de parte de todos optar por el diálogo que, para que sea verdadero, necesita sinceridad y honestidad, único camino  responsable y efectivo para solucionar nuestros problemas.

Especial responsabilidad tienen las autoridades nacionales y regionales, pues son los llamados a velar por un estado de derecho que garantice la vida y los derechos fundamentales de las personas.

En nombre de Dios, exigimos a ambas partes deponer actitudes de confrontación y extremar todos los recursos para instalar un diálogo responsable a la brevedad posible.

Expresamos nuestra cercanía y solidaridad con los familiares de las víctimas, a ellos les aseguramos nuestras oraciones al Dios de la Vida por el eterno descanso de los fallecidos, el pronto restablecimiento de los heridos de ambas partes y para que el Señor consuele a sus seres queridos.

Los Obispos de Bolivia

Cochabamba, 25 de agosto de 2016

Los dos terroristas que han degollado este martes a un sacerdote durante una toma de rehenes en una iglesia del norte de Francia y han dejado en estado crítico a otra víctima, gritaron su pertenencia al grupo terrorista Estado Islámico (ISIS en sus siglas en inglés), según ha informado el presidente francés Francois Hollande. Tras una hora de reclusión, la policía francesa ha matado a los dos secuestradores que irrumpieron en el templo armados con cuchillos. El Estado Islámico "nos ha declarado la guerra", ha advertido Hollande, quien ha alertado de que "la amenaza sigue siendo muy elevada". El presidente ha hecho un llamamiento a la unidad, en un mensaje dirigido a "todos los franceses".

 

El párroco fallecido se llamaba Jacques Hamel y tenía 84 años, según ha informado el arzobispo de Rouen, Dominique Lebrum. El portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, ha declarado que el papa Francisco ha sido informado y siente “dolor y horror” por “esta violencia absurda”.

Hollande se ha desplazado a la localidad de Saint-Etienne-du-Rouvray —una localidad rural cerca de Rouen, la capital de Normandía— junto al ministro del Interior, Bernard Cazeneuve. El mandatario ha hablado abiertamente de "atentado" y ha explicado que fue cometido "por dos terroristas que decían ser de DAESH".

Según el diario Le Parisien, los dos asaltantes llegaron a la iglesia de Saint Etienne du Rouvray poco antes de las diez. Entraron por la puerta trasera durante la misa y a continuación cerraron la puerta. Una vez allí, retuvieron durante cerca de una hora al párroco, dos monjas y dos fieles. Una tercera monja logró escapar y avisar a las autoridades.

La policía abatió a los secuestradores cuando salieron al atrio de la iglesia. “Por supuesto, es un drama para la comunidad católica, cristiana, una situación dramática , a la que nos enfrentamos de nuevo menos de dos semanas después de la tragedia de Niza”, ha declarado Pierre-Henry Brandet, portavoz del Ministerio del Interior. Según fuentes policiales citadas por Le Figaro, uno de los asaltantes llevaba barba y portaba una chachia, un tipo de gorro que visten los musulmanes. Una fuente policial citada por la cadena BFMTV asegura que gritaron "Alá es grande" durante el asalto.

El Papa, según el portavoz de la Santa Sede, ha expresado “la condena más absoluta de toda forma de odio y reza por las personas agredidas”. Según Lombardi, Jorge Mario Bergoglio y sus colaboradores están especialmente consternados porque “el bárbaro asesinato del sacerdote y la agresión a los fieles” se ha producido “en una Iglesia, un lugar sagrado en el que se anuncia el amor de Dios”. El Vaticano ha expresado su cercanía a la Iglesia francesa, a la archidiócesis de Rouen y a todo el pueblo de Francia.

Este atentado ocurre en plena alerta antiterrorista en Francia, apenas doce días después del atentado yihadista de Niza. Unas 84 personas murieron en aquel ataque, reivindicado por el autodenominado Estado Islámico, (ISIS en sus siglas en inglés). Las iglesias son además uno de los objetivos considerados prioritarios por parte de los yihadistas. En abril de 2015, las autoridades ya desbarataron un proyecto de atentado contra una iglesia enVillejuif, en las afueras de París. El presunto aspirante a terrorista, el estudiante franco-argelino de 24 años Ahmed Ghlam, fue detenido antes de poder ejecutar su plan pero habría matado a una joven automovilista, Aurélie Châtelain, de 32 años, a la que habría intentado robar el coche durante la preparación de su ataque.

El monseñor Jesús Juárez calificó de "temerarias" e "insultos" las últimas afirmaciones del Gobierno en contra de la Iglesia Católica.

Monseñor Jesús Juárez, Arzobispo de Sucre, advirtió este jueves una “animadversión” y “resentimiento” de parte del Gobierno hacia esa institución religiosa, después de que el vicepresidente Álvaro García Linera pidió a las víctimas de violación, por parte de “algún funcionario de la Iglesia”, denunciar su caso.

“Yo no voy a entrar en el juego de las últimas declaraciones de personeros del Gobierno y no quiero echar leña al fuego, pero me pregunto ¿por qué esta animadversión y el resentimiento hacia la Iglesia Católica por parte de algunas autoridades del Gobierno?”, cuestionó Juárez.

El pasado lunes, García aprovechó una conferencia de prensa para solicitar a las personas o familias de niños o niñas, que hayan sido objeto de violación “por parte de algún funcionario de la Iglesia”, acercarse al Ministerio de Justicia para que en esa instancia relaten el posible hecho podrían haber sufrido, con el fin de que luego se haga la respectiva denuncia formal.

Sin embargo, ¿se habrá adoptado esa medida “porque (la Iglesia Católica) es una de las pocas instituciones que proclama los principios fundamentales de la democracia y que no se doblega?”, también se preguntó el Monseñor.

Presentamos las palabras que Mons. Eugenio Coter, Vicario Apostólico de Pando, pronunció durante el funeral de Mons. Ángel Gelmi, obispo auxiliar emérito de la Arquidiócesis de Cochabamba, que tuvo lugar en la Basílica de Gandino, su pueblo natal, el pasado lunes 20 de junio. La traducción es de Ariel Beramendi.

 

 

Trazar en pocas pinceladas la figura de Mons. Ángel Gelmi, es realmente un gran desafío no tano por la complejidad de la persona sino por la intensidad con la que vivió los años que el Señor le regaló.

Nació bajo la sombra de la guerra en abril de 1938, tuvo como cuna la pobreza y creció junto a su madre, hermanos y hermanas. Con solo 11 años quedó huérfano de padre, que falleció el 5 de diciembre de 1949, a esa edad entra al Patronato San Vicente que se transforma en su nueva familia hasta el punto que allí todos lo reconocen como un “hijo espiritual de Don Bepo”, que era el fundador.

 

Recién ordenado sacerdote, el 28 de junio de 1968, partió para Bolivia, llegando por primera vez a La Paz. Las montañas, que siempre amo y que eran parte de su vida desde que nació en Gandino, ahora en Bolivia eran más sinuosas y majestosas; y padre Ángel las recorre al derecho y al revés, las domina con sus brazos, piernas – y sobre todo – fuerza que Dios le había dado. Justamente allí él se encuentra a sí mismo y encuentra a Dios en la gente campesina que inmediatamente hace “los suyos”.

 

La pobreza en la que había crecido lo forja y le hace capaz de amar a los pobres soportando los límites de la pobreza (y tantas veces la miseria) suponen. Como los campesinos de las alturas le vimos dormir sobre la tierra, sobre cueros viejos de oveja y cubierto sólo con un poncho, tantas veces sentado en unos cuantos adobes o protegiéndose del viento detrás de un muro… allí, con una taza o un plato de lata él nos invitaba a terminar todo los que nos daba de comer para no ofender a quien compartía con nosotros lo poco que tenía. Tal vez debido a la experiencia de su niñez siempre fue disponible para ellos: con los pobres y en la pobreza se sintió siempre “en casa” y en “familia”.

 

Inspirado en la figura de don Bepo, de quien se sintió siempre acogido y amado, fue capaz de hacer sentir bien a los pobres con los que se cruzaba: su vestimenta, su casa y sus costumbres le hicieron sentir parte de ellos, incluso su Quechua era popular, les tocaba el corazón y se quedaban prendidos de sus palabras, bastaba mirar sus rostros cuando les hablaba.

 

Un sacerdote escribió un artículo titulado Angelo, il vescovo povero” (Ángel, el obispo pobre) recordando un encuentro de bergamascos en Bolivia en el que Mons. Gelmi relató que su decisión de vivir en las montañas fue provocada por los niños del camino que sube de Cochabamba a La Paz, ellos se contendían con los perros, los pedazos de pan que los pasajeros arrojaban desde las ventanillas del bus. Habían pasado más de 20 años desde ese entonces pero cuando lo contaba todavía se conmovía como la primera vez.

 

Recuerdo que en agosto de 1989, cuando yo mismo vi por primera vez esa escena, junto a dos jóvenes de Gandino, que lo visitaban, él quiso que les compráramos patatas, incluso con sobreprecio, pero no quería que les arrojáramos pedazos de pan porque eso no resolvía la pobreza y les quitaba la dignidad.

 

Con ese espíritu fue que sobre las montañas nacieron colegios, comedores, escuelas y centros pedagógicos, los caminos abiertos a pico y pala, los esfuerzos para llevar agua a los pueblos y a los cultivos. Pero no fueron solo obras materiales: Este amor nacía del amor a Dios, sabía que si el Señor no estaba en el corazón no se podría vencer la pobreza y no podría amar de verdad a los pobres: Ellos necesitaban pan y necesitaba de Dios. Por este motivo se comprometió en un trabajo intenso, sobre todo de formación con los catequistas, siempre recordaremos los grandes congresos rurales para Pascua y Navidad enfocadas en la formación, la espiritualidad y la celebración.

 

Para ellos escribió cancioneros en quechua y compuso tanta música para las celebraciones litúrgicas y los encuentros de oración. En los últimos tiempos de su vida en Cochabamba, cuando ya no tenía las condiciones físicas para una actividad tan frenética, se dedicó a traducir más de un centenar de artículos de catequesis que sirvieron como base para un manual de formación de catequistas de las zonas rurales.

 

Mientras viajaba por las montañas, por esos caminos sinuosos y peligrosos, su diversión era desgranar el rosario y luego cantar a las montañas que le recordaban sus raíces y lo transportaban a su infancia.

 

Era simple pero no banal, pobre pero no inculto, hombre de acción y reflexión, con un corazón grande para Dios y para las personas que se le confió como sacerdote y después como obispo.

 

Un día le pregunté cuál fue su reacción cuando lo nombraron obispo: él aclaró que non se quedaría en la ciudad detrás de un escritorio, aceptó de ser obispo por los caminos de las montañas, sintió que no podía excusarse por el amor que le tenía a la gente y por la fidelidad al Evangelio y a los dones de Dios. Era consiente que esta decisión le traerían sufrimientos y nuevos cansancios, y aunque no lo deseaba asumió con obediencia aquello que la Iglesia le estaba pidiendo. Modificó parcialmente su actividad pero no el estilo de ser y de hacer, encontraban su gratificación cuando veía que la gente se sabía valorizada al recibir la visita “inclusive del Tata Obispo”.

 

Los últimos años que vivió en Bolivia tuvo que dedicarse a las tierras tropicales del Chapare que pertenecían a la Arquidiócesis de Cochabamba, las enormes distancias y el clima no facilitaban ese trabajo, pero los campesinos habían migrado allí desde las montañas y bastaba eso para ir hacia allá, cuando debía celebrar las confirmaciones. Tenía un sueño importante: construir un gran templo en uno de esos pueblos de la selva.

 

Pero una noche del año 2010, mientras visitaba en una de estas comunidades para confirmar a los jóvenes, tuvo una caída desastrosa desde el primer piso de una casa y lo transportaron de emergencia a la ciudad. Fueron días de gran sufrimiento físico entre las operaciones y la fisioterapia.

 

Para Mons. Ángel había iniciado el declino y empeoramiento de su salud, y paulatinamente toma conciencia de su situación, pero decide ser fiel a su servicio al menos hasta cumplir 75 años de edad como prescriben las leyes eclesiales y las costumbres de la Iglesia. Así, pone en orden sus obligaciones, sus pertenencias y y sobre todo se organiza con las personas que lo han acompañado: él que siempre dispuso ahora debía dejarse ayudar. Entiende con sufrimiento que el tiempo de "hacerse todavía más pobre" era iniciado, el sentido del oído lo abandona y su camino se hace más difícil porque progresivamente queda asilado. Para él se abre el tiempo de la oración y de la espera, hasta entregarse a su único Gran Bien que llena de plenitud cualquier pobreza: El Señor.

El Arzobispo emérito de Cochabamba, Mons. Solari, escribió al obispo de Bérgamo, mons. Franchesco Beschi:

"Señor Obispo, uno después del otro los grandes misioneros de Bérgamo se están yendo, los misioneros de la fe y de corazón inmenso como aquel del Papa Juan XXIII: Berto, Berta, Ferrari y ahora Gelmi.

Todos ellos estuvieron marcados por la generosidad, de la coherencia de vida, del amor por los pobres, los huérfanos, los marginados, los encarcelados y los campesinos. Es como una rosa de pétalos completos. Así, el Evangelio ha sido vivido en plenitud y si ha hecho carne en el corazón de tantos fieles que los han conocido y han sido marcados de su gran amor.

La Iglesia de Bérgamo todavía está luminosamente presente en la Iglesia de Cochabamba, y la Iglesia de Cochabamba está presente en la Iglesia de Bérgamo con tanta gratitud y un inmenso amor fraterno.

Juntos vivimos el dolor de la partida de mons. Gelmi y juntos celebramos la vida y el testimonio de este santo Obispo Boliviano-Bergamasco."

 

Mons. Ángel: ahora es tiempo de ir viajar hacia lo alto, pero esta vez es el mismo Dios que te lleva - como reza el salmo - sobre las alas del águila.

Mons. Eugenio Coter

 



por Alver Metalli

Guzman Carriquiry está trabajando en vistas a un congreso a nivel continental que se llevará a cabo entre el 27 y el 31 del próximo mes de agosto, organizado por el CELAM y la Comisión Pontificia para América Latina, en colaboración con los Episcopados de Estados Unidos y Canadá. Es algo grande, que se repite desde que comenzó el pontificado del Papa Francisco y que convocará en Bogotá a cientos de representantes de las diversas realidades nacionales. “Habrá más de 100 obispos de todos los países de América Latina”, confirma Carriquiry, que se reunirán con otros provenientes del norte, Estados Unidos y Canadá, como era la voluntad de San Juan Pablo II, quien comenzó estos encuentros que retomó luego el Papa Francisco. Este último, en una audiencia con los principales representantes de la Conferencia Episcopal de América Latina, ya dio el punto de arranque para la reflexión con una nota irónica sobre los laicos: desde hace 50 años, dijo el Papa latinoamericano, se está diciendo que “esta es la hora de los laicos”, pero parece que se ha parado el reloj…”. Una broma que el profesor Carriquiry considera que no se debe dejar pasar. “Es obvio que los obispos reconocen y aprecian las enseñanzas del Concilio Vaticano II sobre la dignidad y responsabilidad de los laicos como uno de los contenidos fundamentales de la renovación. Y también es notorio que los laicos están por doquier presentes, como corresponsables, en la edificación de las más diversas comunidades cristianas, en asociaciones, movimientos, instituciones y todo tipo de servicios. Y no hay duda de que tenemos muchos buenos pastores, que comienzan su ministerio “de rodillas” –como recomienda frecuentemente el Papa-, personas sencillas cercanas al pueblo, llenas de celo apostólico…

Entonces, ¿a qué se debe este juicio?

Impresiona que el Papa haya afrontado de nuevo y de manera tan decidida el “clericalismo” en América Latina. Ya lo había hecho, a comienzos de su pontificado, en Río de Janeiro, ante la cúpula del CELAM. Y ahora lo hace en una carta de mucha trascendencia que envió al Cardenal Marc Ouellet, presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, a  cuya redacción se ha dedicado mucho personalmente, pese a sus innumerables ocupaciones. Hay que prestar atención. El Papa no se refiere a los residuos de clericalismo de los tiempos tardo-tridentinos del “pre-concilio”, sino a los signos que se manifiestan hoy, bajo las apariencias de una Iglesia “post-conciliar”.

Si no me equivoco lo ha definido como “una de las deformaciones más grandes que debe afrontar América Latina”.

El clericalismo se cuela allí donde los pastores no viven suficientemente esa proximidad misericordiosa, evangelizadora y solidaria con la propia gente que el Papa Francisco está reclamando insistentemente con sus palabras y mostrando con gestos concretos. Cuando no expresan el gozo de estar en medio de su pueblo, cuando no conocen a fondo la experiencia viva y concreta de quienes les han sido confiados, porque falta esa compenetración afectiva que da el amor, cuando no sienten la urgencia y la pasión de responder con el Evangelio a los sufrimientos y esperanzas de sus pueblos. Por eso repite, en esta reciente carta a la PCAL, que el Santo Pueblo de Dios es “el horizonte al que estamos invitados a mirar y desde donde reflexionar (…) es al que como pastores estamos continuamente invitados a mirar, proteger, acompañar, sostener y servir. Un padre no se entiende a sí mismo sin sus hijos (…). Un pastor no se concibe sin un rebaño al que está llamado a servir. El pastor es pastor de un pueblo, y al pueblo sólo se le sirve desde dentro (…). Mirar al Santo Pueblo de Dios y sentirnos parte integrante del mismo nos posiciona en la vida”, salva de abstracciones, de meras especulaciones teóricas, de interminables planes pastorales, de encierros funcionales. Incluso más: “cuando nos desarraigamos como pastores de nuestro propio pueblo, nos perdemos”. Nos perdemos en encierros y refugios clericales – se podría bien proseguir – si estamos alejados de nuestras gentes, si no abrazamos con amor misericordioso a todos evitando discriminaciones preventivas, precondiciones morales y exclusiones; si no tocamos la carne de los pobres y las heridas que tantos sufren en el cuerpo y en el alma.

También hay un clericalismo de los laicos, ¿no le parece?

 Hay una correlación entre clericalismo de los pastores y clericalismo de los laicos que se observa en la medida en que existe lo que el Papa llama “tendencia a la funcionalización del laicado”, tratándolo como si fuera un “mandadero”. A tal punto, que algunos laicos comienzan a considerar más importante para su vida cristiana, para su participación en la misión de la Iglesia, si tienen o no voto consultivo o deliberativo en tal o cual organismo eclesiástico, si pueden o no ejercer tal o cual función pastoral, que el hecho de tener que tomar todos los días decisiones importantes en la vida familiar, laboral, social y por qué no política. Correlativamente, los sacerdotes terminan considerando más a los laicos como meros colaboradores parroquiales y pastorales, cuando deberían en cambio buscar las modalidades más adecuadas para educar, valorizar, acompañar y apoyar, junto con toda la comunidad cristiana, su presencia en el mundo, su presencia “secular” para construir formas de vida más humanas. No se trata obviamente de despreciar la muy positiva y generosa corresponsabilidad de los laicos en la edificación de las comunidades cristianas, sino dejarse interpelar por lo que el papa Benedicto XVI dijo en su discurso inaugural de Aparecida y luego retomó el Episcopado latinoamericano en su documento conclusivo (cuya redacción estuvo a cargo del entonces Cardenal Jorge Mario Bergoglio): hay “una notable ausencia en el ámbito político, comunicativo y universitario de voces e iniciativas de líderes católicos de fuerte personalidad y de vocación abnegada que sean coherentes con sus convicciones éticas y religiosas”.

¿Realmente es así? Usted que es latinoamericano y visita muy seguido los países de América Latina, recibe informes y está diariamente en contacto con la jerarquía de estos países, ¿comparte esta idea?

Resulta, en efecto, sorprendente -e inquietante- que en un continente donde el 80% de la población está bautizada, donde la tradición católica está tan presente en la historia y en cultura de sus pueblos, donde la Iglesia católica ha jugado un papel muy importante en los procesos de democratización de América Latina, la presencia y contribución de los laicos católicos en la vida pública sea tan poco relevante en las últimas décadas del siglo XX y en lo que va del siglo entrante. Todos conocemos testimonios ejemplares al respecto, la confesión cristiana de muchos “dirigentes” como un homenaje a la tradición de nuestros pueblos, pero ¿dónde se aprecian corrientes vivas que irradien la novedad cristiana en la vida pública de América Latina? Las hubo a finales del siglo XIX, en las décadas del ’30 al ’50, en el inmediato “post-concilio. ¡No después! Los laicos parecen haberse quedado esperando a la sombra los pronunciamientos episcopales o presionando para que se hagan, sin ser ellos mismos adelantados que abren caminos al Evangelio en el quehacer social y político. Y los pastores multiplican declaraciones sobre diversas cuestiones planteadas en la vida pública de nuestros países, pero de hecho conocen poco los “recursos” humanos y cristianos con que cuentan entre los laicos, no generan ni alientan “nuevas formas de organización y celebración de la fe (…), de oración y comunión” – como sugiere el Papa en su carta – para dar compañía y sostén a quienes asumen responsabilidades en la cosa pública. Toman distancia de ellos para no “comprometer” la posición de la Iglesia y los escuchan bastante poco, incluso a veces los consideran sólo como brazos ejecutivos de consignas jerárquicas.

¿Cómo se hace para superar el clericalismo? ¿Hay manera de superarlo realmente? Cincuenta años de post concilio no lo lograron…

En la carta dirigida al cardenal Ouellet, el Papa hace dos afirmaciones terminantes. La primera es que laico es el bautizado, todo bautizado, sin laicos de serie A y de serie B, sin ese elitismo de raíz neo farisaica que lleva a autodifinirse como “laicos adultos”, “laicos comprometidos”, “laicos militantes”, utilizando esos calificativos como un autoelogio. La segunda es que hablar de laicos, como ya dije, implica evocar el horizonte del Santo Pueblo de Dios al que pertenecen, en toda su consistencia teologal e histórica de pueblo en camino hacia el Reino de Dios, según sus diferentes modalidades de inculturación y según los diferentes niveles de adhesión, pertenencia y participación (como ocurre en cualquier pueblo…).

Desde estas dos inescindibles perspectivas – bautizados en el Santo Pueblo de Dios – la “revolución evangélica” que el papa Francisco lleva adelante, implica y requiere una dinámica de conversión personal por un renovado encuentro con Jesucristo. Lo dice de manera solemne al comienzo de su Exhortación “Evangelii Gaudium” cuando invita a “cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso” (n. 3). Si no damos respuesta a esta invitación, nos contentamos sólo con el anecdotario del pontificado. No prestamos atención a lo que el Espíritu le está diciendo a la Iglesia y a las Iglesias, a cada uno de los bautizados, mediante el testimonio del Papa Francisco.

Me viene a la memoria la Conferencia de Aparecida de 2007, cuando Benedicto XVI todavía era Papa y Bergoglio Presidente de la Comisión que debía redactar el documento final…

En efecto, el Santo Padre ha retomado la expresión de la Conferencia de Aparecida que habla de la “conversión pastoral” y de la “conversión misionera” de la Iglesia, de toda comunidad cristiana. Hay quienes reducen la “conversión pastoral” a un reajuste de planes pastorales o renovación de obras pastorales. Y es cosa buena. Si la evangelización procede por atracción, atracción de una belleza que es irradiación de la verdad en la vida, es también cosa buena que toda comunidad cristiana se sumerja en un profundo examen de conciencia respecto a cuánto resulta transparente e irradiante en ella la presencia de Cristo, el milagro de su unidad, el testimonio de santidad, su amor a los pobres y excluidos, más allá de la opacidad del pecado.  Sin embargo, “conversión pastoral” evoca ante todo conversión de los Pastores, o sea, de los Obispos y de sus colaboradores en el ministerio pastoral. Esto es fundamental si se desea que esta “revolución evangélica” encuentre, por una parte, multiplicadores que la difundan y se evite, por otra parte, que mucha gente termine manifestando sus cálidas simpatías por el papa Bergoglio pero mantenga distancia crítica respecto a la Iglesia y no la perciba como el misterio de Dios presente.

Hay una expresión recurrente en las intervenciones del Papa a religiosos, clero y jerarquía: Iglesia en salida…

Es exactamente lo contrario de la auto-referencia eclesiástica, de toda autosuficiencia,  del ensimismamiento, del repliegue temeroso, de todo refugio autocomplaciente, donde se anida el clericalismo. ¡Salir e ir al encuentro! Y hacerlo con la confianza de que el Evangelio de Cristo es la respuesta sobreabundante y correspondiente, totalmente satisfactoria, a los anhelos de amor y verdad, de justicia y felicidad, connaturales a la persona humana. El Espíritu Santo nos precede en el corazón de las personas y en la cultura de los pueblos. ¡Hay que salir fuera de los recintos eclesiásticos! No hay que quedarse esperando a los fieles, mientras – como dice el Papa Francisco – hay 99 ovejas perdidas y solo una ha quedado en el corral. Hay que estar atentos para discernir los signos de la presencia de Dios en las más diversas experiencias de fe, esperanza y caridad. La desatención y la ausencia son signos de clericalismo.

Es un momento turbulento para América Latina, con Venezuela al bordo de la bancarrota y quizás de una ruptura institucional que podría incluso tener un desenlace violento; con Brasil que ha destituido a su presidente y Argentina que está por juzgar a Cristina Kirchner por corrupción después que fue derrotada en las urnas por un gobierno de centro derecha…

Terminó la fase de las “vacas gordas” alimentadas por los altos precios del petróleo, de los minerales, de los productos agropecuarios, por la disponibilidad abundante de capitales extranjeros, por el efecto China, que hizo posible un fuerte crecimiento económico sudamericano, aproximadamente de un 5% promedial y la emergencia de una clase media popular, aunque en condiciones vulnerables de un trabajo generalmente “informal” y precario, gracias a algunas decenas de millones de personas que superaron el umbral de pobreza. Eso sí, no dejó de seguir existiendo la brecha abismal entre las super-oligarquías y los excluidos y descartados.

Hemos entrado en un tiempo de vacas flacas…

Así es. Se desplomaron los precios que nos importan en el mercado mundial y países muy importantes, como Brasil primero y después el Venezuela retrocedieron hasta situaciones dramáticas y explosivas, con gravísimas crisis política y económica que tiran para abajo, en deflación y depresión, al conjunto de América Latina, aunque no falten países de gobiernos muy diversos que siguen teniendo performances económicas positivas (Paraguay, Bolivia, Perú…). Quedan abiertos los interrogantes sobre el futuro cubano bajo los impactos de su “apertura al mundo” – como auspiciaba San Juan Pablo II – que hoy consiste principalmente en la apertura a los Estados Unidos, y sobre el proceso de paz en Colombia tras un ciclo de 50 años de guerra y violencia.

El péndulo se movió hacia el otro lado…

Y lamentablemente hay muchos que repiten juicios indiscriminados y demoledores, condenas maniqueas contra “los que estaban antes”, sin ser capaces de valorizar todo lo bueno del camino andado, desechando todo lo que han sido límites y miserias. Sin políticas de Estado a largo plazo al servicio de los pueblos se suceden alternantes políticas de gobiernos de corto respiro. Oscilamos entre un centralismo estatista y un neoliberalismo tecnocrático, padeciendo las deficiencias de unos y otros. Cambian las elites de gobierno, pero están siempre muy presentes y determinantes los mismos poderes fácticos.

Y la corrupción política.

La corrupción política es dramáticamente bien real, pero como se trata de un problema endémico cabe también suponer que se usa como instrumento de batalla según los intereses y oportunidades políticas. Los que se muestran más sensibles ante el derroche de dineros públicos son precisamente esas emergentes clases medias populares, beneficiadas en tiempos de “vacas gordas”, que reclaman mejores servicios de salud, transporte, educación, administración pública y subsidios sociales que ahora se ven amenazados, sobre todo pensando en el futuro de sus hijos. Lo peor, más allá de los vaivenes políticos, sería que entráramos, como ya es visible aquí y allá, en una nueva fase de empobrecimiento e inequidad social en el seno de los países. Lo peor sería también que las polarizaciones políticas y sociales llegaran a transformarse en refriegas sangrientas, de imprevisibles consecuencias.

Pareciera que hoy la mediación de la Iglesia es más importante que nunca, y no solo para derribar muros seculares, sino también para prevenir guerras incipientes.

La Iglesia católica, consustanciada con los sufrimientos y esperanza de nuestros pueblos, con la credibilidad que sigue teniendo como ninguna otra institución en los países latinoamericanos, desde ese amor preferencial a los pobres de neto cuño evangélico que el papa Francisco no ceja de testimoniar cotidianamente, tiene que discernir a fondo esta nueva fase coyuntural que se está abriendo en América Latina y las graves implicaciones que esta tiene para su misión educativa y misionera, misericordiosa y solidaria. De ninguna manera su misión consiste en ser antagonista o “capellana” política, sostener, abatir o sustituir gobiernos.  Tiene, eso sí, desde la originalidad de su misión, mantener muy altos los mejores ideales que vienen de nuestra historia, colaborar en la construcción de un proyecto histórico para América Latina y ayudar a cuajar grandes movimientos populares y consensos nacionales sin los cuales todo queda en retórica. Mientras tanto, el servicio de la Iglesia a las naciones puede ser indispensable para desarmar los ánimos recalcitrantes, promover actitudes públicas de perdón y reconciliación en las que se aprecie la magnanimidad humana y las búsquedas convergentes de reconstrucción nacional, suscitar caminos de diálogo, promover acuerdos y ofrecerse también como mediadora cuando las circunstancias lo permitan. ¡Dios también hace milagros en la vida de las naciones!

El secretario general de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB), monseñor Aurelio Pesoa, pidió mayor sensibilidad con los diversos acontecimientos que ocurren en el país durante el inicio de la “Semana social 2016”, organizada por la Pastoral Social Cáritas Boliviana y la Universidad Católica Boliviana.

“Esta ‘Semana social’ es para dejar los escritorios y las actividades y hacer un alto en el quehacer cotidiano para reflexionar sobre temas, para la formación personal y también institucional, y que nos ayudará a prestar un mejor servicio sensibilizando ante los diversos acontecimientos que se suceden a diario” en el país, dijo Pesoa.

Según una nota de prensa de la UCB, Pesoa afirmó que el espíritu de este año es el “Jubileo de la Misericordia” y recordó algunas palabras señaladas para esta celebración por el papa Francisco: “Es siempre un milagro el que la misericordia divina se irradie en la vida de cada uno de nosotros impulsándonos a amar al prójimo y animándonos a vivir lo que la tradición de la Iglesia llama las obras de misericordia corporales y espirituales”.

A continuación transcribimos la homilía de Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz, pronunciada el domingo 17 de abril 2016.

Este 4º domingo de Pascua o domingo del Buen Pastor, en la Iglesia está dedicado a la oración por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, oportunidad para que tomemos conciencia de la gran importancia de orar para que jóvenes y señoritas escuchen el llamado del Señor y con generosidad decidan seguir sus huellas. Seguir los pasos de Jesucristo es entregar la vida por amor al Evangelio y a los hermanos, para compartir con ellos la alegría y la gracia de haber descubierto la vida nueva del Resucitado.

 

En el Evangelio de San Juan, del que hemos escuchado unos pocos versículos, encontramos a Jesús que se presenta como un Pastor que conoce a sus ovejas, las guía, las acompaña, las defiende y da la vida por ellas. “Yo conozco a mis ovejas... ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos”. Jesús es en verdad el Buen Pastor, está con sus seguidores y los conoce personalmente, comparte su vida cotidiana y entabla con ellos lazos de amistad y amor.

 

Esta entrega total de Jesús está en clara contraposición con las funciones, comportamientos y actitudes de las autoridades políticas y religiosas del pueblo de Israel de entonces que, al igual que asalariados y mercenarios, se preocupaban sólo por sí mismos y sus intereses, descuidando el bien del pueblo y dejándolo a la merced de los lobos, de los prepotentes los poderosos.

 

Ya en el  A.T. los profetas y los salmos presentaban a Dios como el Pastor que tiene un inmenso amor para con el pueblo elegido, que se preocupa por él y lo defiende, versus los malos pastores. Sin embargo ahora Jesús, al definirse como el Buen Pastor, asume en plenitud la misma misión del Padre, con un aspecto nuevo y decisivo: Él es el pastor verdadero que no duda en entregar su vida para dar vida eterna y liberar de la esclavitud de la muerte y del pecado a los que lo siguen.

Jesús no solo nos hace saborear la vida en abundancia en nuestra existencia terrenal, sino que nos da la vida en plenitud y para siempre: “Yo doy la vida eterna a mis ovejas”.

 

Ante semejante actitud de entrega y amor, las ovejas responden poniendo toda su confianza en Él: “Mis ovejas escuchan mi voz... y ellas me siguen”. De la misma manera nosotros tenemos que poner toda nuestra atención para descubrir a Jesús como el Buen Pastor que actúa en nuestra vida, conocerlo, encontrarlo personalmente y seguirlo sin miedo, seguros de que nadie nos arrebatará de sus manos y que en él se apaga el deseo de felicidad y de amor que tenemos en nuestro corazón.

 

El Papa Francisco ha enviado un mensaje para esta Jornada por las vocaciones, recordando que “la comunidad cristiana está siempre presente en el surgimiento, formación y perseverancia de las vocaciones”. La vocación nace en la Iglesia, crece en la Iglesia y está sostenida por la Iglesia. Por eso, el Papa nos llama a todos a tomar conciencia de nuestra responsabilidad por las vocaciones, y a orar por las personas que perciben la llamada de Dios y acompañarlas con nuestro afecto y apoyo. Después de la comunión tendremos le testimonio de un joven seminarista, que nos hablará de su decisión de seguir a Jesús el Buen Pastor.

 

Y cumpliendo justamente con humildad la misión de Pastores que Jesús nos ha confiado, los obispos reunidos en la 101 Asamblea, hemos publicado el martes pasado un mensaje del que paso a presentar dos puntos.

 

El primero, acerca de las reacciones suscitadas con la publicación sobre Carta Pastoral sobre el Narcotráfico y la Drogadicción: “Hoy pongo ante ti la vida o la muerte”, los obispos afirmamos que:

Como pastores y ciudadanos, en continuidad con pronunciamientos de décadas pasadas, hemos querido expresar nuestra preocupación desde la responsabilidad moral que tenemos y hacernos eco del clamor de tantas personas y familias que sufren las heridas causadas por el creciente tráfico y consumo de drogas ilícitas.

Reconocemos los esfuerzos y alcances que desde varios años se están dando para combatir el narcotráfico, sin embargo, creemos que hace falta dar pasos más decididos por parte de todos. Esta reflexión pastoral es un llamado a la conciencia y un aporte más para colaborar a un diálogo sincero y abierto entre las diversas instancias de la sociedad, cada una en lo que le corresponde, a fin de que tomemos en cuenta la magnitud y gravedad del problema que amenaza la convivencia pacífica y democrática del país. En efecto el narcotráfico, además de causar la drogadicción, trae consigo violencia, corrupción, mentiras, injusticias y muerte.

No tengamos miedo de mirar la cara de esta realidad nefasta, ni seamos pasivos, ni resignados en afrontar las verdades incómodas que conlleva este problema. Por el contrario, las fuerzas vivas de la sociedad hagamos causa común, convencidos que la unidad y la verdad son el camino para liberarnos de este mal, como nos  indica el Papa Francisco: “la plaga del narcotráfico, que favorece la violencia y siembra dolor y muerte, requiere un acto de valor de toda la sociedad” (Rio de Janeiro). Es el momento de decidir: “Yo he puesto delante de ti la vida y la muerte…. Elige la vida”  (Dt 30,19).

El segundo tema se refiere a otro signo de muerte en nuestro país: la práctica del aborto impune, que se opone al mandato de Dios de defender el don de la vida que él nos ha dado, desde la concepción hasta la muerte natural. Decimos los Obispos “Hace poco el Ministerio de Salud ha enviado a los Hospitales y centros de salud la Resolución Ministerial No. 1508 del 24.11.2015 con el protocolo para la práctica de la así pretendida “interrupción del embarazo”, a aplicarse en los casos de violación y de grave riesgo para la salud y la vida de la madre.

El protocolo indica implementar el aborto impune, porque de esto se trata, hasta las veintidós semanas de gestación, dejando la decisión a la discrecionalidad de la mujer y del médico. Consideramos que este protocolo, además de inconstitucional, no sólo niega el derecho a la vida del niño concebido, sino que pone en peligro la misma salud de la madre que se pretende preservar. El caso es aún más grave porque obliga a los médicos a practicar el aborto, hecho que viola la libertad y el ejercicio de la profesión médica. Es urgente que las instancias judiciales correspondientes se pronuncien sobre la constitucionalidad de ese protocolo, y reconozcan el derecho a la vida del niño por nacer, la objeción de conciencia de los médicos y la opción de abstenerse de practicar un aborto en cualquiera de sus fases.

La profesión médica puede y debe proteger la salud de la madre sin sacrificar a la vida del hijo. Nos preocupa la situación de las mujeres víctimas de la violencia, en especial del crimen de violación, y la sociedad tiene que apoyarlas con todos los medios necesarios, psicológicos, médicos, espirituales y materiales, para que puedan llevar adelante la maternidad en el mejor modo posible”.

Por último me refiero a un hecho que debería cuestionarnos en lo más profundo: la indiferencia y el trato insensible ante la larga y difícil marcha de los hermanos discapacitados hacia la ciudad de La Paz, en busca de una mayor atención del Estado. Lo más triste es la actitud de algunos pueblos y comunidades que a lo largo del camino, no sólo les han negado su ayuda, sino que los han atemorizado, acatando consignas inhumanas de sus dirigentes. En mi memoria, nunca se ha negado una ayuda humanitaria y solidaria a todas las marchas, independientemente de los motivos de la movilización. La indiferencia y hostilidad en este caso, es un serio llamado de atención para nuestra sociedad: además de desconocer el llamado del Señor a la misericordia y al amor al prójimo, estamos perdiendo la solidaridad y sensibilidad humana, hecho más grave por tratarse de personas discapacitadas. Reaccionemos ante estas actitudes de intolerancia y seamos solidarios con estos hermanos nuestros para que pronto se dé una solución justa y digna a su pedido.

 

Amén

 

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