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El Ministerio de Trabajo determinó horario continuo para hoy jueves y feriado nacional para mañana Viernes Santo, mediante comunicado 005/2014, para posibilitar que la población boliviana cumpla con sus tradiciones religiosas, aseguró el jefe departamental de Trabajo, Empleo y Previsión Social Oruro, Oswaldo Ortega Patiño.

Indicó que según el artículo 67 del Decreto Supremo 21060 de 29 de agosto de 1985, se declara el Viernes Santo feriado nacional con suspensión de actividades.

Manifestó que el comunicado fue a nivel nacional para el 18 de abril por ser Viernes Santo, lo que involucra suspender toda actividad laboral y para hoy se dispuso horario continuo; para los funcionarios de las entidades públicas, el trabajo debe ser desde las 08:00 hasta las 16:00 horas.

"Esta misma determinación tiene que ser adoptada por las empresas privadas en un acuerdo de partes, ya sea con el conjunto de los trabajadores o los representantes del sindicato", aseguró.

Explicó que existen algunas empresas que por la modalidad de trabajo, no pueden suspender sus actividades en el feriado, entonces estas entidades deberán pagar conforme a lo que estipula la norma, es decir el doble de la jornada laboral.

"Existen empresas que no pueden suspender su trabajo, es el caso de la empresa Vinto, que no puede apagar los hornos, es por eso que todos los trabajadores que asistan deben presentar las listas para que se les pague doble jornada", dijo.

Asimismo recomendó a los conocedores de la normativa cumplir con las disposiciones y así evitar las sanciones y multas.

(Venezuela) El Papa ha nombrado obispo auxiliar de la archidiócesis de Caracas, Venezuela, a José Trinidad Fernández Angulo, sacerdote de la archidiócesis de Mérida y Rector del Seminario Mayor "Santa Rosa de Lima" en Caracas, asignándole la sede titular de Cerenza.

José Trinidad Fernández Angulo nació el 24 de mayo de 1964 en la ciudad de Mérida y allí fue ordenado presbítero el 30 de julio de 1989. Realizó los estudios en el Seminario Menor de la archidiócesis de Mérida y después pasó al Seminario Mayor para el trienio filosófico. Para los estudios teológicos acudió al Instituto Universitario Eclesiástico "Santo Tomás de Aquino" en la diócesis de San Cristóbal. Más tarde obtuvo la licenciatura en filosofía en la Universidad Gregoriana de Roma.

En la archidiócesis de Mérida fue profesor en el Seminario Menor, asesor arquidiocesano para la pastoral juvenil y vocacional, director de Estudios del Seminario Mayor y vicedirector del mismo.

Mientras que en la archidiócesis de Caracas ha desempeñado los siguientes encargos: vicedirector del Seminario San José, vicedirector para filosofía del seminario mayor Santa Rosa de Lima, director para la investigación de la Universidad Santa Rosa de Lima, Formador y después vicedirector del seminario mayor Santa Rosa de Lima y, desde el 2009, es rector del mismo.

El arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo, llamó a abrir el corazón para que “esta vida de Jesucristo, sea también nuestra vida” y pidió que la alegría de la resurrección “no nos haga olvidar de esa otra realidad tan cercana que nos duele e interpela”.

“Cuando vemos la violencia, el avance de la droga, la marginalidad, y frente a ello notamos indiferencia o un individualismo que nos aísla, no podemos permanecer ajenos. En la Pascua hemos celebrado el triunfo del bien sobre el mal, pero el bien necesita testigos, protagonistas. Entender esto es comprender que Dios actúa y llega al hombre, a través del mismo hombre. No podemos esperar milagros. El milagro de Dios es la creación de un hombre libre, abierto a sus hermanos y a un encuentro con él. Dios no sustituye al hombre, lo necesita para crear con él una sociedad más fraterna, que sea la casa de todos sus hijos”, subrayó en su mensaje pascual.

El prelado aseguró que “vivimos en una sociedad que busca respuestas a estos dramas. Sabemos que no alcanzan sólo estructuras o metodologías nuevas, la crisis tiene raíces más profundas. La crisis es moral y cultural. El hombre, especialmente el joven, vive una orfandad de referencias, de valores y de ejemplaridad, que compromete el sentido de su vida y la fuerza de sus ideales”.

“No alcanza, por otra parte, sólo con presentar valores, estos necesitan ser vistos, testimoniados y asimilados. Hay una crisis de ejemplaridad, de credibilidad y de confianza que lleva a muchos jóvenes a refugiarse en un presente sin horizontes, sin un proyecto que aliente su futuro. Ellos, desgraciadamente, son presa fácil de una sociedad que en su afán de lucro no tiene límites”, agregó.

Monseñor Arancedo consideró “importante que recuperemos la confianza. Ella necesita apoyarse en el testimonio de la verdad, en la certeza de la justicia y en la credibilidad de la palabra. Cuando estas dimensiones se devalúan se debilita el nivel de nuestras relaciones y decae la vida de la sociedad. Estas cuestiones, en cuanto tienen al hombre como sujeto, poseen una ineludible dimensión moral”.

“Todo esto tiene que ver con la Pascua, que es un principio de Vida Nueva que eleva la vida y las relaciones del hombre. No debemos negar los problemas, pero sí tener frente a ellos una actitud de compromiso y de esperanza, porque el bien, el amor y la paz ya han triunfado en Jesucristo. Este mensaje de Pascua quiere ser un llamado a todos los hombres y a toda la dirigencia, para sentirnos protagonistas en la creación de una sociedad más humana, más justa y solidaria”, sostuvo.

“Queridos amigos, vivamos la alegría de la Pascua con un corazón abierto y con la certeza de un camino al que todos estamos invitados a participar. Felices Pascuas”, concluyó.+

(Roma) El papa Francisco presidió en la mañana de Roma la misa crismal en la basílica de San Pedro, adonde llamó a los sacerdotes y diáconos a vivir con “alegría custodiada” su ministerio. El obispo de Roma aconsejó vivir el sacerdocio con pobreza, fidelidad y obediencia, y puso el énfasis en tres rasgos significativos en la alegría sacerdotal: "Nos unge, es incorruptible y es misionera".

Durante la santa misa concelebrada con cardenales, obispos y presbíteros presentes en Roma, el Santo Padre bendijo los santos óleos para el sacramento del bautismo, la unción de los enfermos y el crisma con el que se imparte la confirmación y el orden sagrado.

En su homilía, el Papa recordó que el Jueves Santo es un día feliz, donde se hace memoria de la institución del sacerdocio y cada consagrado hace recordar su propia ordenación sacerdotal: "El Señor nos ha ungido en Cristo con óleo de alegría, y esta unción nos invita a recibir y hacernos cargo de este gran regalo: la alegría, el gozo sacerdotal. La alegría del sacerdote es un bien precioso no sólo para él sino también para todo el pueblo fiel de Dios: ese pueblo fiel del cual es llamado el sacerdote para ser ungido y al que es enviado para ungir. Somos ungidos con óleo de alegría para ungir con óleo de alegría".

Fiel a su modo de prédica, Francisco señaló tres rasgos significativos en la alegría sacerdotal: "Esta alegría nos unge, ¡pero no nos unta!, es decir, no nos vuelve untuosos, suntuosos y presuntuosos; es una alegría incorruptible y es una alegría misionera que irradia y atrae a todos, comenzando al revés: por los más lejanos".

"Me gusta pensar la alegría -expresó- contemplando a María, la Madre del Evangelio viviente, es manantial de alegría para los pequeños. Creo que no exageramos si decimos que el sacerdote es una persona muy pequeña: la inconmensurable grandeza del don que nos es dado para el ministerio nos relega entre los más pequeños de los hombres".

El Papa afirmó que la alegría del sacerdote es una alegría que se hermana a la pobreza: "El sacerdote es pobre en alegría meramente humana ¡ha renunciado a tanto! Y como es pobre, él, que da tantas cosas a los demás, la alegría tiene que pedírsela al Señor y al pueblo fiel de Dios. No se la tiene que procurar a sí mismo. Sabemos que nuestro pueblo es generosísimo en agradecer a los sacerdotes los mínimos gestos de bendición y de manera especial los sacramentos. Muchos, al hablar de crisis de identidad sacerdotal, no caen en la cuenta de que la identidad supone pertenencia".

"La alegría sacerdotal es una alegría que se hermana a la fidelidad -reconoció el Santo Padre-. No principalmente en el sentido de que seamos todos inmaculados (ojalá con la gracia lo seamos), ya que somos pecadores, pero sí en el sentido de renovada fidelidad a la única Esposa, a la Iglesia. Aquí es clave la fecundidad".

"Los hijos espirituales que el Señor le da a cada sacerdote, los que bautizó, las familias que bendijo y ayudó a caminar, los enfermos a los que sostiene, los jóvenes con los que comparte la catequesis y la formación, los pobres a los que socorre… son esa “Esposa” a la que le alegra tratar como predilecta y única amada y serle renovadamente fiel. Es la Iglesia viva, con nombre y apellido, que el sacerdote pastorea en su parroquia o en la misión que le fue encomendada, la que lo alegra cuando le es fiel, cuando hace todo lo que tiene que hacer y deja todo lo que tiene que dejar con tal de estar firme en medio de las ovejas que el Señor le encomendó: Apacienta mis ovejas".

"La alegría sacerdotal es una alegría que se hermana a la obediencia -afirmó-. Obediencia a la Iglesia en la Jerarquía que nos da, por decirlo así, no sólo el marco más externo de la obediencia: la parroquia a la que se me envía, las licencias ministeriales, la tarea particular… sino también la unión con Dios Padre, del que desciende toda paternidad. Pero también la obediencia a la Iglesia en el servicio: disponibilidad y prontitud para servir a todos, siempre y de la mejor manera, a imagen de Nuestra Señora de la prontitud, que acude a servir a su prima y está atenta a la cocina de Caná, donde falta el vino".

El Santo Padre también dirigió la atención sobre las vocaciones sacerdotales. En este día, elevó una plegaria a Jesús "para que haga descubrir a muchos jóvenes ese ardor del corazón que enciende la alegría apenas uno tiene la audacia feliz de responder con prontitud a su llamado", al tiempo que rogó por los recién ordenados: "Cuida Señor en tus jóvenes sacerdotes la alegría de salir, de hacerlo todo como nuevo, la alegría de quemar la vida por ti".

A los presbíteros con varios años de ministerio, el Papa les pidió vivir con fortaleza la alegría del ministerio, y a los ancianos, les pidió contemplar con alegría el crecimiento de los jóvenes presbíteros y esperar con mansedumbre las promesas del Señor, que no defrauda.+

Apoyar orar y cuidar la vocación del sacerdote fue el pedido de algunos Obispos el día de ayer, día en que se celebra la Misa Crismal, en la cual todos los sacerdotes renuevan sus votos sacerdotales.

"Nos damos cuenta que hay grupos, ideologías y políticas bien planificadas, algunos movimientos hasta secretos que están queriendo destrozar lo sagrado de la Iglesia, al sacerdote, para que el pueblo no crea en su palabra, para que se aleje de la Iglesia, por eso tenemos que descubrir lo sagrado en la Iglesia, pues estos hombres que ven son quienes respondieron sí al Señor, porque el Señor los llamó y se fijó en cada uno a pesar de sus debilidades y faltas que cometen", dijo Mons. Bialasik, obispo de la diócesis de Oruro durante su homilía en la Misa Crismal.

Destacando el rol que algunos sacerdotes cumplen dijo "Cuantos sacerdotes están llevando a los pobres la comida, la ropa u otras cosas para que cada uno de los hermanos y hermanas tengan una vida digna y muchas veces estamos criticando, en cambio de agradecer a Dios por nuestros sacerdotes".

“…hoy más que todo rezar por nuestros sacerdotes, apoyarles y cuidar su vocación, hay muchas personas también que no quieren que los sacerdotes sigan adelante y están haciendo daño a uno y otro, necesitamos cuidar la vocación de nuestros sacerdotes, porque cada uno es el don de Dios que está sirviendo al pueblo.
Por su parte Mons. Sergio Gualberti  destacó durante su homilía que el sacerdote actúa en  nombre de Cristo, nosotros no actuamos en nombre propio servidores y no dueños. Un servicio que pide en primer lugar “estar con él”, tener un encuentro personal, conocerlo por la experiencia vital de compartir con él y vivir la comunión profunda con él, dijo en su homilía.

Así mismo Mons. Gualberti señaló que una misión especial que tiene el sacerdote es  anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, que, en Cristo, se extiende sobre toda la humanidad, y que apunta a la vida plena, sobre los cimientos de la verdad, la justicia, el amor y la paz.

La hermana Beatriz Castro, responsable de la infancia y Adolescensia Misionera del vicariato Apostólico de Ñuflo de Chávez a dado a conocer una nota detalando el trabajo que se hizo en el taller de animadores de Infancia y Adolescensia Misionera en San Ramón.

Se fueron dando  cita los animadores y animadoras de las distintas Parroquias del Vicariato Apostólico Ñuflo de Chávez.

La jornada fue motivada  con diferentes temas que creemos que eran convenientes para una mejor catequesis en los distintos lugares donde se encuentra el grupo de la IAM.

- ¿Qué es la Infancia y Adolescencia Misionera?  a cargo de la Hna. Aparecida Munarini.

- La Escuela con Jesús, presentado por la Hna. Beatriz Castro.

- El Animador Misionero, disertado por la Hna. Adriana Kim.

Fueron acompañado a estos temas los momentos  de oración, reflexión, trabajos en grupos y plenarias. Lo cual hizo que la actividad fuera dinámica y creativa por los distintos grupos, creándose un espacio de compartir
experiencia, inquietudes y sacar lo mejor de cada uno con sus diferentes aportes que fueron enriqueciéndonos  a todos.

Agradecemos a las distintas Parroquias que han hecho posible la participación de los animadores y animadoras de la IAM.  Que Dios bendiga cada una sus actividades en bien del Reino de Dios.

Hna. Beatriz Castro STJ

Los días que transcurren desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección (Pascua), componen el núcleo de la fe cristiana y lo que en ellos celebramos da sentido a lo que queremos vivir.

No obstante hay una tentación recurrente y propia de toda fe que no se ha integrado en la vida cotidiana del creyente: vivir la Semana Santa como un mero recuerdo de algo que le pasó a Jesús hace dos mil años, con mayor o menor carga emotiva y sentimental, pero que en realidad no significa nada para el día a día. Parte de culpa la tenemos quienes no hemos sabido comunicar el sentido vivencial de la fe y haberla reducido a una serie de ritos, liturgias, actos conmemorativos o acciones pietistas. Sin embargo, celebrar la Semana Santa es otra cosa.

Primero que nada es preciso que nos creamos en serio lo que significa el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, de donde se despliega la vida de Jesús de Nazaret, ya que él tuvo una vida humana como cualquiera sin negar su condición divina; pero no nos engañemos, Jesús vivió como una persona humana y afrontó desde su relación cercana y profunda con el Padre toda la realidad humana que le tocó vivir.

La predicación del galileo no surge de un discurso previamente concebido o desde un conocimiento perfecto de todo, nace y se desarrolla en la oración, en el compartir la vida con mujeres, niños, ancianos, pecadores, enfermos y extranjeros, tanto con los líderes del poder religioso y político como con la gente sencilla de aldeas olvidadas. La muerte y resurrección de Jesús cobran sentido a la luz de lo que significó su vida y muchas veces olvidamos eso, imaginamos a Jesús como un súper héroe que quiere demostrar su poder entregándose a sus verdugos. El mensaje de la vida de Jesús de Nazaret se fundamenta en la humildad como camino de verdadero conocimiento y amor de Dios, no en aventuras épicas o quijotescas que den rédito comercial en la industria cinematográfica (y cuanta más sangre se muestre más poderosa es su salvación). La vida de Jesús nos ayuda a reconocer y construir la dignidad de toda persona humana no a convertirla en un mito o una leyenda.

En segundo lugar, la muerte de Jesús de Nazaret nos abre a la comprensión de que por sobre todo dolor, negación, traición, asesinato, vejación la Vida es un germen de resistencia que no puede ser sofocada jamás. El morir de Jesús en la cruz es una muestra de la crueldad humana que debe ser asumida y transformada por la compasión divina. La muerte del profeta de Galilea es una parte de nuestra fe, pues en medio de toda la oscuridad que supone perder la vida o ser arrebatada está la clara y luminosa presencia del Dios de la Vida que no quiere que ninguno de sus hijos e hijas muera sino que se salve y viva con él eternamente.

Pero además eso nos toca existencialmente a nosotros, desde la muerte de Jesús y su resurrección, podemos vivir con la certeza de que la muerte no es el final del camino, no hay fuerza ninguna en el universo que vaya a destruir la promesa de Dios de hacernos partícipes de su Vida plena por la resurrección. No cabe en el corazón del creyente la desilusión, el pesimismo, la amargura o la desesperanza, pues en la muerte de Jesús están asumidas nuestras pequeñas o grandes muertes. Cuando perdemos a quien amamos, cuando nuestros proyectos fracasan, cuando no encontramos solución a nuestras dificultades económicas o cuando nuestra dignidad es ultrajada. En esas realidades está escondida la semilla de la nueva Vida, el germen del Reinado de Dios, la luz inextinguible. ¿Cada vez que participamos de las celebraciones de Semana Santa actualizamos esta convicción de fe? ¿O creemos que sólo le salieron las cosas bien a Jesús porque era el Hijo de Dios? ¿Qué sentido entonces tiene el habernos bautizado y aceptado que de la peor muerte Dios es capaz de generar la mejor vida?

Todos los días hay algo que muere en nosotros, algo a lo que hay que morir: a nuestras actitudes egoístas que sólo buscan el provecho personal, a nuestro abuso del poder para humillar a los débiles, a nuestra envidia, rencor y vanidad… larga sería la cadena; y sin embargo allí mismo donde se siembra la muerte nace vigorosa la posibilidad de una nueva Vida (si el grano de trigo no cae en tierra y muere no puede dar fruto –lo enseña Jesús en el evangelio-).

Para el cristiano la resurrección de Jesús es la acción que plenifica toda su vida. De nada sirve vivir todos los años recordando en las misas algo del pasado. Eso que celebramos se realiza cotidianamente, en el templo y fuera de él. La semana Santa puede pasar este año como un evento de folklore religioso más o puede convertirse en una memoria viva, siempre presente, actual y actuante en nuestros pensamientos, sentimientos y acciones.

Celebrar la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús significa en pocas palabras que nuestra vida puede ser diferente, llena de Vida verdadera; no sólo eso, significa que tu vida y la mía ya son distintas… si en verdad creemos en el Amor de Jesucristo.

Mercedarias cuidan la imagen de la Virgen de La Merced, en el templo del mismo nombre, durante todo el año y apoyan las actividades de la procesión de Viernes Santo.

Marilú Sangüeza de Álvarez se despierta cada mañana con la convicción de que la Virgen de La Merced está muy presente  cada nuevo día. Así  define desde su profunda fe católica la desde hace tres años  presidenta   de la Orden Tercera Mercedaria, que tiene su sede en la Iglesia de La Merced, en La Paz.
La Orden está compuesta por 10 personas, que  son, casualmente, todas mujeres. Durante todo el año se encargan del cuidado de la imagen de la Merced. A esta tarea permanente se suma el apoyo que brindan en las actividades que se desarrollan durante la Semana Santa. "Siempre bajo la supervisión de los  párrocos”, matiza la presidenta.

La Orden fue fundada en 1218 por el padre español San  Pedro Nolasco que, según cuenta la historia: "tuvo una visión de la Virgen de La Merced que le indicó cómo debía actuar y comportarse respecto a las personas que sufren”, recalca Sangüeza. Añade que en esa época "había una  situación de injusticias que preocupaba  a Nolasco”.  

A partir del siglo XVI, la Orden,  guiada inicialmente por españoles, adquirió una presencia significativa también en la entonces  ciudad colonial de La Paz. A ésta llegó en a fines de 1.500 la imagen de la Virgen de La Merced, en cuyo entorno se agrupó la orden de sus devotos.  

Según la presidenta, ahora la Orden Mercedaria está más activa que nunca.  A ella, integrarse le ha servido para "ser más tolerante y comprensiva  con  mi familia, además de profundizar en la fe”. Cuenta que en el grupo mercedario comparten  ideas, se  escuchan  y se apoyan ante cualquier problema personal.

"La mayoría de las personas vienen para profundizar en la fe y sentirse parte activa de un colectivo católico”. En este momento una compañera se encuentra hospitalizada por  una operación y "tiene todo nuestro apoyo”, añade la presidenta.

Entre otras misiones, se encargan de llevar a cabo  todas las tareas de mantenimiento de las Vigen de la Merced, como renovar las flores, los  manteles de la mesa presidencial y los vestidos, que elaboran ellas mismas.   
Por lo general, la Orden también cuenta con integrantes masculinos. Sin embargo, en los últimos años  no ha recibido interesados. Sangüeza opina que "en algunos casos se considera erróneamente que es una actividad concebida para mujeres”.
 
Además realizan "sabatinas” todos los sábados: rezan el rosario. Tienen un virgen peregrina pequeña para difundir la fe y "fortalecer la familia”, que va rotando mes a mes por las familias de las integrantes.
La presidenta es  plenamente consciente de que el compromiso de los miembros de cumplir con  todas las actividades de la Orden puede ser un inconveniente para que se incorporen nuevos participantes, ya que implican renunciar a otras  actividades cotidianas.

Además, para formar  parte de la Orden se comprometen a respetar los cánones mercedarios. Uno de ellos es el cuarto voto que las diferencia de otras Órdenes, que consiste en dar la vida por los semejantes.  Se  denomina  Tercera  Orden para diferenciarse de la Primera y Segunda, que  corresponden al colectivo de  sacerdotes y  frailes, por ejemplo.

También, entre sus tareas, está la organización de tcursos  evangelización que son    impartidos por   los párrocos.
 
"Vivo para cuidar a la Santa Madre”

Marilú Sangüeza de Álvarez se incorporó a la Orden Mercedaria hace sieteaños , después de  jubilarse. "Buscaba algo en mi vida que me motivara y un  día vine a la iglesia y uno de los párrocos me invitó a participar; ahora vivo para cuidar a la Santa Madre”.

Así recuerda Sangüeza una de sus decisiones "más acertadas”. La Orden ya contaba con un grupo conformado en la iglesia de La Merced. Añade que "de esa época sólo quedamos dos o tres personas”.  

Como directora de la Orden  su objetivo es  que el grupo se mantenga estable y cumpla con sus obligaciones. Los estatutos de la Orden permiten que algunos miembros no estén presentes en la reuniones por razones justificadas.

La familia católica potosina vive los diferentes actos religiosos de celebración de la Semana Santa, de acuerdo al programa que se ha presentado desde el Domingo de Ramos con una liturgia que acogió a la población en la Santa Basílica.

Anoche se celebró la Misa Crismal con la renovación de promesas sacerdotales y la bendición de los santos óleos, actividad que se cumplió en la Catedral.

Ayer los estudiantes de la Unidad Educativa Privada María Auxiliadora hicieron la representación del Vía Crucis y reviviendo varios pasajes que se encuentra en la Biblia.

Con esta actividad que tuvo el apoyo de los padres de familia, los alumnos protagonizaron un acto de fe católica para transmitir el verdadero mensaje de la Semana Santa y la presencia de Jesús en la vida de los potosinos.
Hoy miércoles se cumplirá una de las actividades religiosas más tradicionales de la ciudad de Potosí, la Vía Crucis viviente del colegio particular Franciscano, con participación de estudiantes, docentes, padres de familia ex alumnos y la cofradía del Santo Sepulcro.

Para mañana jueves, en diferentes templos de la capital se tiene previsto la celebración de la misa de la Cena del Señor, el rito del lavatorio de los pies y la Institución de la Eucaristía.

También se cumplirá la visita a los templos en la Hora Santa, paseo tradicional para cumplir el acto de adoración al Santísimo Sacramento y la renovación de la fe , así esperar el viernes para la solemne procesión del Santo Sepulcro.

En la Misa Crismal de este martes santo, Monseñor Sergio agradeció la presencia masiva de la población que llegó a la catedral para apoyar a los sacerdotes que renovaron sus promesas realizadas el día de su ordenación. En la Homilía, Monseñor Sergio pidió a la población orar por los sacerdotes y su ministerio.

HOMILÍA DE MONSEÑOR SERGIO GUALBERTI, ARZOBISPO DE SANTA CRUZ.

Misa Crismal 2014

Queridos, hermanos y hermanas, en el clima de comunión de esta noche, su presencia me hace consciente siempre más de la gran responsabilidad que el Señor me ha confiado y que solo su Gracia me permite llevar adelante. Siento la necesidad de expresarles mi profunda gratitud por el testimonio que ustedes me dan.

De manera particular expreso mi “gracias” sincero a nuestro querido Cardenal, que ha querido celebrar esta Eucaristía junto con todos nosotros, su palabra y testimonio nos animan y guían en el camino de fidelidad a la llamada del Señor. Un agradecimiento a mis hermanos obispos Mons. Braulio y Mons. René y Mons. Estanislao, por su fiel y sincera colaboración en el pastorear a este querido pueblo de Dios. Un augurio y una oración muy particular Mons. Aurelio Pesoa y Mons. Jorge Saldías, elegidos Obispos auxiliares de la hermana Iglesia de La Paz.

A todos ustedes sacerdotes, mi gratitud profunda por su entrega generosa al servicio del Señor y de Su pueblo. Quiero también recordar y agradecer a los sacerdotes ancianos y enfermos que, desde su lecho de dolor, nos acompañan con la oración. Agradezco también a los religiosos y a los misioneros venidos de otras Iglesias por su servicio desprendido a nuestra querida Iglesia.

De manera especial invito a orar por los sacerdotes que nos han dejado por la casa del Padre, por los que viven en situación de sufrimiento, y por los que se tropiezan con la incomprensión y dificultades en el ejercicio de su ministerio. Qué el Señor les ilumine y acompañe con su fortaleza, y nosotros hagámosle sentir nuestra cercanía de amigos y hermanos. También mantengamos un recuerdo afectuoso por los hermanos que ya no ejercen el ministerio sacerdotal.

Gracias a todos ustedes, seminaristas, diáconos, religiosas y pueblo de Dios que nos acompañan en este día sacerdotal, por su afecto y por sus oraciones, que nos estimulan a entregarnos con más entusiasmo en el cumplimiento de nuestro ministerio.

En mi reflexión quiero profundizar tres aspectos del Prefacio de esta Misa crismal, en la que bendeciremos y consagraremos el crisma y los santos oleos, y los sacerdotes renovaremos las promesas hechas en el día de nuestra ordenación.

1.- “Jesucristo, Pontífice de la nueva y eterna alianza… con amor fraterno elige a algunos hombres para hacerlos participar de su ministerio mediante la imposición de manos”. Nuestro ser sacerdotes se lo debemos totalmente a Jesucristo, Él nos escogió no por nuestra capacidad o por nuestros méritos, sino porque Él lo ha querido, fruto del amor fraterno de Jesús, amor que es pura gratuidad. Ante ese amor de Jesucristo, no hemos quedado indiferentes y hemos respondido con nuestro sí, el sí que todos juntos como presbiterio renovaremos en breves minutos.

Jesucristo ha tomado la iniciativa como cuando instituyó a los doce. “Subió al cerro y llamó a los que él quiso… para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar”. Jesús nos llama para hacernos partícipes de su ministerio, no es nuestro, por lo tanto servidores y no dueños. Un servicio que pide en primer lugar “estar con él”, tener un encuentro personal, conocerlo por la experiencia vital de compartir con él y vivir la comunión profunda con él y los hermanos sacerdotes. Nos llama también “para enviarnos a predicar”, a anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, que, en Cristo, se extiende sobre toda la humanidad, y que apunta a la vida plena, sobre los cimientos de la verdad,la justicia, el amor y la paz.

Jesús no ha elegido entre muchos hermanos, pero no nos aísla de ellos, por el contrario nos envía como pastores para salir al encuentro de la gente, para estar “en medio de los fieles, también en las periferias de las parroquias y diócesis y en todas aquellas “periferias existenciales” donde hay sufrimiento, soledad, degradación humana”. Estar presentes como pastores, “significa caminar con el Pueblo de Dios: delante, indicando el camino; en medio, para reforzarlo en la unidad; y detrás, para que nadie se quede atrás”, como nos dice el Papa Francisco.

2.- Seguimos con el prefacio: “Tus sacerdotes, Padre, renuevan en nombre de Cristo el sacrificio de la redención humana, preparan a tus hijos el banquete pascual, guían en la caridad a tu pueblo santo, lo alimentan con tu palabra y lo fortalecen con tus sacramentos”.

En nombre de Cristo, nosotros no actuamos en nombre propio, por lo tanto nuestra actitud debe ser de humildad y de profundo respeto y reverencia ante los misterios de salvación que Él nos ha confiado, y ante las conciencias de las personas.

“Renovar el sacrificio de la redención humana y preparar el banquete pascual”: Esta noche renovamos la primera Eucaristía, pero cada Misa es renovación y actualización del misterio de la muerte y resurrección del Señor, es gozar de los frutos de la redención, y de la victoria de Cristo sobre el mal y la muerte. Cada Misa es Pascua, comunión con Cristo y los hermanos que transforma la existencia, por eso es indispensable que nuestros gestos y palabras en la celebración reflejen este misterio de amor, de gozo y de vida.

“Guían en la caridad a tu pueblo santo”. Guiar en la caridad, es tener un espíritu de misericordia, de comprensión y solidaridad con todos. “La misericordia, que socorre los defectos ajenos, es el sacrificio que más le agrada, ya que causa más de cerca el bien del prójimo» (Sto. Tomás).

“Lo alimentan con tu palabra y lo fortalecen con tus sacramentos”. En este aspecto el Papa Francisco tiene palabras iluminadoras y comprometedoras: “La Palabra de Dios escuchada y celebrada, sobre todo en la Eucaristía, alimenta y refuerza interiormente a los cristianos y los vuelve capaces de un auténtico testimonio evangélico en la vida cotidiana. La Palabra… en el Sacramento alcanza su máxima eficacia” (EG 174).

3.- “Los sacerdotes, al entregar su vida por ti, Padre, y por la salvación de los hombres, deben configurarse a Cristo y dar testimonio constante de fidelidad y amor”.

Configurarnos a Cristo, poder afirmar con San Pablo: “Ya no soy yo que vivo, es Cristo que vive en mi”. Esto implica vivir en nosotros el misterio de la encarnación del Hijo de Dios que “siendo rico se hizo por nosotros pobre, a fin de que nos enriquezcamos con su pobreza (2 Co 8,9). Todo el camino de nuestra redención y la misión terrenal de Jesús, ha sido marcada por los pobres: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres» (Lc 4,18). La preferencia de Dios para con los pobres “tiene consecuencias en la vida de fe de todos los cristianos, llamados a tener «los mismos sentimientos de Jesucristo» (Flp 2,5)”…

La opción por los pobres es la «forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia»…Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres. Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. Ellos tienen mucho que enseñarnos”(EG).

Queridos hermanos sacerdotes, ahora vamos a renovar ante el Señor y el pueblo santo de Dios las promesas hechas el día de la ordenación sacerdotal, con el compromiso de ser testigos luminosos de los misterios que celebramos. Por eso pedimos a todos Uds., hermanos y hermanas aquí presentes que recen por nosotros, para que el Señor, derrame abundantemente sobre nosotros los dones del Espíritu y nos haga fieles ministros de Cristo y así, todos juntos con el salmista, podamos “cantar eternamente tu amor, Señor”.

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