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Homilía de Monseñor Oscar Aparicio Arzobispo de la Arquidiócesis de Cochabamba Homilía de Monseñor Oscar Aparicio Arzobispo de la Arquidiócesis de Cochabamba Arzobispado de Cochabamba

Mons. Oscar Aparicio: "Que Dios esté sobre todo"

Escrito por  Erik Jul 13, 2017

El Pasado domingo, Mons. Oscar Aparicio presidió la Eucaristía dominical en la Catedral, recordando que Dios nos invita para que abramos nuestros corazones para ser el centro de nuestras vidas .

Expresó que el amor del Señor es tan grande que quiere vivir con nosotros. Siendo nuestra existencia tan fragil y pasajera estamos todos convocados para que al final de esta vida terrena seamos uno con Dios.

Homilía Monseñor Oscar Aparicio Arzobispo de la Arquidiócesis de Cochabamba

Catedral Metropolita de San Sebastián


Hermanos y hermanas a diferencia del pasado domingo la palabra de hoy no anuncia varios temas, o varios aspectos de la vida cristiana a tomar en cuenta porque somos peregrinos, somos caminantes. Somos de aquel pueblo de Dios que peregrina en este mundo, que va anunciando la Buena Noticia. Y somos depositarios de la misión del Señor y la vamos hacer a conocer a los demás. Veamos un poquito cómo esta palabra de Dios nos está proponiendo varios aspectos.

Primero aparece en la primera lectura, la acogida, sabemos que es un valor enorme. La capacidad de aceptar el otro, la capacidad de abrir las puertas al otro, la capacidad de dejar que el otro entre en casa. O que el otro sea parte de uno mismo es fundamental en la vida. Por eso es hermoso como gráficamente la palabra de Dios hace que esa mujer se preocupe y acoja al profeta, un valor enorme. Aunque por debajo diríamos así, algo fundamental que la Palabra de Dios está anunciando: el don de la vida. De hecho el profeta en reconocimiento al que esta mujer ha hecho para acogerlo, pregunta a los sirvientes diciéndole qué falta a esta mujer, que ¿Qué habría de hacer? Lamentablemente ella no tiene a un hijo y su esposo ya es anciano. Y ahí le hace el anuncio: “El próximo año en esta misma temporada, tu habrás tenido descendencia, habrás tenido un hijo, como don de parte de Dios”.

Entonces, teníamos razón cuando hablamos nosotros de agradecer a Dios por el don de la vida. Una actitud también fundamental e importante para nosotros, estamos agradecidos profundamente al Señor porque Él nos da la vida. No lo hemos tenido por mérito propio. Dios nos lo ha regalado, Dios en su infinito amor ha puesto sus ojos en nosotros y de manera privilegiada ha querido que podamos vivir en este mundo, nos concede esta vida. Entonces, cómo no agradecer al Señor.

Hermanos más allá de esto también aparece el tema de la acogida fundamental que el ser humano tiene que tener. Por eso al inicio de la misa les invitaba a aquello, acojamos al Señor. Nuestra actitud no solo de agradecimiento, nuestra actitud también de apertura a un Dios que también se ha metido en nuestra vida. Un Dios que nos ama profundamente, un Dios que conduce nuestra historia. Más un Dios que quiere entrar en nuestra vida, que toca la puerta de nuestro corazón para decir quiero habitar en ti. Quiero ser parte tuya. Quiero que tu vida esté marcada justamente por este amor y presencia mía. Es casi una forma de enamorarnos, una forma de ayudarnos, una forma de decirnos constantemente que Él se preocupa de nosotros.

Por tanto, no solo la acogida al otro hermano. No solo cultivar este un valor fundamental en la vida nuestra, en nuestra sociedad. Sino también, sobre todo que sea la acogida a nuestro Dios y Señor. Por eso el Salmo Responsorial decía, cantare eternamente el amor del Señor. Definitivamente estamos en eso. Nuestra vida se debate entre aceptar al otro o rechazar. De dejar guiarnos por Dios, que el Espíritu de Él nos domine o rechazar. Por eso nosotros optamos hoy día, abrimos nuestro corazón reconocemos, voy a cantar todo el amor que Dios tiene hacia mí y sabemos que ese amor es eterno. Reconocemos que este Dios es nuestro Dios, es nuestro Padre, es el que se preocupe de nosotros. Reconocemos a Jesús como aquel que es el huésped privilegiado para nosotros. Reconocemos que Él nos ha dado la vida, y por tanto que nuestro seguimiento, que nuestro amor responda también aquello.

Hay la frase que dice: amor con amor se paga, nosotros reconocemos al Señor que nos ama tan profundamente, queremos pagar entonces con este amor. Retribuirle no solo con una acogida y decirle, sí Señor, reconocemos que Tú eres nuestro Señor. Y es tal el reconocimiento que queremos que sea radical. Por eso cuando el apóstol presenta en la segunda lectura el hecho del bautismo, es algo que nos hace pertenecientes a Dios. Y pertenecientes como pueblo de Dios a esta Iglesia. Es la forma, la manera de decir que somos parte de un pueblo que radicalmente sigue al Señor. Que más allá de cualquier otro amor diríamos inclusive, de otro afecto, nosotros estamos dispuestos a seguir este amor, a seguir a Jesús total y plenamente. Porque nos ha encandilado. Por qué Él nos ha dado la razón de la vida, porque Él nos pone en tal situación que nos podemos vivir sin Él. O queremos que Él domine todas nuestras acciones. El amor de Él es tan deslumbrante, tan bueno, de queremos de esta forma radicalmente.

Es lo que el Evangelio nos está anunciando. Es la misma palabra de Jesús. Nos puede reprender, cuando dice el que ama más a su padre o a su madre más que a Mí, no es digno de Mí. Uno dice, ¿cómo no voy amar a mi mama, a mi papa? No te está imponiendo, no dice este amor tienes que dejarlo de lado, o tienes que desecharlo. Dice si amas más que a Mí no eres digno de Mí. El amor es radical. Es lo que pasa con un esposo o una esposa cuando toman la opción y unen sus vidas. Ya lo es todo el esposo, lo es todo la esposa. Lo es toda la familia que ha constituido. Y no es un desprecio para la madre o el padre o los hermanos, sino que es tal este amor es tal esta unión, que es radical. A esto el Señor nos está llamando y este amor dura eternamente. Esto es la cosa linda.

Y nosotros que somos frágiles y peregrinamos en este mundo, tenemos un tiempo, 20, 30, 50, 80 el más robusto hasta 100 años. Pero nosotros queridos hermanos estamos invitados a participar de la gloria de Dios, eternamente. Por tanto nosotros respondemos también al amor de Dios. Esto es lo que anunciamos en eternidad. Nos podemos querer mucho entre nosotros, sí ojalá, en buena hora, debería ser así. Pero también caminamos hacia la gloria de Dios. Hemos salido de las mismas entrañas de Dios y retornamos al corazón del mismo Dios. Por tanto el amor expresado en este mundo es de Jesús nuestro Señor.

Vamos en pos de este amor. Caminamos en pos de este amor todos nosotros. Más allá de este mundo, nos dice el Evangelio, ya no habrá ni esposo ni esposa, habrá un solo amor, un solo Espíritu. Es el anuncio por tanto de aquello que nos está esperando. Queridos hermanos y hermanas, entonces acojamos al Señor. Que el Señor sea la razón de nuestra vida, que radicalmente respondamos a este amor. No significa que hay que dejar los otros amores. Pero sí sobre todo, sobre todo el afecto, sobre toda persona también está el Señor. Es la propuesta que Él nos hace esta mañana. Yo les animo a que podamos también nosotros ponernos en este camino, en esta forma de ser, como pueblo de Dios, como discípulo misioneros que somos, en esta Iglesia de Latinoamérica y aquí en Cochabamba, es la misma Iglesia que nos propone hacer este camino de fe. Que el Señor entonces y la virgencita de Urcupiña nos ayude.
Amén.

Homilía XIII Domingo del T. Ordinario Mons. Oscar Aparicio Arzobispado de Cochabamba
  • Información adicional

    • Fuente: Arzobispado de Cochabamba

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