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Mons. Oscar Aparicio Mons. Oscar Aparicio Arquidiócesis de Cochabamba

Mons. Oscar Aparicio: "El rumbo que empieza a tomar el país es algo que nos concierne a todos"

Escrito por  Ago 09, 2017

Mons. Oscar Aparicio, Arzobispo de Cochabamba, durante la celebración litúrgica por los 192 años de la independencia de Bolivia, en la Catedral Metropolitana expresó una reflexión, a los ojos de la fe, sobre la situación actual de nuestro país.

Inició explicando el mensaje de las sagradas escrituras, mostrando que el Señor también nos habla por medio de las escituras y nos muestra que esa misma realidad se vive en este tiempo. Pidió que como los discípulos que participaron de la transfiguración, seamos capaces bajar a nuestra realidad y ser partícipes de ella. Que busquemos todos juntos un mejor país, para el bien de cada boliviano. Que como pueblo de Dios se pueda renovar el compromiso de servicio a nuestra Patria, buscando el bien de todos; cuidando y respetando la vida pese a ideologías que afectan gravemente a la familia y la sociedad boliviana; cuidando nuestra casa común, cuidando nuestros parques y medio ambiente.

La Transfiguración del Señor
6 agosto de 2017
Te Deum - Cochabamba

Amados hermanos y hermanas:

Hoy, seis de agosto, fecha en la que recordamos los 192 años de Independencia, también celebramos la fiesta de la Transfiguración del Señor. Ponemos sobre este altar a nuestra querida tierra boliviana y los pies de la Virgencita de Urcupiña depositamos nuestra esperanza y nuestra confianza para que ella, con su regazo maternal nos siga protegiendo.

La palabra de Dios que acabamos de escuchar nos invita a meditar y llevar adelante la experiencia del grupo de los discípulos de Jesús. Los discípulos aceptan que Jesús es el Mesías, el Señor, el Salvador, pero en un primer instante lo hacen con la visión de un mesianismo equivocado, o por lo menos no con los criterios de Jesús; de alguna manera lo hacen con la ambición de situarse en el poder que creen que se establecerá, lo hacen con la idea de tener algún sitio o algún puesto que pueda darles ventajas.

El mesianismo de Jesús se presenta de manera diferente, nuevamente Jesús sitúa a sus discípulos al inicio de su llamada, les exige entrar en otros esquemas, en otra manera de concebir el mesianismo, el poder y la autoridad; por tanto no se trata de un Mesianismo al estilo del Antiguo Testamento, es decir un Mesías de tipo político, vengador, nacionalista o triunfalista.

De hecho, el profeta Daniel, desde el exilio, nos invita a ver la historia en esta perspectiva de gloria, acontecimiento que va más allá de toda circunstancia pasajera y transitoria que siempre será relativa frente a la magnificencia de Dios. El apóstol Pedro, en la segunda lectura, hace referencia a una experiencia renovada de la presencia de Dios en nuestro caminar, en nuestra propia responsabilidad de trasformar nuestras vidas y nuestra realidad a la luz de nuestro Maestro y Señor.

Por otro lado, esta misma Palabra nos sitúa de inmediato en este gran misterio realizado por Dios Padre en la persona Jesucristo nuestro Señor, es decir, que también se anuncia nuestra participación en la Gloria de Dios, aunque se trata de una gloria que pasa necesariamente por la Pasión de la Cruz.

De todos modos, el evangelista Mateo nos muestra a un Jesús revestido de la gloria de Dios, transformado en un blanco deslumbrador. Allí nos pedirá, también a nosotros, el escuchar a Jesús “Este es mi Hijo, muy querido, escúchenle”. Pero, por otro lado nos exigirá el entrar en un nuevo esquema del mesianismo, ya no en la búsqueda de beneficios de tipo personal o buscando un lugar de privilegio, sino más bien en el esquema del servicio y entrega a los demás.

Hoy también nos hemos reunido en esta Catedral, para celebrar Te Deum, es decir: “A Ti Oh Dios”. Alabamos, bendecimos, glorificamos a Dios por todo lo que hace en medio de nosotros; sobre todo lo glorificamos por nuestra Patria, por nuestro País, le agradecemos y glorificamos por BOLIVIA. Lo hacemos en comunión con todas las otras jurisdicciones eclesiásticas que caminamos como Iglesia en todo el territorio nacional. Lo hacemos como creyentes y con toda persona de buena voluntad. Decimos junto con todas nuestras autoridades: A Ti oh Dios nuestra alabanza y gloria, nuestro gracias y reconocimiento por tu gran misericordia para con nuestro pueblo.

Por tanto, damos gracias a Dios ya que en esta celebración se entrelazan perfectamente todos estos hechos. La transfiguración ilumina nuestra historia, historia marcada muy claramente, en estos días, por nuestra constante búsqueda de identidad y por tanto de independencia y libertad. Incluso la festividad de Nuestra Señora de Urcupiña, a celebrarse dentro de poco, nos recuerda este hermoso modo de ser de Dios, porque él se manifiesta en lo sencillo, en lo cotidiano, en las personas humildes y que escuchan su Palabra y la ponen en práctica. Él se manifiesta también en nosotros si sabemos reconocerlo como Padre, si lo aceptamos y nos dejamos iluminar, si nos esforzamos en la construcción positiva de nuestra sociedad, si nos preocupamos de ser humildes y sencillos a ejemplo de María nuestra Madre.

La transfiguración del Señor frente a sus discípulos, es la invitación a asumir el compromiso en la transformación permanentemente de nuestra historia, en el quehacer cotidiano, donde el Señor nos invita a prestar un servicio efectivo y concreto.

Les invito hermanos a escuchar el mensaje de hoy que nos trae un mensaje de optimismo, y de esperanza firme, nos propone la opción posible de un hombre en permanente renovación, en permanente transformación de cambio positivo, porque la vida y nuestro pueblo así lo exigen.

Aunque también es verdad que la primera experiencia de los discípulos, ante éste acontecimiento, en la persona de Pedro, es la de querer quedarse en ese lugar, porque se está bien. Esta experiencia es muy natural a todo hombre, pues sus expectativas se hacen realidad, “la de estar bien”. Pero Jesús no es un hombre que con facilidad se queda en un lugar o situación, sino por el contrario está en permanente acción, en constante movimiento, lo cual para todos nosotros es una invitación a caminar siempre hacia adelante, afrontando con valentía, serenidad, todos aquellos desafíos que implican, ver la vida con optimismo, aunque pareciera que no hubiera ninguna posibilidad positiva.

Es Jesús que, nuevamente baja a la ciudad con sus discípulos, precisamente a anunciar esa nueva y buena noticia a los demás, a construir el Reino de Dios en medio de los hombres, y ese Reino esta en medio de nosotros, y el compromiso de todo creyente es la de construirlo, para ello es necesario hacer una lectura permanente de los acontecimientos de la vida cotidiana desde el mensaje evangélico, que no es ajeno a ningún hombre, que es capaz de despojarse de sus propios intereses, para así descubrir, dentro de sus valores éticos, la presencia del otro, de los otros, de los hermanos, una presencia que no sólo se limita a los más cercanos, sino que tiene en cuenta al conjunto de todo un pueblo, en la riqueza de su diversidad.

No podemos estar ajenos a los grandes desafíos que nuestra patria enfrenta en el inmediato presente: el rumbo que empieza a tomar el país es algo que nos concierne a todos, las decisiones a tomarse en este tiempo son nuestro futuro, este futuro hace que nos manifestemos y, por tanto, actuemos como un pueblo unido construyendo la paz, es decir, el pueblo de Dios que vive a la luz de esta Palabra, a la luz de esta transfiguración, con la fuerza del mensaje que transforma nuestra historia. Por eso creo que como pueblo de Dios estamos aquí para renovar nuestro compromiso de servicio a nuestra Patria, buscando el bien de todos; cuidando y respetando la vida pese a ideologías que afectan gravemente a la familia y la sociedad boliviana; cuidando nuestra casa común, cuidando nuestros parques y medio ambiente.

Seamos capaces de crear un nuevo espacio, actuemos con generosidad, desprendimiento y apertura del corazón y la mente, escuchemos las miles de voces que claman por una Bolivia, que acoja a sus hijos, y les proporcione todas las posibilidades de desarrollarse sin distinción alguna, y así construir una patria libre y próspera.

De todo esto, podría resumir en tres palabras este hermoso y desafiante mensaje: PAZ, AMOR Y LIBERTAD. Que nuestro Dios nos conceda su Paz, nos haga capaces de responder a su amor y así ser hijos suyos para ser verdaderamente hermanos entre nosotros, y agradecer porque Él nos ha creado libres, capaces de construir nuestro mundo y trasformar nuestras miserias.

Una vez más, apoyados en nuestra Madre, en Nuestra Mamita de Urcupiña, glorifiquemos a Dios y pidámosle su bendición.

Así sea.

  • Información adicional

    • Fuente: Arquidiócesis de Cochabamba

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