Miércoles, 20 Septiembre 2017

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El domingo pasado hemos comenzado, en  Bolivia, el MES DE LA BIBLIA, el mes destinado  en la Iglesia cristiano católica a reflexionar y  estudiar más aún los conocimientos que todos   tenemos, nadie  conoce lo suficientemente la PALABRA de  Dios. El 30 de septiembre terminaremos el mes. El lema señalado por la Conferencia episcopal es: “Tú palabra es luz en el camino”. Se hace este mes dedicado a la Sagrada Escritura con la finalidad  de revitalizar la pastoral de nuestras iglesias y con el propósito de aprovechar la fuerza que tiene la Palabra. El Papa hace poco tiempo ha pedido que en todas las  iglesias haya un día dedicado a la Santa Biblia.

Sucre, inicio el día 30 del mes pasado, la NOVENA DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE, al ser  trasladada a la Catedral, donde se encuentra ahora, en la alabanza y honor de Dios. La novena tiene como base la Palabra  de Dios, ella es  luz  y revitalización muy importante para todos los cristianos. Hay cinco temas preparados por el  área de evangelización de la Conferencia. La novena es un tiempo propicio para renovarnos en nuestro ser cristianos a través de la Palabra. La Palabra bien leída y meditada  nos lleva, sin duda, a la oración. Palabra que no lleva a la oración, es lectura mal hecha. Por ello, es muy  importante que los cantos y oraciones estén basados  en  los textos de la Escritura y que nos lleven al encuentro auténtico con Dios  y con nuestra Madre de Guadalupe.

Hoy, en la primera lectura, encontramos como Jeremías tiene una crisis vocacional. Superada la crisis, significó que era necesario para él escuchar  la Palabra de Dios. “me sedujiste, Señor”, o sea, “me engañaste”. La palabra de Dios es demasiado fuerte, ella era en mis entrañas fuego ardiente, Intentaba comerla y no podía”. La lectura del domingo pasado, parece incompresible el cambio y la actitud de Pedro. En ese evangelio, Pedro reconoce a Jesús  de Nazaret como el Mesías y Salvador esperado. Jesús, a su vez, le alaba y le da las llaves del reino de Dios. En este pasaje de hoy, le llama Satanás, Diablo, le pide que se aleje de él: “pasa  atrás de mi Satanás, tú me harías tropezar. Tus ambiciones y tus planes no son los de Dios. A la gran mayoría, al mundo, no le gusta la cruz,  a los mismos  cristianos le resulta incómoda, hasta el punto que no guardamos todos los mandamientos. Aquí  Pedro fue desaprobado por  Jesús, no era para menos. Pedro recibió la sabia enseñanza de Jesús.  Una acción en cierta manera a la que sucedió en medio  de la tormenta en el lago. Pedro tuvo que seguir aprendiendo la enseñanza de la cruz, del asumir la propia responsabilidad. También nosotros debemos en esforzarnos para conocer mejor la palabra de Dios, ayudados por Santa María de GUADALUPE.

Sucre, 3 de septiembre de 2017

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

Arzobispo emérito de Sucre

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  • Atención Las opiniones de este sector son de la total responsabilidad de sus autores, Infodecom no se identifica necesariamente con las opiniones vertidas en esta sección
  • Autor Mons. Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

El Ministro Provincial de la Orden de los Hermanos Menores en Bolivia y la Familia Mamani Espinosa, invitan al Pueblo de Dios a la ORDENACIÓN DIACONAL DE:

FRAY NELSON MAMANI ESPINOZA.

La ordenación será conferida por Mons. Jesús Pérez Rodríguez, OFM, Arzobispo Emérito de la Arquidiócesis de Sucre, hoy jueves 24 de agosto de 2017 a hrs.19:00 en el templo de Santa Ana de La Recoleta.

Agradecemos su presencia y sus oraciones.

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  • Fuente Vicaría de Pastoral

El  evangelio de hoy nos presenta el ejemplo de la fe de una mujer extranjera, en el  poder salvador de Jesús. Ella arranca un milagro a Jesús y le propone a todos sus seguidores, judíos y paganos como modélica en  la fe en su seguimiento. Jesús concedió la liberación del demonio que poseía a su hija. Ella persistió en la súplica aunque veía que Cristo no quería escucharla. Fue perseverante en la oración aunque era rechazada. Ante el pedido de los discípulos que están cansados de los gritos de aquella pobre madre extranjera, fuera de la fe de Israel. Jesús siguiendo la cultura judía, que llama perros a los que no tienen la fe de los israelitas, la trata con el  despreciativo de perro. ¿Qué hubiera hecho cualquiera de nosotros ante ese trato de Jesús? ¿No les parece un trato poco caritativo el de Jesús?

Jesús no  sólo no la atiende, a primera instancia, sino que,  pone  a prueba la fe humilde y perseverante, que a nosotros nos puede parecer ofensiva, de que el pan es para los hijos y no para los perros –para los judíos, el pagano,  era considerado como perro- Pero la mujer contesta con valentía e inmediatamente y con fe firme, que en cualquier casa, sin quitar el pan de los hijos, se procura que quede algo  para los perritos. Entonces, le concede  lo que pide y la mejor alabanza: “mujer, qué grande es tu fe, que se cumpla lo que deseas”.

Jesús es DIOS Y HOMBRE A LA VEZ. Él tiene un plan pedagógico divino, para llevar a cabo lo que Dios, su Padre, le ha encomendado, para que crean en él que le ha enviado. Jesús sabe que va a hacer el milagro de liberar   a su hija del demonio que la tiene sujeta a su dominio, pero emplea una manera de actuar que llama la atención de los judíos que son duros de cabeza y corazón para creer en Jesús. Jesús no pierde ocasión para llamar a los judíos a la conversión, a la fe en él. Para alabar la fe de los paganos –de los perros. Así alaba fe de los extranjeros, como el buen samaritano, el leproso que vuelve a dar gracias, el centurión romano, la alabanza de  la mujer de hoy. Cuando Mateo escribe su evangelio, ya hay muchos paganos que han sido recibidos en la Iglesia de Cristo. Por eso el milagro de hoy adquiere un simbolismo de justificación y de perdón. No hay que olvidar que las cuatro características de la Iglesia son: “UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA” No forma parte la nota de ROMANA, COMO ALGUNOS ESTA DICIENDO POR AHÍ.

La mujer  cananea se convierte para todos en un ejemplo de conversión que, encuentra la alegría del que se acerca a Dios, y, ora insistentemente. ¡Cómo contrasta la actitud  fe de la mujer pagana con la de aquellos que iba a Jesús sin fe. Les invito a preguntarse, ¿Cómo insistimos en la oración, cuándo parece que Dios niega lo que le pedimos?


Sucre, 20 de agosto, 2017

Fray Jesús Pérez Rodríguez,O.F.M.

Arzobispo emérito de Sucre

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  • Autor Mons. Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

Continuamos en el evangelio de hoy del evangelista  Mateo, capítulo 14, 23-33, las sabias enseñanzas de Jesús. Después de la multiplicación de los panes y dar de comer a las gentes, al llegar a la noche, se retiró a orar a solas en el monte. Mateo nos cuenta el episodio de la tormenta en medio de lago que hizo  tambalearse a la barca, que llenó de miedo  a los apóstoles. Jesús mientras tanto se encuentra orando en medio del monte, mientras tanto los discípulos viven las zozobras de una tempestad. En medio de las dificultades se aparece Jesús andando  sobre las aguas. Ellos creen  que es un fantasma., hasta que oyeron la voz conocida de Jesús.

Este evangelio narrado por Mateo, tiene un añadido. Es el único de los evangelistas que lo narra, la intervención atrevida de Pedro, que le pide a Jesús, si eres tú Señor has que yo ande sobre las aguas, pero mientras comenzó a andar sobre las aguas tuvo miedo y empezó a  hundirse. Humildemente pide a Jesús que lo salve. Jesús extendió su mano y lo salvó. Pedro tiene un acto de fe al decirle a Jesús: “realmente tú eres el Hijo de Dios”. O sea, reconoce  que Jesús de Nazaret, este hombre histórico, no solo es un hombre extraordinario  que sana, resucita muertos…, sino que es Dios el Hijo del Dios verdadero. Esto no lo llegaron a entender los apóstoles hasta que Jesús resucitó de entre los muertos.

Pedro recibió una gran lección en este episodio tan significativo que se nos narra este domingo. Pedro como se dice en el evangelio tiene varias intervenciones, algunas brillantes, como aquella que encontramos en capítulo 16 de san Mateo, Pedro afirma que Jesús es el Mesías, el Salvador del mundo. Pero, hoy está  lleno de miedo y Jesús le dice: “¡QUÉ POCA FE TIENEN!”. La barca de los apóstoles está sujeta a las olas embravecidas, ha pasado  a la historia  cristiana como  el símbolo  de la Iglesia siempre expuesta a los miles de olas que se levanta y hacen tambalearla. Pero ahora como entonces, junto a la Iglesia ha estado y estará  Cristo acompañándola en nuestra travesía. Hasta llegar al puerto  seguro. Jesús lo dijo claramente: “YO ESTARÉ CON USTEDES HASTA EL FIN DEL MUNDO”

Nos conviene recordar esto a todos pero sobre todos aquellos que diciendo farisaicamente que son católicos atacan a la iglesia que dicen pertenecer a ella. Jesús no nos ha prometido una travesía de gozos y de pasarlo bien, sino lo contrario. Todos los que intentamos seguir a Cristo en fidelidad, sabemos que la vida está llena de problemas y avatares, de lo contrario, no somos cristianos. Hay  que recordar que la iglesia, mientras a Dios gracias siga firme en el cumplimiento de la voluntad de Dios, y, “no haga una iglesia a la carta” será perseguida. La Iglesia teniendo junto así  a Jesús  no naufragará. Pedro lo negó, cometió el  pecado  más horrible. Hoy se comete esta negación de Jesús, de ser miembros de la Iglesia de mil maneras. Judas vendió a Jesús por treinta monedas de plata. La Iglesia que estaba naciendo no se hundió. A todos los que formamos la iglesia debemos recordar que no tengamos miedo. Cristo está con nosotros, en su Iglesia.

Sucre, 13 de agosto  de 2017

 Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

Arzobispo emérito de Sucre

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  • Autor Mons. Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.
EL FESTEJO DATA DE HACE MÁS DE 400 AÑOS. 
El pueblo católico, en particular vecinos de la zona de La Recoleta, celebraron la festividad de Santa Ana con solemne eucaristía y procesión, actos en los que le agradecieron por los milagros recibidos y también expusieron sus plegarias.
 
“A Santa Ana se festeja desde hace más de 400 años porque los hermanos del convento San Francisco que está abajo se vinieron aquí (a La Recoleta) trayendo a ‘Santanita’ para construir este convento que era específicamente para las misiones, era un centro de recogimiento espiritual, personal y también físico, porque en aquellos tiempos, la misión duraba cinco a diez años, no era tan sencillo”, comentó el párroco de La Recoleta, padre Ancelmo Castro.
 
Centenares de fieles participaron ayer en la misa en su honor, luego la imagen de la patrona recorrió las calles del barrio Santa Ana, en procesión, a la cabeza del arzobispo emérito Jesús Pérez.

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  • Fuente Correo del Sur

Hay unas preguntas que suenan por acá y por allá en nuestro medio. ¿Por qué permite Dios tanto mal, tanta malicia? ¿Por qué  no castiga a los malhechores que vienen cometiendo tantas injusticias? ¿Por qué  Dios permite que tanta cizaña crezca junto al trigo, los malos con los buenos? El Papa Francisco califica al chisme de terrorismo, ¿por qué permite que hayan tantos chismosos? Dios mismo en las lecturas de la eucaristía de hoy nos da la respuesta. Se impone una reflexión a la luz de la primera lectura y el evangelio.

Cristo en el evangelio de hoy, Mateo 13, 24-43, nos regala tres parábolas muy breves que conviene leerlas con mucha calma y pidiendo a Dios que nos haga entender lo que quiere enseñarnos. La primera  parábola es la del grano de mostaza, una semilla pequeñísima que  da origen a un gran arbusto. La segunda es la levadura que a pesar de su  pequeño volumen, hace fermentar toda la masa. La  tercera parábola  es la del trigo que siembra un hombre en su campo, pero viene el enemigo y siembra la cizaña. El dueño del campo sembrado no se decide arrancar la cizaña para no hacer daño al trigo y espera a la cosecha para quemar la cizaña. El dueño tiene paciencia y espera a la hora de la cosecha. Jesús hace la explicación de la cizaña  a sus discípulos, cuando ya estaban en su casa. El que siembra la buena semilla  es el Hijo del Hombre. O sea. Jesús; el campo  es el mundo, la buena semilla son los ciudadanos de Reino; la cizaña  son los partidarios del Maligno; el enemigo que siembra es el diablo; la cosecha es el fin de los tiempos y los segadores son los ángeles.

La parábola de la cizaña es como dirigida a hombres que vienen del campo a sus hogares, después de una ardua tarea. Frente a todas las apariciones de la cizaña, resulta inevitable la fuerte tentación de arrancarla. El Señor quiere enseñarnos a obrar de otra forma. El Señor no quiere que seamos herbicidas. Más bien opta por la paciencia y espera hasta la  hora de la cosecha para acabar con la cizaña. Él nos llama más bien  a ser vivificadores.

Comúnmente hablamos de “sembrar cizaña” o  “meter cizaña” para referirnos a la acción de poner obstáculos a la armonía. La expresión  se origina en esta parábola. En realidad, la cizaña ya está sembrada y metida por el diablo.  “En el hombre existe mala levadura”, dice Rubén Darío en “los motivos de Lobo”. “Dentro de cada uno  hay el bien hay el mal”, completa la canción, “Viva la gente”. En todos nosotros hay la inclinación al mal que ha dejado  el pecado original, aunque ya está perdonado. Como dice el apóstol Pablo,  en todos existe una fuerza que nos lleva al bien y otra, que nos empuja al mal. No lo dudemos, la cizaña, está  sembrada en cada uno. La cosecha  será buena. La parábola nos enseña que  el presente es tiempo de  espera misericordiosa de Dios. Esta enseñanza va especialmente para padres y autoridades, para aprender la paciencia del que siendo todo poderoso sabe, como nadie, ser paciente con el mal y esperar a que el pecador se convierta. La indulgencia y la benevolencia es señal de poder. La serenidad es indicio de verdadera autoridad y amor. Las actitudes descontroladas revelan superficialidad y debilidad El  Espíritu  no se preocupa tanto en arrancar la mala bierva cuanto en hacer  la buena crecer semilla.

Sucre, 23 de julio de 2017

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

Arzobispo emérito de Sucre

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  • Autor Mons. Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

La Iglesia católica en el calendario litúrgico universal hace memoria de Nuestra Señora del Carmen. En Bolivia la celebramos con la categoría de solemnidad por ser la Patrona de nuestra Patria. Sin duda, que como Madre espiritual y Patrona de nuestra querida Patria acoge, protege y acompaña junto a su Hijo a todos los bolivianos que se acercan a ella con devoción filial. Ella ha acompañado  y protegido a nuestras Fuerzas Armadas en todo momento, en tantos acontecimientos de nuestra historia. El patronazgo de Bolivia está muy relacionado con la ciudad de Sucre y La Paz.

El siempre recordado Mons. Julio García Quintanilla, historiador, relata  un hecho que sucedió en Sucre, en 1850 cuando gobernaba la Nación el General Isidoro Belzu. Un día mientras paseaba a caballo por los jardines frente a la ex estación de ferrocarriles, fue atacado y herido de bala sorpresivamente. De forma milagrosa,  salvó la vida y prometió a la Virgen del Carmen hacerle un templo, pues atribuyó a Ella  el no haber muerto. Esta Iglesia fue concluida el 6 de septiembre de 1852.Ese día hubo una gran fiesta, presidida por los pocos obispos que, en ese entonces, tenía Bolivia. Estaban los miembros del Gobierno en pleno. Lamentablemente, esta Iglesia tan histórica, fue derruida en el siglo pasado para arreglos de la plaza  que actualmente embellecen ese lugar. A los 2 años de esta inauguración, en 1854, la Virgen María bajo la advocación  del Carmen fue declarada Patrona del Ejército Nacional y Patrona de Bolivia.  El entusiasmo y devoción  a la Virgen del pueblo boliviano hizo que este día fuera declarado feriado para todo el País.

La devoción a la Virgen María con la advocación del Carmen tiene su origen en la aparición que hiciera nuestra Señora al santo monje Simón Stock, quien por espacio  de 33 años hiciera penitencia en el tronco de una encina, en el año de 1251.  María, con una sonrisa amable le entregó  el escapulario del Carmen, mientras le decía: “Recibe, hijo mío, esta prenda de salud que te traigo para mis devotos en la tierra. El que muriere con ella, será dichoso, se liberará del fuego del infierno y entrará en la mansión de la bienaventuranza”. Esta promesa ha hallado  una formulación feliz en el conocido trílema del escapulario: “Protejo en la vida; ayudo en la muerte; salvo  más allá del sepulcro”. Conviene recordar que todas las apariciones particulares y  las palabras que se dicen haber habido, no forman parte de la doctrina que hay que creer.

El evangelio de Juan 2, 1-11 que se lee en nuestras eucaristías de hoy, nos relata el primer signo o milagro de Jesús: las bodas de Caná de Galilea en las que participó Jesús, María y los doce apóstoles. En un cierto momento de las bodas, María se percató que no había vino para aquellas fiestas de una semana y se dirigió a su Hijo, Jesús, y le dijo: “no tienen vino”. Con esta oración tan corta y segura del poder de Jesús, María arrancó el primer milagro de Jesús: la conversión de seis tinajas de agua, cada una de cien litros en vino. María no fue a contar a sus amigas o participantes que se estaba acabando el vino, sino que se dirigió a su Hijo, segura de que resolvería el problema. Mostró claramente lo que había dicho, “soy la servidora del Señor”. María, también hoy día, está muy cerca de sus hijos para ayudarnos. Elevemos nuestras oraciones por Bolivia y aprendamos de Ella a servir a los demás, siendo solidarios con las necesidades de todos.

Sucre, 16 de julio de 2017

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

Arzobispo de Sucre

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  • Autor Mons. Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

La Palabra de Dios en este domingo es una invitación a alegrarnos en Dios, con sencillez de corazón y a confiar en él, porque es “clemente y misericordioso, “cariñoso con todas sus creaturas”. Y porque es nuestro Maestro y Salvador, que es “manso y humilde de corazón” y nos ofrece alivio y descanso. El mensaje del evangelio es de gran consuelo para todos los que queremos seguir a Jesús, pero al mismo tiempo nos está invitando a entrar en la profundidad de Dios que, ante todo es amor. Toda la experiencia religiosa de la fe del cristiano, pasa por Cristo que revela al Padre y es el camino hacia él.

Es verdad que Jesús nos llama a conocer a su Padre Dios, pero para captar estos secretos de Dios, que él revela a los sencillos y humildes. Necesitamos vivir según el Espíritu, en tensión vigilante y alertada, pues carne y espíritu son antagónicos y, obviamente, excluyente el uno del otro como Pablo explica en la carta a los romanos de quien está tomada la segunda lectura. Por el bautismo, el cristiano se ha incorporado a Cristo y hemos pasado de la muerte a la vida de Dios, del pecado a la vida de la gracia, la vida según el Espíritu. ¡Qué hermoso es vivir en gracia de Dios!

Para no pocos, aún cristianos, lo espiritual suena como algo abstracto, remoto e irreal. Sin embargo, el espíritu es mucho más fuerte que la materia. Cuando se construye con fundamento material, siempre resulta más frágil que lo que tiene cimientos espirituales Así, por ejemplo, una amistad basada sobre realidades puramente materiales tendrá mucho menos profundidad. Y menos perspectivas que una amistad basada en la comunión espiritual entre amigos. Pero hemos de cuidarnos para no caer en confusiones. Lo espiritual no es negación o supresión de lo material. Más bien hay que decir que lo espiritual anima y vivifica todas nuestras realidades humanas y se expresa en gestos y actos corporales, a los que colma de sentido y dignidad. El espíritu santifica a la carne que anima.

En la Biblia la palabra carne no significa necesariamente lo corporal., sino una actitud ante la vida que se caracteriza por el ansia desenfrenada de placer, la sensualidad y el materialismo. También puede entenderse como el elemento primario, pasional, instintivo, en oposición a las decisiones ponderadas, auténticamente responsables y libres, propia de las personas abiertas a Dios y al prójimo. San Pablo establece la oposición entre quienes están “animados por la carne”, y quienes lo están por el espíritu. En este caso espíritu va con minúscula. Se refiere al alma, al elemento inmaterial e imperecedero  de la persona.

Pablo nos invita a vivir según el Espíritu de Dios. El Espíritu Santo habita en el corazón del que vive en gracia de Dios y en comunión con él. San Pablo nos dice: “¿No saben que son templo de Dios y que el Espíritu habita en ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él. El templo de Dios es sagrado, y ese templo son ustedes. ¡Qué hermoso pensar que el Espíritu, mora en nosotros! ¡Cuánto no podrá realizar el Espíritu en cada uno si le dejáramos actuar en nuestra vida! ¿Cuáles son nuestras necesidades espirituales y de nuestros prójimos?

Sucre, 9 de julio de 201

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F. M.

Arzobispo emérito de Sucre

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  • Autor Mons. Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

Hoy es el domingo trece del tiempo ordinario, el evangelio es de Mateo 16,37-42. Es la segunda parte del discurso sobre la misión. Tiene dos partes diferentes, con sus correspondientes consejos y consignas. En la primera, con formulaciones que a muchos les parecen exageradas. Jesús afirma la radicalidad del que le sigue; ni siquiera el afecto a los padres o a los hijos puede ser superior a la fidelidad que debemos tener para con él. El que quiera seguir a Jesús, “que tome su cruz y me siga” El que quiera ser el primero, sin componendas ni competencias, el amor a los enemigos, el perdón de las ofensas…. Todo es parte de la radicalidad.

Una joven formada cristianamente escribía a su novio: “solo te pido el segundo lugar en tu corazón, el primero resérvalo  para Cristo”. Reclamar el primer lugar en el corazón del otro equivale a abandonar la fuente y las sendas del amor verdadero para perderse en los andurriales del amor propio y el egoísmo, que lleva a la posesión indebida del otro. Es que amar es desear el bien del otro, y no cabe desear mayor bien a otro que desearle que ame a Cristo a más no poder. Un sano amor, desde la simple amistad de compañeros de colegio hasta el amor conyugal o maternal, debe sentirse feliz de cooperar a que crezca en los amados  el amor de Dios. Las palabras de Jesús no son un límite al amor, sin una orientación que le asegura autenticidad, permanencia y fecundidad.  Son como la señal vial que indica la curva en la carretera; no quiere ser el final del camino, sino un medio para no abandonarlo indebidamente.

Algunos pensaron cuando eligieron al Papa Francisco que las enseñanzas de Jesús serían cambiadas al gusto de algunos, se han imaginado un cristianismo a la carta. El amor misericordioso e infinito de Dios, la acogida a todos no es un signo de pactar con el mal y con todo lo que va contra la voluntad de Dios. Ser discípulo de Jesús siempre ha tenido muchas exigencias. Claramente Jesús nos dice en la línea del Antiguo como en el Nuevo Testamento: “amarás al Señor con todas tus fuerzas, con toda el alma y con todo el corazón”.  Los cristianos no creemos tanto en un libro –la Biblia- , unos dogmas, sino principalmente en Cristo. Es el mismo Jesús quien nos pide ciertas renuncias para ser fieles a la voluntad de Dios.

No es que tengamos que rechazar el afecto a la familia o que Jesús esté aquí aboliendo el cuarto mandamiento. Tampoco nos está invitando a descuidar la defensa de nuestra vida. Pero tenemos que subordinar todos nuestros intereses, por muy buenos que sean, al seguimiento de Cristo. Siempre los demás valores son penúltimos o secundarios. Cuando tengamos que optar entre la fidelidad a Cristo y la incomprensión o las persecuciones familiares, sociales y políticas, tendremos que optar claramente por Dios, como han hecho y siguen haciendo tantos cristianos, especialmente los mártires. No hay duda, el lenguaje del evangelio de hoy es de un corte radical y de estilo profético, incisivo, casi rudo, sin matices ni atenuantes. Es un evangelio molesto, pues nos recuerda una de sus páginas más incomodas. Debido a la dureza, cualquiera está tentado a pasarlo por alto. La demanda de amor de Cristo, expresada en la radicalidad, tiene una contrapartida plenificante, el premio de la vida eterna.

Sucre, 2 de julio de 2017

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

Arzobispo emérito de Sucre

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  • Autor Mons. Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

La Iglesia celebra cada domingo la victoria, el triunfo sobre la muerte y el pecado, recordando la salida triunfante de Jesús del sepulcro con nueva vida, la vida gloriosa de resucitado. La muerte no tenía ni tiene la última palabra sino la vida, la cual llegó con la muerte gloriosa de Cristo que volvió de la muerte a la vida. Los domingos son los momentos privilegiados para reavivar la vida triunfante que tenemos y en plenitud la tendremos en el más allá. Son días de reafirmar nuestra fe en la pertenencia a la Iglesia de Cristo. Vivir el “Día del Señor” con la conciencia de que aunque no veamos físicamente a Cristo, Él está presente en los hermanos reunidos en nombre del Señor. El esfuerzo para reunirnos, la escucha de la Palabra, la recepción del Cuerpo del Señor. Todo esto nos ayuda a liberarnos del miedo y sentirnos discípulos valientes de Jesús.

Siguiendo el discurso del domingo pasado en que Jesús eligió a los doce apóstoles -apóstol quiere decir enviado- para animarlos les dijo: “no tengan miedo a los hombres que matan el cuerpo y no pueden matar el alma”, ni la libertad interior. Más aún “si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de parte suya ante mi Padre del cielo”. Testimonio por testimonio, no quedará sin recompensa nuestra fidelidad a Cristo. Y al revés, “si alguien me niega ante los hombres, yo también le negaré ante mi Padre”. A eso sí que tendríamos que tener miedo; a defraudar a Cristo en nuestra vida. Tres veces en el evangelio de hoy, en el evangelio de Mateo 10, 26-33, nos repite esta llamada de atención: “no tengan miedo”. Parece como el desarrollo de la ´´ultima bienaventuranza, en el capítulo 5 de san Mateo: “bienaventurados si los persiguen”.

En la vida animal como la humana ha existo siempre el miedo. En los cristianos también existe el miedo de diversas formas. Hasta Jesús sintió miedo en el Huerto de los Olivos. En la primera lectura de hoy, del profeta Jeremías, se manifiesta claramente el miedo que tiene. Él se vio tentado de dejar el ministerio que el Señor le había encargado de ser profeta para el pueblo. Quiso dejarlo todo, pero la fuerza de Dios era más fuerte que la tentación y se vio como forzado a anunciar los mensajes del Dios, sobre todo a los gobernantes. Él pudo cantar con alegría: “El Señor es mi fuerza y salvación”.

El miedo como la alegría, son ingobernables y surgen sin pedir permiso. No sólo a los discípulos de entonces, sino a los cristianos de ahora, el miedo les llega. Hay bastantes cristianos con miedo, y el que diga que no tiene miedo, vaya viendo como practica los mandamientos de Dios, las llamadas de Dios para que viva de otra forma…Uno de los miedos, es el miedo religioso. También abundan los cristianos miedosos en el mundo entero, frente a un ambiente social poco favorable a vivir la fe en Cristo. Otra de las tentaciones se disfraza de silencio cauteloso, como la más frecuente del creyente actual. El miedo lleva a muchos a disimular sus creencias en las relaciones sociales, de amistad, en la vida laboral, cívica y, sobre todo, en lo político. La fe se pone a prueba y se constata el miedo o respeto humano, ante los criterios tan generalizados sobre el amor y la familia, el sexo y la pareja, matrimonio y divorcio, vida y aborto, dinero y honestidad profesional, fe y compromiso cívico y político... San Pablo declaraba “no avergonzarse del Evangelio”.

Sucre, 25 de junio de 2017

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

Arzobispo emérito de Sucre

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  • Autor Mons. Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

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