Martes 12 de Febrero de 2013 20:23

La verdadera causa de la renuncia del Papa

Tengo 23 años y aún no entiendo muchas cosas. Y hay muchas cosas que no se pueden entender a las 8:00 am cuando me hablaron para decirme escuetamente: "Daniel, el papa dimitió." Yo apresuradamente contesté: "¿Dimitió?". La respuesta era más que obvia, "O sea renunció, ¡Daniel, el papa renunció!"

El Papa renunció. Así amanecerán un sin fin de periódicos esta mañana, así amaneció el día para la mayoría, así de rápido perdieron la fe unos cuantos y otros muchos la reforzaron. Y que renunciara, es de esas cosas, que no se entienden.

Yo soy católico. Uno de tantos. De esos que durante su infancia fue llevado a misa, luego creció y le agarró apatía. En algún punto me llevé de la calle todas mis creencias y a la Iglesia de paso, pero la Iglesia no está para ser llevada ni por mí, ni por nadie (ni por el Papa). En algún punto de mi vida, le volví a agarrar cariño a mi parte espiritual (muy de la mano con lo que conlleva enamorarse de la chavita que va a misa, y dos extraordinarios guías llamados padres), y así de banal, y así de sencillo, recontinué un camino en el que hoy digo: Yo soy católico. Uno de muchos, si, pero católico al fin. Pero así fuera un doctor en teología, o un analfabeta de las escrituras (de esos que hay millones), lo que todo mundo sabe es que el Papa es el Papa. Odiado, amado, objeto de burlas y oraciones, el Papa es el Papa, y el Papa se muere siendo Papa. Por eso hoy cuando amanecí con la noticia, yo, al igual que millones de seres humanos... nos preguntamos ¿porqué?. ¿Porqué renuncia, señor Ratzinger?. ¿Le entró el miedo?. ¿Se lo comió la edad? ¿Perdió la fe? ¿La ganó? Y hoy, después de 12 horas, creo que encontré la respuesta: El señor Ratzinger, ha renunciado toda su vida. Así de sencillo.

El Papa renunció a una vida normal. Renunció a tener una esposa. Renunció a tener hijos. Renunció a ganar un sueldo. Renunció a la mediocridad. Renunció a las horas de sueño, por las horas de estudio. Renunció a ser un cura más, pero también renunció a ser un cura especial. Renunció a llenar su cabeza de Mozart, para llenarla de teología. Renunció a llorar en los brazos de sus padres. Renunció a, teniendo 85 años, estar jubilado, disfrutando a sus nietos en la comodidad de su hogar y al calor de una fogata. Renunció a disfrutar su país. Renunció a tomarse días libres. Renunció a su vanidad. Renunció a defenderse contra los que lo atacaban. Vaya, me queda claro, que el Papa fue un tipo apegado a la renuncia.

Y hoy, me lo vuelve a demostrar. Un Papa que renuncia a su pontificado cuando sabe que la Iglesia no está en sus manos, sino en la de algo o alguien mayor, me parece un Papa sabio. Nadie es más grande que la Iglesia. Ni el Papa, ni sus sacerdotes, ni sus laicos, ni los casos de pederastia, ni los casos de misericordia. Nadie es más que ella. Pero ser Papa a estas alturas del mundo, es un acto de heroísmo (de esos que se hacen a diario en mi país y nadie nota). Recuerdo sin duda, las historias del primer Papa. Un tal...Pedro. ¿Cómo murió? Sí, en una cruz, crucificado igual que a su maestro, pero de cabeza. Hoy en día, Ratzinger se despide igual. Crucificado por los medios de comunicación, crucificado por la opinión pública y crucificado por sus mismos hermanos católicos. Crucificado a la sombra de alguien más carismático. Crucificado en la humildad, esa que duele tanto entender. Es un mártir contemporáneo, de esos a los que se les pueden inventar historias, a esos de los que se les puede calumniar, a esos de los que se les puede acusar, y no responde. Y cuando responde, lo único que hace es pedir perdón. 'Pido perdón por mis defectos'. Ni más, ni menos. ¡Qué pantalones!, que clase de ser humano. Podría yo ser mormón, ateo, homosexual y abortista, pero ver a un tipo, del que se dicen tantas cosas, del que se burla tanta gente, y que responda así... ese tipo de personas ya no se ven en nuestro mundo.

Vivo en un mundo donde es chistoso burlarse del Papa, pero pecado mortal burlarse de un homosexual (y además ser tachado de paso como mocho, intolerante, fascista, derechista y nazi). Vivo en un mundo donde la hipocresía alimenta las almas de todos nosotros. Donde podemos juzgar a un tipo de 85 años que quiere lo mejor para la institución que representa, pero le damos con todo porque "¿con qué derecho renuncia?". Claro, porque en el mundo NADIE renuncia a nada. A nadie le da flojera ir a la escuela. A nadie le da flojera ir a trabajar. Vivo en un mundo donde todos los señores de 85 años están activos y trabajando (sin ganar dinero) y ayudan a las masas. Sí, claro.

Pues ahora sé, señor Ratzinger, que vivo en un mundo que lo va a extrañar. En un mundo que no leyó sus libros, ni sus encíclicas, pero que en 50 años recordará cómo, con un simple gesto de humildad, un hombre fue Papa, y cuando vio que había algo mejor en el horizonte, decidió apartarse por amor a su Iglesia. Va a morir tranquilo señor Ratzinger. Sin homenajes pomposos, sin un cuerpo exhibido en San Pedro, sin miles llorándole aguardando a que la luz de su cuarto sea apagada. Va a morir, como vivió aún siendo Papa: humilde.

¡Benedicto XVI, muchas gracias por renunciar!


Sólo quiero pedir mi más humilde y sincera disculpa, si alguien se sintió ofendido o insultado con mi artículo. Considero a cada uno (aún mormones, homosexuales, ateos y abortistas) como un hermano mío, ni más, ni menos. Sonrían, que vale la pena ser feliz.

 

Tomado del blog: Aquí estoy OEHD (el autor tiene 23 años, su nombre es Daniel y es fotógrafo)

Categoria Análisis

La comunidad cristiana vive exultante especialmente en este tiempo de Pascua la mayor de las alegrías que el ser humano podía recibir: La buena noticia de que Jesucristo ha resucitado. En los diversos relatos evangélicos de las apariciones del Resucitado se muestra que no se trata de visiones subjetivas de quienes las experimentan sino de vivencias extraordinarias de testigos a quienes se presenta el mismo Jesús después de resucitar de la muerte. No se trata de un fantasma sino de una persona real, cuya identidad es la misma, pero ahora definitivamente transfigurada por la Resurrección.

El relato de la doble aparición del Resucitado a los discípulos y a Tomás en el cuarto evangelio (Jn 20,19-31) subraya la identidad del crucificado y resucitado, destaca la donación del Espíritu del Resucitado a los apóstoles y resalta que el medio adecuado para comunicar la fe en el Resucitado es el testimonio y la palabra. La victoria sobre la muerte y sobre el mal es el comienzo de la nueva creación. Es la intervención definitiva de Dios en la historia suscitando con Cristo una nueva humanidad. Este motivo de inmensa alegría abre un horizonte inaudito de esperanza para la vida humana, pero podría ser mera ilusión o fantasía si no fuera porque va íntimamente vinculado a una historia singular de esta tierra, a una persona que lleva en su cuerpo las marcas indelebles del sufrimiento por amar a los demás hasta el extremo de dar la vida. El realismo de la muerte violenta e injusta sufrida por Jesús como víctima de los poderes de este mundo ha dejado la huella imborrable de la limitación humana en aquel cuyo amor ha traspasado definitivamente el límite en virtud de su apertura al Espíritu transformador de Dios. La losa del sepulcro ha sido removida desde las entrañas de la tierra. La muerte ha sido vencida desde dentro.

Desde entonces, este Jesús, Señor de la muerte y la vida, sigue dando su aliento de vida, soplando su fuerza de amor e infundiendo su Espíritu divino a la humanidad entera. Juan cuenta la comunicación del Espíritu por parte de Jesús como un nuevo aliento, una nueva atmósfera, un nuevo brío: “Recibid Espíritu santo”. La resurrección de Cristo es el acontecimiento decisivo de transformación del ser humano en su proceso evolutivo filogenético, pues el Espíritu de Cristo dan un nuevo vigor al ser humano, que quiera recibirlo. En el segundo relato de la creación del libro del Génesis (Gn 2, 4-25) se cuenta que el hombre recibió el aliento de Dios y se convirtió en ser vivo. De modo semejante, en la nueva creación el ser humano recibe el aliento de Jesús y se convierte en Hombre Nuevo. Este cambio cualitativo en el hombre es un fenómeno del Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos, y que ha convulsionado la tierra entera difundiendo por doquier la potencia de su amor. Este Espíritu se hace presente en la historia de modo singular como palabra generadora de vida nueva. La palabra es soplo, aliento, aire y espíritu articulado, cuya potencia es vital. Pero Jesús lo sigue haciendo desde dentro de la historia, en medio del sufrimiento y de la injusticia de la vida humana, a través de la palabra y del testimonio de los creyentes. Creer en el resucitado es seguir al crucificado y reconocer al Jesús de la cruz como Mesías, Señor e Hijo de Dios. Esta fe genera un nuevo estilo de vida que supera todos los miedos y se nutre continuamente de los dones del Espíritu: la paz verdadera y la alegría plena. La efusión del Espíritu según el cuarto evangelio acontece el mismo día de la resurrección y se presenta de un modo muy personal. Es el mismo Jesús resucitado, inconfundible por las señales propias de su crucifixión en las manos y el costado, el que exhala sobre los discípulos su aliento y su Espíritu, de modo que éstos sean receptores y, a la vez, testigos de la paz, de la alegría y del perdón en el mundo.

Estos tres dones capitales del Espíritu del Resucitado constituyen valores esenciales del hombre nuevo pues el perdón es la vivencia espiritual realmente regeneradora de la humanidad en todos sus ámbitos, ya que es la experiencia rehabilitadora del corazón humano. Y desde esta experiencia será posible la paz y la alegría verdaderas. La paz personal de la vida interior como acción eficaz del Espíritu en cada cual nace de la vivencia profunda y permanente del perdón de Dios.

José Cervantes Gabarrón, sacerdote misionero y profesor de Sagrada Escritura

Categoria Destacadas

«¿Cómo podemos dar un testimonio convincente si estamos divididos?». Desde la perspectiva de la nueva evangelización, el Papa introdujo esta mañana, miércoles 18 de enero, durante la audiencia general, la Semana de oración por la unidad de los cristianos, durante la cual —desde hoy hasta el miércoles 25— se reza en todas las iglesias por el don de la comunión plena. Un gran desafío para la nueva evangelización, dijo el Pontífice, porque será «más fructuosa si todos los cristianos anuncian juntos la verdad del Evangelio de Jesucristo y dan una respuesta común a la sed espiritual de nuestros tiempos».

Benedicto XVI aprovechó la ocasión de la coincidencia del inicio de la Semana con la audiencia general para recorrer el itinerario histórico de una celebración organizada por primera vez en 1908 por Paul Wattson, fundador de una comunidad anglicana que posteriormente entró en la Iglesia católica. Después, con la bendición de san Pío X, la iniciativa fue «promovida» y «animada» por Benedicto XV con el breve Romanorum Pontificum del 25 de febrero de 1916.

Enriquecida a lo largo de los años, la celebración hoy se desarrolla a través de la colaboración de un grupo mixto compuesto por representantes de la Iglesia católica y «por un grupo ecuménico —explicó el Pontífice— de una región diversa del mundo» encargado de preparar los materiales para la oración. Este año le tocó el turno a Polonia. Una circunstancia, notó el Papa, que ayudará a reflexionar sobre «la gran fuerza con que la fe cristiana sostiene en medio de pruebas y dificultades», como las que han caracterizado la historia de Polonia», que, después de atravesar un período de convivencia democrática y de libertad religiosa, en los últimos siglos «ha estado marcada por invasiones y derrotas, pero también por la lucha constante contra la opresión y por la sed de libertad», con un entramado de victorias y derrotas, hasta el descubrimiento de la victoria definitiva del amor en Cristo. De aquí la elección del tema para la Semana de este año: «Todos seremos transformados por la victoria de Jesucristo, nuestro Señor» (cf. 1 Co 15, 51-58).

Benedicto XVI reflexionó luego brevemente sobre el estado actual del camino hacia la unidad de todos los cristianos. Para alcanzar esta meta, dijo, es necesario orar a fin de obtener ante todo una conversión interior «tanto común como personal». No se trata, por lo tanto, de buscar actitudes formales de cordialidad o de cooperación. Al contrario, resulta absolutamente necesario «fortalecer nuestra fe en Dios», en aquel Dios que «se hizo uno de nosotros», y captar «todos los elementos de unidad que Dios ha conservado para nosotros».

A la luz de estas consideraciones el Papa destacó la naturaleza del don divino de la unidad de los cristianos. Así pues, no es un accesorio, sino el centro de la obra misma de Cristo. Por eso, forma parte de la responsabilidad de todo bautizado, llamado a estar y a trabajar juntamente «por la victoria, en Cristo, sobre todo lo que es pecado, mal, injusticia y violación de la dignidad del hombre».

Ciertamente, como reconoció de forma realista Benedicto XVI, el camino que queda por recorrer todavía es largo; las divisiones entre los cristianos permanecen, aunque «por lo que se refiere a las verdades fundamentales de la fe, nos une mucho más de lo que nos divide». Precisamente en virtud de estas consideraciones es necesario fortalecer la oración. Sobre todo con vistas a la nueva evangelización, que podrá ser «más fructuosa» si todos anuncian juntos el Evangelio.

Categoria Análisis
Sábado 07 de Enero de 2012 13:59

RENUNCIAS Y NOMBRAMIENTOS

SIERRA LEONA

El Santo Padre Benedicto XVI aceptó la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Makeni (Sierra Leona), presentado por el obispo George Biguzzi, SX, de acuerdo con el canon 401 § 1 del Código de Derecho Canónico.

El Papa ha nombrado obispo de la diócesis de Makeni (Sierra Leona) el Rev.do Aruna Henry, el clero de Kenema, Secretario General de la Conferencia de Obispos de Gambia y Sierra Leona.

Aruna Henry Rev.do
El Rev.do Aruna Henry nació 02 de agosto 1964 en Yemandu de la Diócesis de Kenema. Completó sus estudios de primaria en San Escuela Primaria de Pablo y las escuelas secundarias de la Escuela Secundaria Santísima Trinidad en Kenema. De 1982 a 1984 asistió al seminario menor de San Kizito Kenema, donde completó entonces el curso de preparación en 1985. Estudió filosofía por primera vez en San Pablo Colegio Seminario de Gbarnga, Liberia, y luego a Makeni, Sierra Leona, donde recibió su Licenciatura en Filosofía (1985-1989) y teología (1989-1922).
Fue ordenado 16 de abril 1993 y en la diócesis de la ordenación Kenema.Dopo, ocupó los siguientes cargos: 1993-1995: Vicario en la parroquia de la culpa, 1995-1996: Administrador de la misión católica entre los refugiados, en colaboración con Cáritas y el ACNUR, 1996-1999: Profesor en el Seminario Mayor de San Pablo en Makeni, en 1997, tuvo un breve curso en la educación religiosa: Consejería, de crecimiento humano, la espiritualidad y el Desarrollo en el Instituto de San Anselmo, Kent, Inglaterra, 1999-2011: Estudios para la Licenciatura en Filosofía por la ' Universidad Urbaniana en Roma, 2001-2009: Profesor en el Seminario Mayor de San Pablo en Freetown, donde se desempeñó como Decano de Estudios y Ciencias Económicas, 2004-2005: Maestría en Educación en la Universidad de Sierra Leona.
Desde 2008 es Secretario de la Conferencia de Obispos de Gambia y Sierra Leona y el Director Nacional de las OMP.

KENIA

El Santo Padre ha nombrado Obispo de la diócesis de Ngong (Kenia) el Rev.do Oballe Owaa John, Rector y Profesor del Seminario Mayor Nacional de San Tomás de Aquino en Nairobi.

John Rev.do Oballe Owaa
El Rev.do Oballe Owaa Juan nació 28 de agosto 1958 en la parroquia de Aher, Arquidiócesis de Kisumu. Estudió filosofía en el seminario de San actualizado Agustín (1980-1982) y teología en el Seminario Mayor Nacional de San Tomás de Aquino (1982-1986).
Fue ordenado sacerdote el 28 de agosto de 1986 y incardinado en la Archidiócesis de Kisumu.
Después de sacedotale ordenación ha ocupado los siguientes cargos: 1986-1988: Vicario Parroquial, y la Catedral de Kibuye, 1989-1990: suplencias tenens, Barkorwa, la Iglesia Católica, 1991-1997: Estudios para la licenciatura y el doctorado en derecho canónico de la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma, al mismo tiempo, también obtuvo un Diploma en Derecho por la Universidad Gregoriana, 1995-1997: Oficiales del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, 1998-2010: Sacerdote de la Parroquia de Ojolla, 1999-2001: Secretario y Director de Finanzas de la Arquidiócesis de Kisumu, 2004-2010: Vicario General de la Arquidiócesis de Kisumu.
Desde 2010 ha sido Rector del Seminario Mayor Nacional de San Tomás de Aquino en Nairobi.

ROMA

El Papa nombró Consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe Rev.do P. Serge Thomas Bonino, OP, Secretario General de la Comisión Teológica Internacional.

Categoria Europa
Viernes 09 de Diciembre de 2011 07:29

Homilía: testigos de luz

La fe cristiana ha nacido del encuentro sorprendente que ha vivido un grupo de hombres y mujeres con Jesús. Todo comienza cuando estos discípulos y discípulas se ponen en contacto con él y experimentan "la cercanía salvadora de Dios". Esa experiencia liberadora, transformadora y humanizadora que viven con Jesús es la que ha desencadenado todo. Su fe se despierta en medio de dudas, incertidumbres y malentendidos mientras lo siguen por los caminos de Galilea. Queda herida por la cobardía y la negación cuando es ejecutado en la cruz. Se reafirma y vuelve contagiosa cuando lo experimentan lleno de vida después de su muerte.

Por eso, si a lo largo de los años, no se contagia y se transmite esta experiencia de unas generaciones a otras, se introduce en la historia del cristianismo una ruptura trágica. Los obispos y presbíteros siguen predicando el mensaje cristiano. Los teólogos escriben sus estudios teológicos. Los pastores administran los sacramentos. Pero, si no hay testigos capaces de contagiar algo de lo que se vivió al comienzo con Jesús, falta lo esencial, lo único que puede mantener viva la fe en él.

En nuestras comunidades estamos necesitados de estos testigos de Jesús. La figura del Bautista, abriéndole camino en medio del pueblo judío, nos anima a despertar hoy en la Iglesia esta vocación tan necesaria. En medio de la oscuridad de nuestros tiempos necesitamos «testigos de la luz».

Creyentes que despierten el deseo de Jesús y hagan creíble su mensaje. Cristianos que, con su experiencia personal, su espíritu y su palabra, faciliten el encuentro con él. Seguidores que lo rescaten del olvido y de la relegación para hacerlo más visible entre nosotros.

Testigos humildes que, al estilo del Bautista, no se atribuyan ninguna función que centre la atención en su persona robándole protagonismo a Jesús. Seguidores que no lo suplanten ni lo eclipsen. Cristianos sostenidos y animados por él, que dejan entrever tras sus gestos y sus palabras la presencia inconfundible de Jesús vivo en medio de nosotros.

Los testigos de Jesús no hablan de sí mismos. Su palabra más importante es siempre la que le dejan decir a Jesús. En realidad el testigo no tiene la palabra. Es solo «una voz» que anima a todos a «allanar» el camino que nos puede llevar a él. La fe de nuestras comunidades se sostiene también hoy en la experiencia de esos testigos humildes y sencillos que en medio de tanto desaliento y desconcierto ponen luz pues nos ayudan con su vida a sentir la cercanía de Jesús.

11 de diciembre de 2011
3 Adviento (B)
Juan 1,5-8.19-28

*José Antonio Pagola ha sido profesor de Cristología, rector del Seminario de San Sebastián, vicario general de la diócesis donostiarra durante más de dos décadas y, actualmente, dirige el Instituto de Teología y Pastoral. Él reconoce: “tener la suerte de poder dedicarme a estudiar y dar a conocer a Jesús”.

Artículo reproducido con autorización del autor y publicado originalmente en su blog: Buenas Noticias

Categoria Análisis
Viernes 09 de Diciembre de 2011 07:29

Homilía: testigos de luz

La fe cristiana ha nacido del encuentro sorprendente que ha vivido un grupo de hombres y mujeres con Jesús. Todo comienza cuando estos discípulos y discípulas se ponen en contacto con él y experimentan "la cercanía salvadora de Dios". Esa experiencia liberadora, transformadora y humanizadora que viven con Jesús es la que ha desencadenado todo. Su fe se despierta en medio de dudas, incertidumbres y malentendidos mientras lo siguen por los caminos de Galilea. Queda herida por la cobardía y la negación cuando es ejecutado en la cruz. Se reafirma y vuelve contagiosa cuando lo experimentan lleno de vida después de su muerte.

Por eso, si a lo largo de los años, no se contagia y se transmite esta experiencia de unas generaciones a otras, se introduce en la historia del cristianismo una ruptura trágica. Los obispos y presbíteros siguen predicando el mensaje cristiano. Los teólogos escriben sus estudios teológicos. Los pastores administran los sacramentos. Pero, si no hay testigos capaces de contagiar algo de lo que se vivió al comienzo con Jesús, falta lo esencial, lo único que puede mantener viva la fe en él.

En nuestras comunidades estamos necesitados de estos testigos de Jesús. La figura del Bautista, abriéndole camino en medio del pueblo judío, nos anima a despertar hoy en la Iglesia esta vocación tan necesaria. En medio de la oscuridad de nuestros tiempos necesitamos «testigos de la luz».

Creyentes que despierten el deseo de Jesús y hagan creíble su mensaje. Cristianos que, con su experiencia personal, su espíritu y su palabra, faciliten el encuentro con él. Seguidores que lo rescaten del olvido y de la relegación para hacerlo más visible entre nosotros.

Testigos humildes que, al estilo del Bautista, no se atribuyan ninguna función que centre la atención en su persona robándole protagonismo a Jesús. Seguidores que no lo suplanten ni lo eclipsen. Cristianos sostenidos y animados por él, que dejan entrever tras sus gestos y sus palabras la presencia inconfundible de Jesús vivo en medio de nosotros.

Los testigos de Jesús no hablan de sí mismos. Su palabra más importante es siempre la que le dejan decir a Jesús. En realidad el testigo no tiene la palabra. Es solo «una voz» que anima a todos a «allanar» el camino que nos puede llevar a él. La fe de nuestras comunidades se sostiene también hoy en la experiencia de esos testigos humildes y sencillos que en medio de tanto desaliento y desconcierto ponen luz pues nos ayudan con su vida a sentir la cercanía de Jesús.

11 de diciembre de 2011
3 Adviento (B)
Juan 1,5-8.19-28

*José Antonio Pagola ha sido profesor de Cristología, rector del Seminario de San Sebastián, vicario general de la diócesis donostiarra durante más de dos décadas y, actualmente, dirige el Instituto de Teología y Pastoral. Él reconoce: “tener la suerte de poder dedicarme a estudiar y dar a conocer a Jesús”.

Artículo reproducido con autorización del autor y publicado originalmente en su blog: Buenas Noticias

Categoria Análisis
Sábado 03 de Diciembre de 2011 09:01

Homilía: Buena noticia

A lo largo de este nuevo año litúrgico los cristianos iremos leyendo los domingos el evangelio de Marcos. Su pequeño escrito arranca con este título: «Comienza la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios». Estas palabras nos permiten evocar algo de lo que encontraremos en su relato. Con Jesús «comienza» algo nuevo. Es lo primero que quiere dejar claro Marcos. Todo lo anterior pertenece al pasado. Jesús es el comienzo de algo nuevo e inconfundible. En el relato, Jesús dirá que "el tiempo se ha cumplido". Con él llega la Buena Noticia de Dios.

Esto es lo que están experimentando los primeros cristianos. Quien se encuentra vitalmente con Jesús y penetra un poco en su misterio, sabe que empieza una vida nueva, algo que nunca había experimentado anteriormente.

Lo que encuentran en Jesús es una «Buena Noticia». Algo nuevo y bueno. La palabra «Evangelio» que emplea Marcos es muy frecuente entre los primeros seguidores de Jesús y expresa lo que sienten al encontrarse con él. Una sensación de liberación, alegría, seguridad y desaparición de miedos. En Jesús se encuentran con "la salvación de Dios".

Cuando alguien descubre en Jesús al Dios amigo del ser humano, el Padre de todos los pueblos, el defensor de los últimos, la esperanza de los perdidos, sabe que no encontrará una noticia mejor. Cuando conoce el proyecto de Jesús de trabajar por un mundo más humano, digno y dichoso, sabe que no podrá dedicarse a nada más grande.

Esta Buena Noticia es Jesús mismo, el protagonista del relato que va a escribir Marcos. Por eso, su intención primera no es ofrecernos doctrina sobre Jesús ni aportarnos información biográfica sobre él, sino seducirnos para que nos abramos a la Buena Noticia que sólo podremos encontrar en él.

Marcos le atribuye a Jesús dos títulos: uno típicamente judío, el otro más universal. Sin embargo reserva a los lectores alguna sorpresa. Jesús es el «Mesías» al que los judíos esperaban como liberador de su pueblo. Pero un Mesías muy diferente del líder guerrero que muchos anhelaban para destruir a los romanos. En su relato, Jesús es descrito como enviado por Dios para humanizar la vida y encauzar la historia hacia su salvación. Es la primera sorpresa.

Jesús es «Hijo de Dios», pero no dotado del poder y la gloria que algunos hubieran imaginado. Un Hijo de Dios profundamente humano, tan humano que sólo Dios puede ser así. Sólo cuando termina su vida de servicio a todos, ejecutado en una cruz, un centurión romano confiesa: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios". Es la segunda sorpresa.

4 de diciembre de 2011
2 Adviento (B)

*José Antonio Pagola ha sido profesor de Cristología, rector del Seminario de San Sebastián, vicario general de la diócesis donostiarra durante más de dos décadas y, actualmente, dirige el Instituto de Teología y Pastoral. Él reconoce: “tener la suerte de poder dedicarme a estudiar y dar a conocer a Jesús”.

Artículo reproducido con autorización del autor y publicado originalmente en su blog: Buenas Noticias

Imagen tomada de ChL-La Buena Noticia 

Categoria Análisis
Sábado 03 de Diciembre de 2011 09:01

Homilía: Buena noticia

A lo largo de este nuevo año litúrgico los cristianos iremos leyendo los domingos el evangelio de Marcos. Su pequeño escrito arranca con este título: «Comienza la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios». Estas palabras nos permiten evocar algo de lo que encontraremos en su relato. Con Jesús «comienza» algo nuevo. Es lo primero que quiere dejar claro Marcos. Todo lo anterior pertenece al pasado. Jesús es el comienzo de algo nuevo e inconfundible. En el relato, Jesús dirá que "el tiempo se ha cumplido". Con él llega la Buena Noticia de Dios.

Esto es lo que están experimentando los primeros cristianos. Quien se encuentra vitalmente con Jesús y penetra un poco en su misterio, sabe que empieza una vida nueva, algo que nunca había experimentado anteriormente.

Lo que encuentran en Jesús es una «Buena Noticia». Algo nuevo y bueno. La palabra «Evangelio» que emplea Marcos es muy frecuente entre los primeros seguidores de Jesús y expresa lo que sienten al encontrarse con él. Una sensación de liberación, alegría, seguridad y desaparición de miedos. En Jesús se encuentran con "la salvación de Dios".

Cuando alguien descubre en Jesús al Dios amigo del ser humano, el Padre de todos los pueblos, el defensor de los últimos, la esperanza de los perdidos, sabe que no encontrará una noticia mejor. Cuando conoce el proyecto de Jesús de trabajar por un mundo más humano, digno y dichoso, sabe que no podrá dedicarse a nada más grande.

Esta Buena Noticia es Jesús mismo, el protagonista del relato que va a escribir Marcos. Por eso, su intención primera no es ofrecernos doctrina sobre Jesús ni aportarnos información biográfica sobre él, sino seducirnos para que nos abramos a la Buena Noticia que sólo podremos encontrar en él.

Marcos le atribuye a Jesús dos títulos: uno típicamente judío, el otro más universal. Sin embargo reserva a los lectores alguna sorpresa. Jesús es el «Mesías» al que los judíos esperaban como liberador de su pueblo. Pero un Mesías muy diferente del líder guerrero que muchos anhelaban para destruir a los romanos. En su relato, Jesús es descrito como enviado por Dios para humanizar la vida y encauzar la historia hacia su salvación. Es la primera sorpresa.

Jesús es «Hijo de Dios», pero no dotado del poder y la gloria que algunos hubieran imaginado. Un Hijo de Dios profundamente humano, tan humano que sólo Dios puede ser así. Sólo cuando termina su vida de servicio a todos, ejecutado en una cruz, un centurión romano confiesa: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios". Es la segunda sorpresa.

4 de diciembre de 2011
2 Adviento (B)

*José Antonio Pagola ha sido profesor de Cristología, rector del Seminario de San Sebastián, vicario general de la diócesis donostiarra durante más de dos décadas y, actualmente, dirige el Instituto de Teología y Pastoral. Él reconoce: “tener la suerte de poder dedicarme a estudiar y dar a conocer a Jesús”.

Artículo reproducido con autorización del autor y publicado originalmente en su blog: Buenas Noticias

Imagen tomada de ChL-La Buena Noticia 

Categoria Análisis
Viernes 25 de Noviembre de 2011 13:16

Homilía: La casa de Jesús

Jesús está en Jerusalén, sentado en el monte de Los Olivos, mirando hacia el Templo y conversando confidencialmente con cuatro discípulos: Pedro, Santiago, Juan y Andrés. Los ve preocupados por saber cuándo llegará el final de los tiempos. A él, por el contrario, le preocupa cómo vivirán sus seguidores cuando ya no le tengan entre ellos. Por eso, una vez más les descubre su inquietud: «Mirad, vivid despiertos». Después, dejando de lado el lenguaje terrorífico de los visionarios apocalípticos, les cuenta una pequeña parábola que ha pasado casi desapercibida entre los cristianos.

«Un señor se fue de viaje y dejó su casa». Pero, antes de ausentarse, «confió a cada uno de sus criados su tarea». Al despedirse, sólo les insistió en una cosa: «Vigilad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa». Que cuando venga, no os encuentre dormidos.

El relato sugiere que los seguidores de Jesús formarán una familia. La Iglesia será "la casa de Jesús" que sustituirá a "la casa de Israel". En ella todos son servidores. No hay señores. Todos vivirán esperando al único Señor de la casa: Jesús el Cristo. No lo olvidarán jamás.

En la casa de Jesús nadie ha de permanecer pasivo. Nadie se ha de sentir excluido, sin responsabilidad alguna. Todos son necesarios. Todos tienen alguna misión confiada por él. Todos están llamados a contribuir a la gran tarea de vivir como Jesús al que han conocido siempre dedicado a servir al reino de Dios.

Los años irán pasando. ¿Se mantendrá vivo el espíritu de Jesús entre los suyos? ¿Seguirán recordando su estilo servicial a los más necesitados y desvalidos? ¿Lo seguirán por el camino abierto por él? Su gran preocupación es que su Iglesia se duerma. Por eso, les insiste hasta tres veces: «vivid despiertos". No es una recomendación a los cuatro discípulos que lo están escuchando, sino un mandato a los creyentes de todos los tiempos: «Lo que os digo a vosotros, os lo digo a todos: velad».

El rasgo más generalizado de los cristianos que no han abandonado la Iglesia es seguramente la pasividad. Durante siglos hemos educado a los fieles para la sumisión y la obediencia. En la casa de Jesús sólo una minoría se siente hoy con alguna responsabilidad eclesial.

Ha llegado el momento de reaccionar. No podemos seguir aumentando aún más la distancia entre "los que mandan" y "los que obedecen". Es pecado promover el desafecto, la mutua exclusión o la pasividad. Jesús nos quería ver a todos despiertos, activos, colaborando con lucidez y responsabilidad.

27 de noviembre de 2011
1 Adviento (B)
Marcos 13, 33-37

*José Antonio Pagola ha sido profesor de Cristología, rector del Seminario de San Sebastián, vicario general de la diócesis donostiarra durante más de dos décadas y, actualmente, dirige el Instituto de Teología y Pastoral. Él reconoce: “tener la suerte de poder dedicarme a estudiar y dar a conocer a Jesús”.

Artículo reproducido con autorización del autor y publicado originalmente en su blog: Buenas Noticias

Imagen tomada de Servicios Koinonía

Categoria Análisis
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