INFODECOM

G. F. R.

G. F. R.

Son las palabras del Arzobispo de Cochabamba, con las que invitó, a autoridades y población, para hacer un trabajo en beneficio del Departamento.

Ayer por la mañana, en la Catedral Metropolitana de San Sebastián, se realizó el Te Deum por el Aniversario 206 del grito libertario del departamento de Cochabamba. Celebración que fue presidida por el Arzobispo y concelebrada por los obispos de la jurisdicción y algunos sacerdotes. Participaron de la liturgia altas autoridades nacionales, departamentales y locales.

En la homilía Mons. Aparicio expresó la necesidad, de primeramente dar gracias a Dios por todo aquello que recibimos de su providencia, y en este espíritu de agradecimiento, todos unidos, buscar la solución a las problemáticas que aquejan el departamento.

Mencionó que hay muchos signos de muerte, des sufrimiento, pero solo con Cristo que venció a la muerte se puede vivir plenamente “La Cruz, por tanto, que es antítesis se convierte en una cruz gloriosa, que se levanta en el mundo entero, y se levanta aquí en Cochabamba”

Homilía de Mons. Oscar Aparicio

Celebración Eucarística por los 206 años de Cochabamba

Muy amados hermanos y hermanas.
Tiene un sentido profundo el que estemos presentes acá todos los estamentos de nuestra nación, autoridades, el pueblo de Dios, la Iglesia, todos aquellos que componemos esta nación y este departamento, porque lo que queremos hacer, a lo que hemos venido, es a dar gracias a Dios, como decía al inicio de hecho la Eucaristía es acción de gracias, es nuestro modo de reconocer que Dios está presente en nuestra vida, que la conduce, que se hace historia, la lleva hacia adelante y nosotros queremos agradecerle por eso.

Pero si ya la Eucaristía es acción de gracias, Te-Deum es casi como doblemente decir “a ti, oh Dios gracias”; de hecho ustedes saben que la metodología de la Iglesia es ésta, se hace un documento, lo publican normalmente en lengua latina, y las primeras palabras toman el nombre, o del documento o lo que sea, Te-Deum, son las primeras palabras de latín que dice: “A ti, oh Dios”.

Estamos para celebrar TEDEUM, para agradecer al Señor, para decirle “A ti, oh Dios”, aunque sea reiterativamente, te agradecemos profundamente porque estas en medio de nosotros, porque te has revelado, te has manifestado. Hemos venido a dar gracias a un Dios, que es el Dios de la vida, es el Dios, el Padre Misericordioso, es nuestro padre y el padre de Jesucristo. Es este Dios, el Dios de nuestros padres Abraham, Issac, Jacob de los profetas de Jesucristo nuestro Señor, y por tanto nosotros reconocemos esta fe desde este don que él mismo nos ha regalado le decimos “A ti, oh Dios”, Te-Deum. A tí la alabanza, a ti el honor, a ti la gloria, a ti el reconocimiento total porque nos has salvado, porque has hecho posible que nuestra historia, la historia de Cochabamba sea conducida también por la fe. Que seas tú quien nos lleve hacia adelante, nos lleve hacia el progreso, al desarrollo, la libertad. De hecho, recitaremos nosotros el Te-Deum, más tarde. Y diremos: A ti, oh Dios te alabamos, A ti Señor te reconocemos, A ti eterno Padre te venera la creación y nosotros también te veneramos por esta tierra, por este pueblo, por esta nación, porque has puesto en nuestros corazones el deseo y el ansia también de libertad.

206 años no son en vano, una historia continua, de una relación de Dios que está presente; una revelación y una intervención de parte de Dios misericordiosa, atenta también a los problemas y sufrimientos nuestros o a los anhelos de progreso que podamos tener, por eso nos alegramos, nos alegramos no solamente por los 206 años de libertad, por la festividad de nuestra efeméride cochabambina, nos alegramos porque a Dios, a él lo alabamos y bendecimos, reconocemos como hemos dicho en el Salmo: “no olvidemos nunca las hazañas del Señor”. Reconocemos que él está con nosotros, también en los momentos de mayor alegría, de mayor gloria, de mayor festividad, y en momentos de penuria, de sufrimientos, nos acompaña.

De hecho acabamos de festejar el mes de agosto centrada en la imagen de la Virgencita de Urcupiña, aquí está nuestra imagen de la Virgen de la Merced, que junto a las Heroínas a estado en la Coronilla; la Imagen de María, nuestra madre que también nos acompaña, y allí en Urcupiña muchos de nosotros que hemos estado también allá, hemos reconocido que la integración, la fe, la unidad; lo que dice propiamente el Himno cochabambino: un pueblo pujante, un pueblo generoso, un pueblo constante, un pueblo que busca la libertad, pero también que está enraizado en su fe y en su devoción, si eso decíamos de María, ahora decimos de Jesucristo. Si eso decíamos de María y lo decíamos del pueblo de Dios, lo reconocemos también en Dios Padre, nuestro padre, a él la Gloria, la alabanza, a “A ti, oh Dios” que te alabe toda la creación, y nosotros seamos capaces de reconocer; porque definitivamente hermanos si hay fuerza, si hay ánimo, si hay libertad, si hay progreso, si hay vida, es porque Dios nos lo ha regalado.

Qué bueno que coincida esta festividad, nuestra festividad cívica con la Exaltación de la Santa Cruz, estamos celebrando esta festividad a nivel universal de la Iglesia. Qué tiene que decirnos, qué nos tiene que proponer a nosotros aquí en Cochabamba, qué nos está insinuando esta festividad: yo creo que las lecturas ya lo anuncian muy fácilmente, y que saquemos una buena y grande conclusión.
La primera lectura nos anuncia este mal presente en el mundo, estas divisiones o también lo que significa la muerte, Moisés tiene que levantar en alto estas serpientes de bronce, no es otra cosa que el sentido profundo del mal en este mundo, del pecado, del rechazo a Dios, de la confrontación entre hermanos, de no reconocerse como tales, de no reconocer a Dis como único padre, “renegar de él”, así ha dicho el pueblo de Israel. Cuál era el castigo: esas pequeñas serpientitas que mordían a los israelitas y que los mataba; cuál la solución, cuál el antídoto, levantar la cabeza y mirar esta serpiente, levantar en alto como signo de que el mal, el odio, la división, la confrontación, la muerte queda destruida también en Jesús que es clavado en la cruz.

La Cruz, hermanos, es signo también de algo nefasto, la cruz es signo de la muerte, la cruz de hecho es la antítesis de la vida humana, o es mejor la manifestación del pecado del ser humano, por tanto del pecado nuestro, de ti y de mí. Es allí donde el justo es clavado, es allí donde el hijo de Dios el inocente da la vida para que nosotros tengamos vida, para que nosotros seamos salvados. La Cruz, por tanto, que es antítesis se convierte en una cruz gloriosa, que se levanta en el mundo entero, y se levanta aquí en Cochabamba. Dios es el Dios de la vida que nos salva, Jesucristo es el Señor que conocemos como tal, como Rey soberano, a él también nuestra gloria y al Espíritu Santo, aquel que ha sido clavado en la cruz, en lugar nuestro.

Hermanos míos, este hecho de celebrar la festividad de la exaltación de la Cruz y celebrar este aniversario cívico, está estrechamente ligado, por tanto nos ayuda, nos ilumina y nos indica el camino que hay que seguir. Somos testigos que hace tiempo se está haciendo todo un trabajo de unidad, que no es fácil, incluso recuerdan las autoridades nacionales que cuando en Urcupiña decíamos, tenemos que hacer un testimonio aquí en Cochabamba, que es posible enfrentar problemas comunes - grandes, unidos, es posible; porque si los desafíos y los problemas, son tan grandes, son macros, solo y únicamente unidos, es posible enfrentarlos.

Más allá de lo que pueda ser nuestro pensamiento, o más allá de lo que pueda ser nuestra postura también o lo que tengamos que hacer, es el bien de ésta nación, el bien de este departamento. Hermanos míos aquí la exaltación de la Cruz nos vuelve a decir lo mismo: hay muchos signos de muerte, hay muchas cruces, hay muchos y graves problemas que enfrentar, los hemos hasta enumerado, uno a uno. ¿Seremos capaces de enfrentarlos? si Dios nos acompaña yo creo que sí, si Dios nos mueve, el Espíritu nos da esta semillita de esta capacidad de construir un mundo nuevo, de construir un mundo donde también Dios reina, es posible. A él la gloria, a él la alabanza, por eso nos hemos reunido todos acá para celebrar Te-Deum, para decirle “A ti, oh Dios” la alabanza, la gloria y el honor; reconocemos que eres tú el que nos guía, nos acompaña y nos unirá, nos dará las fuerzas hoy día desde aquí a las autoridades que sigan en este camino , y pediría a los demás, también a los del gobierno central que ayuden este modo de salvar, de ayudar, de enfrentar estas situaciones y estos problemas. Es el camino de Dios, que seamos capaces de aquello. También al pueblo de Dios, a todas las instituciones, bien que nos hemos reunido todos aquí, entonces tengo la oportunidad de decir esto: Unamos así nuestro espíritu, nuestro esfuerzo, nuestra fe, para que sea posible un pueblo que reconoce a un Dios, que lo alaba por el bien que nos ha hecho y que podemos hacerlo entre nosotros.
Amén

 

En la conferencia de prensa organizada en el Centro de Prensa, el arzobispo Stanisław Gądecki y Wojciech Polak, el Cardenal Primado de Polonia, comentaban el primer día de la visita del Papa Francisco a Polonia. También contaron cómo fue el encuentro del Papa con los representantes de la Conferencia Episcopal de Polonia.

El arzobispo Gądecki confesó que la atmósfera del encuentro fue muy amistosa. “Me dio la impresión de que el Papa se estaba dirigiendo a nosotros como si fuéramos niños. Respondía las preguntas de manera simple, haciendo uso de muchos ejemplos de su propia vida, tanto de la época de su obispado, como de su pontificado”, decía el arzobispo.

El Santo Padre mencionó también al cardenal Macharski, que estaba en coma, y a quien no podía visitar. “Decía que le gustaría acudir allí y tocar la pared de la clínica para expresar así que estaba unido con él”, agregó el arzobispo Gądecki.

Además, el presidente de la Conferencia Episcopal de Polonia reveló cuáles fueron las preguntas que respondió el Papa durante el encuentro con los obispos. La primera concernía la secularización de Europa y qué actitud debería tomar Polonia en tales circunstancias. El segundo tema fue relacionado con la misericordia y el modo de dar misericordia en las condiciones en las que vivimos. Después el Papa respondió una pregunta sobre la vida parroquial y una más que se refería a los refugiados y a la manera en que debemos tratar el tema de acogerlos.

El arzobispo Wojciech Polak, a su vez, llamó la atención sobre asunto tocado por el Santo Padre que concierne a los adultos mayores. El Papa nos animaba a intentar edificar puentes entre el mundo de los jóvenes y la gente mayor que puede compartir su experiencia. “Al final, cuando nos bendecía, dijo: no os olvidéis de los abuelos”, comentaba el cardenal primado de Polonia. “Me parece que ahora que estamos sumergidos en este océano de la juventud, vale la pena recordar que los jóvenes tienen también una tarea especial para con la sociedad y una sensibilidad enorme para ayudar a quienes lo necesitan”.

En la conferencia en el Centro de Prensa estaba presente también Federico Lombardi, presbítero italiano y director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede del 2006 al 2016, quien habló sobre el primer día de la peregrinación del Papa a Polonia. Acentuó las palabras del Santo Padre dirigidas a los periodistas durante el viaje en avión. El Papa hablaba sobre el mundo inundado con una “guerra en trozos”, evocando el crimen cometido contra el sacerdote francés en Francia y la situación de los cristianos y los niños inocentes que mueren en África y en otros lugares. Como subrayó el padre Lombardi, el Papa no cree que sea una guerra religiosa, sino una guerra de intereses y poder sobre las naciones.

«Hace falta disponibilidad para acoger a los que huyen de las guerras y del hambre». Papa Francisco acaba de comenzar su viaje a Polonia. La primera etapa es en el sugerente escenario del castillo de Wawel, el palacio real que, además de la catedral, es uno de los símbolos de la identidad del país. Recibido por el joven presidente Andrzej Duda, elegido el año pasado, el Papa saludó a las autoridades políticas y académicas, y al cuerpo diplomático en el patio del Palacio. Y dirigió una invitación al país: acoger a los migrantes y refugiados.

En su discurso de bienvenida, Duda citó al Papa San Juan Pablo II y expresó la esperanza de que Francisco transmita y ofrezca todo el bien que el mundo y la humanidad necesitan.

«Es la primera vez que visito la Europa centro-oriental y me alegra comenzar por Polonia –dijo Papa Francisco–, que ha tenido entre sus hijos al inolvidable san Juan Pablo II, creador y promotor de las Jornadas Mundiales de la Juventud. A él le gustaba hablar de una Europa que respira con dos pulmones: el sueño de un nuevo humanismo europeo está animado por el aliento creativo y armonioso de estos dos pulmones y por la civilización común que tiene sus raíces más sólidas en el cristianismo».

El Papa continuó recordando que Wojtyla, «cuando hablaba de los pueblos, partía de su historia para resaltar sus tesoros de humanidad y espiritualidad». Y después reconoció que «la conciencia de identidad, libre de complejos de superioridad, es esencial para organizar una comunidad nacional», refiriéndose a los recientes festejos por el 1050 aniversario del bautismo de Polonia.

«No puede haber diálogo –añadió Bergoglio– si cada uno no parte de su propia identidad. En la vida cotidiana de cada persona, como en la de cada sociedad, hay, sin embargo, dos tipos de memoria: la buena y la mala, la positiva y la negativa. La memoria buena es la que nos muestra la Biblia en el Magnificat, el cántico de María que alaba al Señor y su obra de salvación. En cambio, la memoria negativa es la que fija obsesivamente la atención de la mente y del corazón en el mal, sobre todo el cometido por otros».

«Al mirar su historia reciente –dijo Bergoglio–, doy gracias a Dios porque han sabido hacer prevalecer la memoria buena: por ejemplo, celebrando los 50 años del perdón ofrecido y recibido recíprocamente entre el episcopado polaco y el alemán tras la Segunda Guerra Mundial». El Papa también mencionó, entre los ejemplos de esa «buena memoria», la declaración conjunta entre la Iglesia católica de Polonia y la Iglesia ortodoxa de Moscú: «un gesto que dio inicio a un proceso de acercamiento y hermandad». «La noble nación polaca muestra así cómo se puede hacer crecer la memoria buena y dejar de lado la mala». Por ello, se exige una firme esperanza y confianza en Dios, «que guía los destinos de los pueblos, abre las puertas cerradas, convierte las dificultades en oportunidades y crea nuevos escenarios allí donde parecía imposible».

Los desafíos del momento, continuó Bergoglio, «el valor de la verdad y un constante compromiso ético, para que los procesos decisionales y operativos, así como las relaciones humanas, sean siempre respetuosos de la dignidad de la persona. Todas las actividades están implicadas: la economía, la relación con el medio ambiente y el modo mismo de gestionar el complejo fenómeno de la emigración».

El Papa sabía que estaba tocando un argumento particularmente sensible en este país. Por ello invitó a «un suplemento de sabiduría y misericordia para superar los temores y hacer el mayor bien posible», teniendo en cuenta a quienes abandonaron Polonia y quieren regresar, a quienes escapan de conflictos y de la miseria. «Se han de identificar las causas de la emigración en Polonia, dando facilidades a los que desean regresar. Al mismo tiempo –subrayó–, hace falta disponibilidad para acoger a los que huyen de las guerras y del hambre; solidaridad con los que están privados de sus derechos fundamentales, incluido el de profesar libremente y con seguridad la propia fe. También se deben solicitar colaboraciones y sinergías internacionales para encontrar soluciones a los conflictos y las guerras, que obligan a muchas personas a abandonar sus hogares y su patria».

Para concluir, Papa Francisco dedicó un pasaje a la defensa de la vida, recordando que «la vida siempre ha de ser acogida y protegida —ambas cosas juntas: acogida y protegida— desde la concepción hasta la muerte natural, y todos estamos llamados a respetarla y cuidarla». Acoger y tutelar significa no concentrarse solo en la grave plaga del aborto, en el centro del debate político polaco durante los últimos meses, debido a la propuesta de ley para reducir la normativa que actualmente lo permite en caso de riesgos para la vida o la salud de la madre, de exámenes prenatales que indiquen graves e irreversibles patologías o de embarazos que son fruto de violencia o incesto. Significa tutelar la vida, incluso después del nacimiento, durante todo su desarrollo.

«Es responsabilidad del Estado, de la Iglesia y de la sociedad –afirmó Francisco– acompañar y ayudar concretamente quienquiera que se encuentre en situación de grave dificultad, para que nunca sienta a un hijo como una carga, sino como un don, y no se abandone a las personas más vulnerables y más pobres».

Simone de Beauvoir había sentenciado, en su obra “Le deuxieme sexe”, que “no se nace mujer: llega una a serlo”. Y ante una afirmación tan desconcertante, uno se pregunta: ¿Quién es, entonces, esa persona que finalmente “llega a ser” mujer? ¿Es un ser asexuado o un andrógino? ¿Es el sexo un atributo adquirido (y no me refiero a su manifestación física que se presenta objetivamente a la percepción, sino a su significación subjetiva que se traduce en la “vivencia de lo corporal” como experiencia genital diferenciada en el binomio masculino-femenino)?

Este “giro copernicano” en la compresión del sexo ha sido adoptado por la Ley de Identidad de Género, que se decanta por una clara subordinación de lo biológico-natural a lo social-convencional. Para esta ley, el sexo, como condición biológica y genética, es susceptible de ser reinterpretado por la vivencia íntima y subjetiva de cada persona, de tal forma que, a través de este proceso de construcción y significación, el individuo pueda adquirir una identidad de género (masculino-femenino) que no necesariamente sintonice con su sexo de nacimiento.

¿Y cuáles son los efectos más relevantes de esta legalización del sexo ficto? En lo que respecta al matrimonio, el Art. 63 de la CPE define a este como la unión entre un hombre y una mujer (¡no precisa que deban ser “hombre y mujer de origen”!), y el procedimiento de cambio de identidad permite incluso la modificación retroactiva del dato del sexo en la partida de nacimiento, por lo que, para todos los efectos legales (y no se exceptúa al matrimonio), la persona que se somete a este trámite adquiere los derechos propios del sexo burocráticamente modificado, siendo irrelevante su historia biológica preexistente.

El conflicto se suscitará en aquellos casos en que el cónyuge esconda su sexo de origen, pues la Ley 807 establece la “confidencialidad” de la identidad original. ¿Se le podrá decir al cónyuge defraudado que no tiene derecho al divorcio ni a reclamo alguno por habérsele ocultado el sexo original de su pareja, pues ello implicaría discriminación, tomando en cuenta que, según la ley, el género y el sexo no se definen biológicamente, sino social y psicológicamente, en función al deseo y la vivencia interior de cada uno? ¿Y que si su pareja se identifica como mujer, él debe considerarla como tal y “respetar” esta identidad autoasumida, aun sabiendo que su sexo de origen es el opuesto?

Esta minimización de lo biológico frente a lo convencional revela cómo las libertades otorgadas a estos grupos pueden llegar a colisionar con los derechos de las mayorías. Y es que la Ley No. 807 coloca a aquellos en posición de ventaja, facilitándoles recursos que podrían utilizarse incluso con fines inmorales y delictivos. Un ejemplo podría ser el de hombres que se “autoperciben” como mujeres y que se apuntan en certámenes deportivos femeninos, con la innegable ventaja derivada de ello; o pedófilos y degenerados, que tendrán facilidades para perpetrar abusos sexuales, accediendo a determinados trabajos (educadoras en jardines infantiles) o espacios (baños públicos, vestidores, etc.) reservados a mujeres.

Más conflictivo es todavía el tema de la adopción. La filiación, sea por consanguinidad o adopción, se define en función de dos roles diferenciados: paternidad y maternidad. No hay lugar a hibridismos. El varón que se autoidentifica como mujer “técnicamente” está habilitado para asumir todos los roles inherentes al sexo femenino. Pero este “tecnicismo legal”, digerible tratándose de expresiones sociales y culturales (como la vestimenta, apariencia física, usos y costumbres), ya no resulta aceptable en el desempeño de un rol de origen biológico, como lo es la “maternidad”, peor aun cuando aquí está en juego el interés superior de un menor de edad. ¿Cómo desarrollará este su identidad teniendo como referente a una “madre” con testículos, implantes de silicona y vozarrón de barítono?

El condicionamiento biológico es, pues, insoslayable. La propia Ley No. 807 tropieza con este límite y arriba a situaciones paradojales. En su Art. 5, garantiza a estas personas el ejercicio de la autoridad parental preexistente al cambio de identidad, pero, contradictoriamente, en su Art. 9 prescribe que este cambio no debe consignarse en los certificados de nacimiento de los hijos. ¿Cuál de las dos identidades (de origen o adquirida) deberá prevalecer entonces en el ejercicio de la patria potestad?

La vivencia subjetiva de la sexualidad no puede imponerse como referente absoluto para la asignación de roles y derechos, eludiendo los condicionamientos biológicos que fundan toda construcción cultural, incluyendo la identidad de género.

Miércoles, 29 Junio 2016 12:01

P. Carlos Padilla: ¿Para qué estoy aquí?

Conozco a tantas personas que buscan el sentido de su vida… Han hecho lo que otros esperaban de ellos, o han tomado decisiones en medio de su camino. Se han confundido. Han acertado. Han recorrido los días de su vida. Han huido y se han encontrado a sí mismos de nuevo. Han elegido y han desechado.

Pero tal vez no son conscientes de haber decidido algo de la mano de Dios. No han visto su rastro en su vida. No han percibido el manto de ningún profeta cayendo sobre sus hombros. En medio de su rutina buscan un sentido a sus pasos. ¿Para qué estoy aquí? ¿Hacia dónde navega mi barca?

La pregunta por el sentido último de mis pasos. La pregunta sobre el para qué de mi existencia. ¡Cómo acallar ese grito que surge de las entrañas! Imposible acallarlo. Desaparece y vuelve. Una y otra vez. Regresa el deseo de encontrar un sentido.

Y nos detenemos delante de Jesús: “Te seguiré, Señor”. Queremos seguirlo. Queremos pertenecerle por entero. Descubrir el sentido de la vida. Estos “para qué” que no logramos respondernos.

Hoy quiero recibir el manto del profeta. Como Eliseo. Como tantos santos que han encontrado a quién seguir siguiendo los pasos de Jesús. Rostros humanos que son lazos tendidos desde lo alto.

Decía el padre José Kentenich: “Dios deja caer una cuerda. Desea vincularnos con lazos humanos. Desea atraer a los hombres. Pero tira de la cuerda hacia arriba y no descansa hasta que todo haya llegado a estar vinculado con Él”[1].

Amar a Dios en la carne de las personas que amo. En sus rostros humanos encontrarme con su rostro. Subir más alto, más arriba. Superando las desilusiones y los desencuentros. Más hondo. Mar adentro.

Repito las palabras de san Pablo: “Manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud”.

¡Hay tanta esclavitud! ¡Vivo tan apegado al mundo y a todo lo que me atrae de él! No me veo fuera del mundo. Soy del mundo. Pero tengo vocación de cielo.

Me ato y me esclavizo y comprendo que tengo que mantenerme firme. Coger con fuerza el manto de profeta que me asegura la fuerza para caminar con más rapidez. El tiempo urge. El amor me urge. El amor a los que Dios ha puesto en mi camino para atarme a Él. El amor que levanta mi corazón hacia su propio corazón.

Miro a Jesús en este día. Me arrodillo consciente de mi pequeñez sujetando mi manto. Ese manto que me entregó con mi vocación. Ese manto de servicio, de entrega, de amor. No quiero perder el tiempo. Tengo mucho que hacer en este mundo que tantas veces camina sin rumbo.

¿Hacia dónde vamos? Vivo el hoy pero sé hacia dónde camino. Hay una meta, un rumbo, un ideal. Creo que es la clave de mi peregrinación en la tierra. ¡Qué importante es vivir el hoy al máximo, con lo que encierra de vida, de luz, de miedo, pero sabiendo hacia dónde voy!

De alguna manera, esa meta impregna el hoy y el hoy hace que la meta sea más bella. Pienso que así vivió Jesús, disfrutando el momento, entregándose del todo en la etapa que le tocaba cada día, pero sabiendo que su meta era salvar a todos, llevar a todos a su Padre. Aunque hubiera que pasar por la cruz.

Y creer en mi misión en la tierra entre los hombres. Recibo el manto del profeta. Recibo la gracia de un camino. ¿Para qué estoy hecho? Quiero sostener con fuerza el manto que me han entregado.

No camino solo. Camino con muchos que me ayudan a caminar. Y yo, al mismo tiempo, ayudo a muchos a caminar. Misión de profeta. Vocación de discípulo de profeta.

Jesús fue profeta. Caminó en el Jordán siguiendo los pasos de Juan el Bautista. Y Él mismo entregó su manto a sus discípulos para que ellos también fueran profetas. No profetas falsos, de esos que son una mentira y engañan con sus vidas. Profetas fieles, verdaderos.

Me gusta la vocación de profeta. Anunciar y denunciar. Hablar y callar. Hacer y dejarse hacer por Dios, por los hombres. Unir y cortar. Atar y desatar. Tengo vocación de profeta. Para anunciar un camino de esperanza. Para denunciar tantas esclavitudes que no me dejan ser libre.

Somos hijos de Jesús, hijos de un profeta. Tenemos vocación de profetas. Capaces de descifrar los signos de los tiempos. ¿Dónde me habla Dios? Dios me busca en medio de mi camino. De las dudas. De los miedos. Me busca. Quiere ungirme con su óleo de salvación. Quiere hacerme de nuevo, cambiar mi rostro. Darme un nuevo corazón semejante al suyo.

Tengo vocación de profeta. Soy consciente de que Jesús me pide que siga sus pasos. Que no tenga miedo. No quiero buscar excusas. Quiero seguirle allí donde vaya. Sin esperar a encontrar el mejor momento. Cuando ya todo esté arreglado. Cuando se den circunstancias más favorables.

Hay personas que viven esperando su momento para poder dar la vida. Se parecen tanto al joven rico. Quieren darlo todo. No quieren ser egoístas. Pero nunca es el momento. Siempre hay algo antes. Siempre lo importante tiene que esperar.

Viven guardándose para un mejor momento, para un momento en el que puedan amar de verdad, sin miedo y para siempre. Y el tiempo se les escapa de las manos. Lo pierden. La vida se les va.

Quiero dejar de lado mis excusas. Y decirle a Dios que quiero seguirle hoy, tal como estoy, en mis circunstancias, en este momento del camino.

[1] J. Kentenich, Educación mariana, 1934

Mons. Oscar Aparicio Céspedes, presidió la Eucarsitía de fiesta en el Serminario Mayor Arquidiocesano San Luis de Cochabamba, donde se reunió la comunidad del seminario junto a vecinos y benefactores, que apoyan en la formación de los futuros sacerdotes. La celebración además se realizó en memoria de Mons Angel Gelmi, que partío a la Casa del Padre el pasado viernes.

Al iniciar la homilía el Arzobispo invitó a cantar, nuevamente, el Aleluya como felicitación al Seminario San Luis por un aviersario más, al servicio de jóvenes que dieron el sí para su compromiso como ministros del Señor. Haciendo énfasis en el evangelio, sobre la pregunta que Jesús hace a sus discípulos, de: «¿Quién dice la gente que soy Yo?», expresó que un ejemplo de respuesta fue la vida de Mons. Angel Gelmi. "Él respondió poniendo a Jesús como su vida, dedicado a las zonas rurales de Cochabamba", recordó además el servicio y entrega de este pastor, que prefirió atender a los fieles desde las parroquias más elajadas.

Con este testimonio de vocación, Mons. Aparicio lanzó también la pregunta a quienes estaban presentes en la Eucaristía, sobre quién es Jesús para ellos. En base a esa pregunta refirió que la respuesta de cada uno está condicionada y conlleva un compromiso con el mismo Jesús y su iglesia. De esta manera responder con acciones que nos ayuden a vivir como los discipulos del Señor, sin predicarlo a voces sino con nuestro ejemplo en el diario vivir. "San Luis también nos presenta su respuesta de amor, siendo seminarista tomó su compromiso cristiano y de vocación"

Concluida la celebración se realizó una procesión con la Imagen de San Luis de Gonzaga, por las calles aledañas del Seminario.

En un comunicado de prensa de la Conferencia Episcopal Venezolana, se da a conocer la información de la Nunciatura Apostólica que indica la imposibilidad de la Visita de Mons. Paul Richard Gallagher, quien es Secretario para las Relaciones con los Estados de la Santa Sede.

El comunicado indica: “Por motivos que no dependen de la Santa Sede, S.E. Mons. Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados de la Santa Sede, se ha visto obligado a anular su viaje a Venezuela previsto en los días 24-29 de mayo”. El motivo de la visita de Mons. Gallagher era principalmente para la Ordenación Episcopal de S.E. Mons. Francisco Escalante, sacerdote venezolano de la Diócesis de San Cristóbal, nombrado por el Santo Padre nuevo Nuncio Apostólico en la República del Congo". Si bien esta visita no era diplomática era la esperanza para muchos venezolanos de tener un encuentro con el gobierno del Presidente Marudor para entablar diálogo que colabore en la complicada situación que vive Venezuela.

Meses anteriores el Santo Padre Mandó una carta al Presidente de Venezuela, de la que no se sabe nada del contenido. Además la oposición venezolana habría pedido al Papa Francisco pueda colaborar en la crisis social y política, además de los casos de presos.

El Santo Padre, Francisco, en un encuentro con la vida religiosa en el Vaticano; en relación a una pregunta sobre las diáconisas, refirió que estaría abierto a un análisis sobre este caso, aspecto que causó gran revuelo en el mundo. En relación a esto el Blog: Dar y Comunicar, de la diócesis de Melo en Uruguay entrevistó a Mons. Heriberto Bodeant, quien aclara algunos comentarios vertidos principalmente por falta de conocimiento en las redes sociales

ENTREVISTA DEL BLOG DAR Y COMUNICAR http://dar-y-comunicar.blogspot.com/ 

- Mons. Heriberto, el jueves 12 de mayo se difundió una información sobre el encuentro del Papa Francisco con un grupo de religiosas. La Agencia EFE, por ejemplo, tituló "El Papa abre camino para que la mujer case y bautice". ¿Qué puede decirnos sobre eso?

- En realidad el tema es otro: el Papa habló de la posibilidad de abrir a las mujeres el camino del Diaconado, que actualmente sólo lo pueden recibir los varones. Pero en Uruguay y en muchos países del mundo, hace años que hay religiosas que bautizan y presiden la celebración de matrimonios. Eso sucede en nuestra propia Diócesis.

- ¿Cuáles son esas religiosas?

- En nuestro caso, son las Misioneras de Jesús Verbo y Víctima, que tienen a su cargo la atención pastoral de las parroquias de Santa Clara de Olimar y Tupambaé y tienen tambièn comunidades en las Diòcesis de Salto y de Mercedes. Ellas están facultadas por el Obispo para celebrar Bautismos y presidir la celebración de los matrimonios. Las MJVV fueron fundadas hace más de 50 años en Perú, por el Obispo de la prelatura de Caravelí, Mons. Federico Káiser, que contaba con muy pocos sacerdotes y fundó esta congregación religiosa para atender en forma permanente parroquias y bases misioneras a las que los sacerdotes podían llegar sólo ocasionalmente.

- ¿Qué es una prelatura?

- Es una porción del Pueblo de Dios, una parte de la Iglesia, en un territorio determinado, bajo la guía de un Obispo, pero que todavía no es una Diócesis. Podríamos decir que es una etapa misionera, previa a la creación de una Diócesis. Mons. Káiser, con la ayuda de una religiosa alemana, la Madre Willibrordis, fundó las MJVV para enviarlas a lugares recónditos, donde no había sacerdote permanente y, en el marco de lo que permiten las normas de la Iglesia, les concedió las facultades para bautizar y presidir casamientos. A eso se agregó luego la posibilidad de dar la Comunión con las Hostias consagradas por un sacerdote en la última Misa celebrada, reservadas en el Sagrario. Quiénes pueden bautizar MJVV celebrando un Bautismo

- ¿Por qué ellas pueden bautizar? ¿No es necesario ser por lo menos diácono para celebrar bautismos?

- Desde su origen, la Iglesia tiene claro que, en caso de necesidad, puede bautizar cualquier persona, incluso aunque ella misma no esté bautizada, cumpliendo tres condiciones: primero, utilizar agua, que es la materia propia del Bautismo. Simplemente agua: no es necesario que sea agua bendita; segundo, utilizar la fórmula "N. yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espìritu Santo", es el mandato de Jesús en el Evangelio de San Mateo (28,19) "Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo"; tercero, muy importante: que esa persona tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia.

- Pero usted dice que esto es "en caso de necesidad".

- Así es: un niño nace con peligro de muerte. Sus padres desean que sea bautizado; tanto la mamá como el papá, o personal de la salud o cualquier otra persona puede hacer eso. Después hay que informar de eso a la parroquia que corresponda, donde puede completarse la ceremonia, especialmente con la unciòn del Santo Crisma; pero, si todo se hizo como lo indiqué antes, no se vuelve a dar el agua del Bautismo, porque el niño ya la recibió.

- Entonces, ¿qué diferencia hay entre ese bautismo, que muchos llaman "agua de socorro" y lo que hacen las religiosas?

- Como ya indiqué, eso se hace en caso de necesidad; las religiosas que han recibido ese encargue lo hacen en forma completamente regular, es decir, con una preparación previa de padres y padrinos y con todos los pasos que incluye la celebración. No hay que olvidar que también hay un Libro de Bautismos en cada parroquia, donde todos los bautismos deben quedar debidamente asentados. Esos libros fueron, antes de la creación del Registro Civil en el Uruguay, el registro de nacimientos con que contaba el país. Hoy siguen siendo importantes al interno de la Iglesia, sobre todo a la hora en que se presenta una pareja para contraer matrimonio, porque lo primero que se les va a pedir es la Fe de Bautismo, el certificado de Bautismo de cada uno de ellos. Los novios "se casan"; el sacerdote "asiste" al matrimonio MJVV recibiendo el consentimiento de los esposos en la celebración de un matrimonio.

- Ya que habla de Matrimonio, le hago la misma pregunta que para el Bautismo: ¿no son sólo los diáconos y los sacerdotes o el Obispo los que pueden casar una pareja?

- En realidad, no es totalmente correcto decir que el sacerdote "casa" a la pareja. Son los novios quienes "se casan". Las normas de la Iglesia dicen que el Sacramento del Matrimonio lo produce el consentimiento de los contrayentes. Ahora bien, para que ese consentimiento sea válido, ninguno de los que se casa ha de estar afectado por un impedimento (por ejemplo, ya estar casado) y el consentimiento debe ser expresado ante un ministro autorizado y dos testigos. Los ministros son el Obispo o el párroco, que pueden delegar a otro sacerdote o a un diácono. En el caso de las MJVV, éstas reciben una autorización especial del Obispo para poder "asistir" al matrimonio, es decir recibir el consentimiento matrimonial de una pareja. 

- Entonces, si todo esto ya está presente en la vida de la Iglesia, ¿qué es lo nuevo que plantea el Papa Francisco?

- El jueves pasado, el Papa Francisco recibió a 900 superioras religiosas de la Unión Internacional de Superioras Generales, que estaban en esos días reunidas en asamblea plenaria. Respondiendo a preguntas de las religiosas, el Papa afirmó que se podría crear una comisión que estudie la posibilidad del diaconado para las mujeres. El diaconado es actualmente un grado del Sacramento del Orden, reservado a los varones. Es un paso necesario para ser ordenado presbítero (sacerdote), pero también existen diáconos permanentes, como los que tenemos en nuestra diócesis. Hombres casados que, después de algunos años de matrimonio y pasando por una adecuada formación y discernimiento vocacional reciben la ordenación diaconal y son valiosos servidores de nuestras comunidades.

- En la carta a los Romanos (16,1-2) San Pablo dice: "les recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de la iglesia en Cencrea. Recíbanla en el Señor, como es digno de los santos y ayúdenla en cualquier cosa que necesite de ustedes; porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo". ¿Hubo entonces mujeres con el ministerio del diácono -diaconisas- en los primeros tiempos de la Iglesia?

- Sí, claro, la Diaconisa Febe. Como se ve, San Pablo hace toda una recomendación de esa mujer a la que llama, además de diaconisa, "nuestra hermana". Aparentemente era una viuda que contaba con recursos con los que ayudaba a los misioneros. La recomendación parece indicar que es ella quien llevó a Roma la carta de Pablo a los Romanos, lo que muy probablemente sucedió. Ahora, hay que decir también, como lo señala Francisco, que cuando se habla de las mujeres diáconos en los primeros siglos de la Iglesia, no se sabe realmente qué papel desarrollaban y sobre todo si habían sido ordenadas o no. A esto hay que agregar que la vida religiosa o vida consagrada es una vocación diferente de la vida sacerdotal. No olvidemos que hay también varones que son religiosos y no son sacerdotes, sino hermanos, como los Hermanos de la Sagrada Familia, por ejemplo. Entonces, aunque se abra camino para el diaconado de la mujer, eso no hará automáticamente diaconisas de las religiosas, a menos que tengan esa vocación especial y la Iglesia les confiera ese ministerio en la forma en que eventualmente se determine, que puede ser distinta de la ordenación.

El Senado, mediante una declaración camaral, determinó rendir un “justo y merecido homenaje” al movimiento de educación popular social “Fe y Alegría” por sus 50 años de vida institucional.

La senadora del Movimiento Al Socialismo (MAS), Máxima Apaza, proyectista de esta iniciativa, fue la encargada de entregar la resolución del Senado al director de Fe y Alegría, Rafael García.

El proyecto católico Fe y Alegría educa a 182.000 alumnos en 71 municipios de los nueve departamentos de Bolivia. Además atiende 415 unidades y centros educativos a través de 48 congregaciones religiosas.

La institución cuenta con el apoyo de 9.223 educadores y más de 100 técnicos y directivos a nivel nacional.

Fue la primera vez que Mons. David L. Ricken, DD, JCL, Obispo de Green Bay Wisconsin ordenaba diáconos a un papá y a su hijo en la misma ceremonia. Incluso ninguno de los presentes recordaba que algo semejante se hubiera presentado en la diócesis.

El pasado 7 de mayo, Mons. Ricken ordenó a David J. Parker como diaconado permanente de la diócesis, y también ordenó diácono, pero transitorio hacia el sacerdocio, a David J. Parker, Jr., LC. La ceremonia se llevó a cabo en la parroquia de la Asunción de la Virgen María en Pulaski, Wisconsin. El P. David Parker, LC, recibirá la ordenación sacerdotal en Roma, el próximo mes de diciembre.

La iglesia se llenó con la presencia de los amigos de la familia amigos y de la misma familia Parker que no son pocos. David viene de una familia de 12 hijos; el P. David, LC es uno de los siete hermanos. La mamá, Denise Parker, es hoy esposa de un diácono y madre de otro. Después de la ceremonia dijo de una manera espontánea que “Dios ha sido muy bueno con la familia”.

P. David Parker, LC comparte su historia vocacional: Una vocación nacida de una vocación

En 1981, un joven entró como postulante a la vida religiosa. A los pocos años vio que su vocación no era el sacerdocio ni la vida religiosa, y una vez fuera del seminario, llegó a conocer a su futura esposa con quien se casó en 1983. Como dato curioso y en tono de broma, la comunidad religiosa le dijo a la esposa: “ahora que usted tomó a uno de los nuestros, tiene que devolver uno de los suyos a la Iglesia”. Ese “uno” nacería después, en abril de 1984. La familia decidió encomendarse a la protección del Inmaculado Corazón de María. El 8 de diciembre, ellos y su bebé de 8 meses se pondrían bajo el cuidado amoroso y materno de María, consagrándose devotamente a su Corazón Inmaculado.

Podría decir que ese fue el comienzo de mi vocación, un acto de consagración a María. Conforme iba creciendo, mi abuela me enseñó a amar a María; me llevaba a su santuario desde los 5 años, para besar la cabeza de María y pedirle que estuviera siempre cerca de mí. Y María siempre ha estado cerca de mí.

Pero María también estaba cerca de otro hombre de la familia, mi padre. A lo largo de su matrimonio, su devoción a la Sma. Virgen le llevó a comprender que Dios todavía tenía algo más para él, y esta inquietud la vivía compartiéndola muy de cerca con mi madre. Recuerdo que mi padre nos hablaba, a mis hermanos, hermanas y a mí, de su deseo de servir a Dios como diácono. Y sí veíamos que nuestro Señor le brindó las cualidades para esta misión, especialmente la gracia de poder ofrecer consejo; pero con 6 niños pequeños en la casa, simplemente no podía dedicarse a esa misión particular por el momento. Sin embargo, su deseo de servir a Dios influyó mucho en mí. Además, mi madre nos mostraba constantemente lo que significaba mirar siempre por el bien de los demás, buscaba atender las necesidades de la familia y también de otras personas, en cualquier momento. Mis padres fueron una pieza clave para mi vocación.

A los 12 años, conocí al P. Juan Gabriel Guerra, LC que había ido a la casa de uno de mis tíos para dar un retiro a 20 de mis primos. Mi tía “Kitty” Zeik, que es miembro del Regnum Christi, invitó al P. Juan para dar ese retiro en Wisconsin. Fue a partir de ese momento que empecé a asistir a varios retiros en Edgerton, WI, donde los Legionarios colaboran con la escuela internacional llamada Oaklawn Academy. Durante 6 años estuve involucrado en actividades de los legionarios. Ingresé al ECYD, una organización católica internacional para adolescentes con el carisma del Regnum Christi, y ahí comencé a crecer en mi amistad con Jesús; fui también con los Legionarios a St. Louis y Atlanta para los encuentros de juventud y familia, y también visité en tres ocasiones su “seminario menor”, de la Inmaculada Concepción, en Nueva Hampshire. Durante muchos años ayudaba al P. Matthew Van Smoorenburg, LC y a otros legionarios que me brindaban formación espiritual (incluso uno de ellos era hijo de mi tía Kitty, Mateo, que en ese momento era seminarista legionario), ellos me enseñaron a amar a Cristo en la Eucaristía, a confiar mi vida a María, y a valorar la vida espiritual.

Pero hubo una piedra en el camino. Conforme avanzaba en la secundaria, me dejé conquistar por la gloria del mundo que me atrajo más y más. Armar un currículum para la universidad fue algo que captó mis esfuerzos totalmente: buscaba las menciones honoríficas, los patrocinios para los estudios, me dediqué al fútbol, me ejercitaba en el levantamiento de pesas, practicaba deportes de velocidad, hice rugby, me metí a actividades extracurriculares, incluso me llegué a involucrar en elecciones estudiantil para ocupar cargos. Llenaba mi currículum pero vaciaba del verdadero sentido mis acciones – del mayor honor y gloria a Dios. Mi padre vio cómo tomaba el camino cuesta abajo. Un día, me quejé con mi papá de que nada me estaba saliendo bien, nada salía conforme a mis planes. Su respuesta fue contundente: “Hijo, ven a mi habitación”, y cerró la puerta. Fue algo semejante al día en que me sentó en su cama para decirme que Santa Claus… bueno, lo que ya sabemos los adultos; pero ahora, 12 años más tarde, me dijo: “Hijo, no seas ridículo. ¿Cuándo fue la última vez que confiaste en Dios, o acaso tus mejores esfuerzos no son suficientes para Él?”. Impactado, no le pude contestar, y esas palabras me marcarían como fuego el resto de mi vida. Nuestro Señor no había terminado con mi padre, sus sabias palabras serían una señal de cómo Dios lo guiaría a ayudar a los demás en sus trabajos y en sus hogares. Todavía estaba en su mente y en su corazón el deseo de ser diácono.

Después de esa plática con mi padre, mi vida cambió. Me invadió una inmensa alegría, y volví a Dios, retomé algunas buenas amistades que había dejado de frecuentar por mi egoísmo. Dios seguía llamando a mi puerta, y esta vez a través del P. Chad Wahl, LC quien de vez en cuando preguntaba por mí (yo había ignorado sus llamadas durante casi año y medio), el padre me pidió que le ayudara con un retiro en Edgerton. Fui con un poco de reserva, y al llegar, descubrí que yo era el único que iba a ayudarle con casi cincuenta niños. El P. Chad estaba allí, a mi lado, y me lanzó la pregunta que durante años yo había dejado de lado; me preguntó si todavía estaba pensando en el sacerdocio. La pregunta vino después de mi plática con mi papá, así que le dije que sí. Él me sugirió que hiciera una peregrinación a Roma. Mi familia no es de muchos recursos económicos, por lo que no me parecía una opción realista, pero Dios tiene sus caminos.

Mientras me preparaba para la posibilidad del viaje, me di cuenta de que habíamos perdido una muy buena oportunidad. El vuelo, en sí, no es barato, pero llegó a estar mucho más caro de lo normal. Le comenté a mi padre que ya no sería posible. En ese momento, se fue a su computadora, sacó su tarjeta de crédito, y compró los boletos de mi viaje. Me dijo: “Si Dios no paga por esto, pues simplemente no paga por esto”. Al igual que en muchos otros ejemplos, él confiaría siempre en el Espíritu Santo para discernir lo que tenía que hacer por el bien de su hijo. Una semana más tarde, para nuestra sorpresa, llegó la ayuda financiera por parte de los Caballeros de Colón y de los Caballeros Católicos (hoy conocidos como “Vida financiera católica”) quienes hicieron posible el viaje. Una vez más, aprendí a confiar en los caminos del Señor.

Hice el viaje a Roma para discernir mi vocación, aunque al principio esto era más un viaje de diversión. Fue el 1 de enero de 2003 que el Señor me dio la gracia de decirle que sí al mirar a los ojos de San Juan Pablo II. Con su poderosa mirada, este hombre que apenas y podía estar de pie, me dio el valor para entregarle todo a nuestro Señor, tal como él lo había hecho durante toda su vida. Un día más tarde me encontraba en el altar de San Francisco Javier, donde el P. John Bartunek, LC nos dio una reflexión sobre la vida de este santo misionero y nos invitó a encomendarnos a él. Al rezar allí, me acordé que fui bautizado en la Catedral de San Francisco Xavier en Green Bay, y el celo misionero de este Santo me hizo caer en la cuenta de que Dios no me estaba llamado a la vida diocesana, sino a la vida religiosa. El 3 de enero, encomendé mi vida nuevamente a María mientras me incorporaba oficialmente al Movimiento Regnum Christi. Volví a casa con la convicción de que el Señor me estaba llamando para ser Legionario de Cristo, atraído por la misión de vivir como misionero de nuestro Señor.

Dos años más tarde, fui a Monterrey, México, donde profesé por primera vez los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia. Justo antes de eso, mi papá tomó la decisión de entrar al programa de diaconado para la Diócesis de Green Bay, fui entonces con mis papás a la Basílica de nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México para encomendarlo todo. Ahí nuevamente vimos la mano de Dios. Mientras estábamos en la basílica, mi madre perdió la sensibilidad en sus piernas. Mi papá y yo tuvimos que acercarnos para evitar que se cayera. Durante toda la semana en México, los pies de mi mamá se hinchaban y no sabía por qué (ella llegó a pensar que era por la sal en la comida mexicana). Dos semanas más tarde, después de que mis padres volvieran a Wisconsin, mi madre me llamó a México para darme una noticia realmente impactante… después de 14 años, estaba embarazada de mi hermana pequeña, Ava. Con esto, mi padre no podía continuar su camino al diaconado por el momento.4

5 años más después, hablando con mi padre por teléfono, me dijo que dos sacerdotes de la diócesis le habían comentado que él podía ser un buen diácono. En esos cinco años, él fue uno de los miembros fundadores de “Esto-Vir” (¡sé hombre!), un grupo de hombres católicos en la diócesis de Green Bay. Fundó un Club ConQuest en Green Bay. También fue invitado para ser miembro de la Junta de la Educación Católica de su parroquia. Entonces confrontó nuevamente su vocación al diaconado, mientras que al mismo tiempo, siguiendo una moción del Espíritu Santo, platiqué con Mons. David Ricken. Mons. Ricken acababa de ayudar a Mons. Chaput en la Visita Apostólica a la Legión en USA. Mons. Ricken me llegó a decir que él también pensaba que mi papá tenía vocación al diaconado y que platicaría con mi papá sobre esto.

Fue en ese momento que mi padre, con el beneplácito de mi mamá, decidió retomar lo que alguna vez inició 5 años atrás; comenzó oficialmente su camino hacia el diaconado. Cuando papá me dijo que Mons. Ricken había hablado con él (y de hecho él no sabía que yo había hablado primero con el obispo sobre esto) y que su formación al diaconado llevaría unos 5 años, ¡simplemente no me lo podía creer! Después de contar con mis dedos – literalmente – me di cuenta de que el Señor nos había puesto a los dos en un camino para ordenarnos diáconos al mismo tiempo.

En estos últimos 5 años, mi papá y un servidor hemos estado muy cercanos, no sólo como padre e hijo, sino también compartiendo una vocación; ambos reconocimos que Dios nos llamaba para servir a nuestros hermanos y hermanas. Y ahora que nos ordenamos diáconos, me doy cuenta también de que Dios nos quiere más unidos. Mi vocación viene de una madre y un padre que siempre confiaron en el Espíritu Santo y que vivían con una gran caridad preocupándose de los demás. Se podría decir que la vocación de mi padre inició en un diálogo inocente con su hijo. Y ahora, nuestra vocación nos reúne el 7 de mayo de 2016, en Pulaski, WI, donde los dos nos configuramos con Cristo Servidor, bajo la dirección y la cercanía de nuestra Madre del Cielo. Nuestra consagración a la Inmaculada Concepción se completa aquí, en la parroquia dedicada a la Asunción de María. Vamos junto a María a prepararnos para estar presentes al día siguiente, fiesta de la Ascensión del Señor, sirviendo los dos en el altar.

El sacerdote levantará con sus manos a nuestro Señor en la ofrenda, mientras nosotros, los diáconos, atestiguaremos junto al sacerdote cómo Cristo sube al cielo, en el día de la Ascensión. Aquí vamos a escuchar las palabras del ángel: “Hombres de Galilea, ¿por qué están aquí mirando al cielo?”. Y seremos enviados a testimoniar a los demás lo que presenciaremos cada día en el altar; ¡el amor y la misericordia de nuestro Señor!

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Tenemos una madre, tenemos un padre, ¡no somos huérfanos!

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