Lunes, 16 Enero 2017

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Una misa en la catedral de Lima para los peruanos que hablan quechua fue celebrada este domingo 15 de enero por el cardenal Juan Luis Cipriani.

El quechua es un idioma hablado por unos 8 millones de personas de los más de 32 millones de habitantes del país, en particular en la zona de la sierra, profundamente rica y orgullosa de sus tradiciones populares católicas.

El cardenal arzobispo invitó a los presentes a que le ayuden en la evangelización: “Hay muchas personas que han venido de la sierra y que necesitan que ustedes les señalen: anda a ver a Jesús, bautiza a tus hijos, acércate a la confesión. Yo quiero contar con la colaboración de ustedes para que esa gran misión, para que todos nuestros hermanos que vinieron de la sierra, que cuando ven sus patronos y sus santos se acuerdan de su juventud y vuelvan a la Iglesia”, dijo.

Y les exhortó: “Ayúdenme en esa catequesis. Enseñar a tus hijos, a tus amigos, llevarlos a la hermandad a rezar”.

El purpurado les recordó que “lo que más separa al pueblo de mí es el pecado”. El pecado de beber, de no cuidar el propio matrimonio, del robo y de la mentira, entre otros; señalando que “Jesús quiere lavar tu alma, quiere sanarte de esa inclinación que te lleva a la cólera y que te lleva a pelear”.

Les invitó también: “Cuiden su familia, bauticen a sus hijos, recen el rosario, tengan cariño entre ustedes, ayúdense”. Y a los responsables de las procesiones, los mayordomos, les invitó a que sean siempre obedientes a los párrocos, a los sacerdotes y a sus estatutos”.

“Que Dios bendiga a este pueblo cuzqueño -concluyó- que son la gran mayoría que ha asistido a la catedral. Que Dios los bendiga”.

En el Evangelio escuchamos a Juan el Bautista que, presentando a Jesús al mundo, exclama: «¡He ahí el cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo!». El cordero, en la Biblia, y en otras culturas, es el símbolo del ser inocente, que no puede hacer daño a nadie, sino sólo recibirlo. Siguiendo este simbolismo, la primera carta de Pedro llama a Cristo «el cordero sin mancha», que, «ultrajado, no respondía con ultrajes, y sufriendo no amenazaba con venganza». En otras palabras, Jesús es, por excelencia, el Inocente que sufre.

Se ha escrito que el dolor de los inocentes «es la roca del ateísmo». Después de Auschwitz, el problema se ha planteado de manera más aguda todavía. Son incontables los libros escritos en torno a este tema. Parece como si hubiera un proceso en marcha y se escuchara la voz del juez que ordena al imputado a levantarse. El imputado en este caso es Dios, la fe.

¿Qué tiene que responder la fe a todo esto? Ante todo es necesario que todos, creyentes o no, nos pongamos en una actitud de humildad, porque si la fe no es capaz de «explicar» el dolor, menos aún lo es la razón. El dolor de los inocentes es algo demasiado puro y misterioso como para poderlo encerrar en nuestras pobres «explicaciones». Jesús, que ciertamente tenía muchas más explicaciones para dar que nosotros, ante el dolor de la viuda de Naím y de las hermanas de Lázaro no supo hacer nada mejor que conmoverse y llorar.

La respuesta cristiana al problema del dolor inocente se contiene en un nombre: ¡Jesucristo! Jesús no vino a darnos doctas explicaciones del dolor, sino que vino a tomarlo silenciosamente sobre sí. Al actuar así, en cambio, lo transformó desde el interior: de signo de maldición, hizo del dolor un instrumento de redención. Más aún: hizo de él el valor supremo, el orden de grandeza más elevado de este mundo. Después del pecado, la verdadera grandeza de una criatura humana se mide por el hecho de llevar sobre sí el mínimo posible de culpa y el máximo posible de pena del pecado mismo. No está tanto en una u otra cosa tomadas por separado -esto es, o en la inocencia o en elsufrimiento--, sino en la presencia contemporánea de las dos cosas en la misma persona. Este es un tipo de sufrimiento que acerca a Dios. Sólo Dios, de hecho, si sufre, sufre como inocente en sentido absoluto.

Sin embargo Jesús no dio sólo un sentido al dolor inocente; le confirió también un poder nuevo, una misteriosa fecundidad. Contemplemos qué brotó del sufrimiento de Cristo: la resurrección y la esperanza para todo el género humano. Pero miremos lo que sucede a nuestro alrededor. ¡Cuánta energía y heroísmo suscita con frecuencia, en una pareja, la aceptación de un hijo discapacitado, postrado durante años! ¡Cuánta solidaridad insospechada en torno a ellos! ¡Cuánta capacidad de amor que, si no, sería desconocida!

Lo más importante, en cambio, cuando se habla de dolor inocente, no es explicarlo, sino evitar aumentarlo con nuestras acciones y nuestras omisiones. Pero tampoco basta con no aumentar el dolor inocente; ¡es necesario procurar aliviar el que exista! Ante el espectáculo de una niña aterida de frío que lloraba de hambre, un hombre gritó, un día, en su corazón a Dios: «¡Oh Dios! ¿Dónde estás? ¿Por qué no haces algo por esa pequeña inocente?». Y Dios le respondió: «Claro que he hecho algo por ella: ¡te he hecho a ti!».

Padre Miguel Heinz, Misioneros del Verbo Divino – SVD, tras 10 años, deja su misión en Bolivia para cumplir su nuevo cargo en Alemania como presidente de la potente agencia de solidaridad alemana Adveniat, dedicada a subvencionar proyectos pastorales y solidarios en Latinoamérica.

Adveniat, es una obra de solidaridad que inició hace más de 55 años en Alemania, para apoyar la formación de personal en América Latina y está dedicada a subvencionar proyectos pastorales y solidarios, la cual ha invertido aproximadamente 40 millones de euros, según informó Padre Miguel Heinz durante una entrevista de la Agencia de Noticias “Religión Digital”.

Padre Miguel Heinz dice ser un "Misionero por vocación y por el carisma" de la Comunidad Misioneros del Verbo Divino; expresó que le gusta el continente latinoamericano, "su gente, cultura y forma de vivir su fe". Heinz inició su misión en Bolivia con cursos de formación bíblica para catequistas, líderes religiosos y profesores de religión en la diócesis oriental de San Ignacio, hace 10 años. Fué Vicario General de la misma Diócesis, como también fué elegido provincial de Bolivia, dicho cargo será entregado al P. Yves Beguem del Togo.

Desde su punto de vista, Padre Heinz dice que Bolivia "sigue siendo uno de los países más pobres de América del Sur aunque en los últimos años ha mejorado la situación económica y social. Con las "novedades" de otros lados vienen también los anti-valores del egoísmo y la poca solidaridad. Se nota ya el "descarte" de personas en un sistema que crea cada vez más ricos (pocos) y la mayoría que debe luchar para sobrevivir".

Después de la visita de Papa Francisco a Bolivia, asegura que "no ha provocado mucho seguimiento en los temas que él ha tocado en su eucaristía y encuentros con la gente" en nuestro país, pues no mucha gente "realiza la misión permanenete que el Santo Padre impulsó en la Conferencia de los Obispos en Aparecida el 2007.

Respecto a una catequesis papal, padre Heinz aseguró que "se respira el aire de una primavera que está por llegar. Se nota en las pequeñas señales. Para que sea una verdadera primavera para toda la iglesia debemos colaborar todos y todas. No depende solo de Papa. Me pregunto a veces: ¿Estamos dispuestos a colaborar?".

Respecto a su nueva posesión como Director de la Agencia Adveniat, dijo que dicha organización "ayuda desde hace 55 años con la colecta de Navidad de la iglesia alemana a los cristianos en América Latina. Es una obra de solidaridad que inició para apoyar la formación de personal en América Latina y hoy se ha extendido a muchos proyectos que presentan los agentes de pastoral de los diferentes países del continente a Adveniat. El nombre proviene de la oración del Padre Nuestro en latín: Adveniat regnum tuum - Que venga a nosotros tu Reino. Mi misión será mantener el contacto con las iglesias de América Latina y ayudar a hacer nuevos contactos para que sea una red de grupos e iglesias solidarias, apoyando en primer lugar a los más pobres".

Así mismo recalcó que Adveniat ayuda anualmente con un promedio de 2000 proyectos presentados por personas de América Latina, pues "Adveniat no tiene proyectos propios. Responde a las necesidades de las iglesias locales, en la medida que pueda. Apoya construcciones, ayuda para que los agentes de pastoral puedan movilizarse y apoya de manera especial la formación de agentes de pastoral de toda índole". Adveniat ha podido aportar a la Iglesia Latinoamericana un monto "de entre 38 a 40 millones de Euros", pues gran parte proviene de donaciones individuales y herencias  que dejan.

Además de aportar económicamente a las Iglesias de América Latina, Adveniat "hace contacto entre las diócesis y parroquias de Alemania y América Latina. Apoya las hermandades y tiene con los boys scouts alemanes un programa de voluntariado en algunos países de América Latina. Adveniat tiene un servicio de noticias que quiere informar a la población alemana de lo que está ocurriendo en América Latina. Organiza encuentros intercontinentales para facilitar el intercambio entre las iglesias de ambos continentes y promueve la solidaridad cristiana en ambos lados del océano".

Los objetivos prioritarios de P. Heinz frente a Adveniat son de escuchar "la voz de los cristianos de América Latina para ver por dónde nos pondrán sus prioridades. Será un dialogo entre dos iglesias hermanas y los forman parte de esta hermandad. Espero podamos hacer más con y para los más pobres y logremos una red de solidaridad en iglesias en América Latina. Ya hay un caminar hecho - creo que es importante compartir las experiencias a nivel continental", aseveró.



El pasado 7 de enero, La Compañía de Jesús manifestó su desacuerdo con la exhumación del cuerpo del sacerdote Luis Espinal,por el riesgo de que su memoria sea usada para otros fines. La solicitud del Ministerio Público fue hecha la semana pasada con el objetivo de determinar las causas de su muerte, 36 años después.

A continuación La Compañía de Jesús, expone las razones por las que se manifiesta en contra de la innecesaria exhumación de los restos de Luis Espinal:

1. Que el asesinato del P. Espinal es de público conocimiento desde hace más de 36 años y la causa médica de su muerte fue establecida en su momento.

2. Que la Compañía de Jesús teme que la memoria del P. Espinal sea usada para fines que no condicen con la investigación del hecho delictivo ni con el respeto y el cariño que la sociedad boliviana tiene por el P. Espinal.

3. Precautelando la memoria histórica del P. Espinal, en virtud al respeto con el que se debe tratar el cuerpo tanto en vida como después de la muerte, la Compañía de Jesús manifiesta su desacuerdo con la exhumación de los restos del P. Luis Espinal.

4. De cualquier modo la Compañía de Jesús expresa su plena voluntad de que se esclarezcan los hechos que tan injustamente causaron la muerte de nuestro hermano P. Luis Espinal Camps.

San Pablo ha descubierto personalmente que la salvación no se alcanza por las obras de la ley, sino que es don gratuito de Dios, realizado en la Pascua de Cristo y acogido en la fe, que también es don. Este descubrimiento está ligado a su conversión. Pablo considera su vida anterior a su conversión como indigna por haber perseguido a la Iglesia de Dios. Pero antes de su conversión, San Pablo era un hombre piadoso, que creía cumplir la voluntad de Dios.

Pablo era fariseo y para él la ley ocupaba un lugar importante. Toda observancia de un precepto significaba "mérito", toda trasgresión del mismo, "castigo". Su conversión fue un encuentro con Jesús que transformó su vida (Hch 9,1-19). Este encuentro fue decisivo para que comprendiera que el hombre no se justifica por las obras de la ley, sino por la fe en Jesucristo. Y descubrió que su vida no tiene sentido en sí mismo, sino desde otro. Descubrió que ni lo malo ni lo bueno de sí mismo importa, sino sólo Cristo.

Esta experiencia personal de la gracia es sistematizada por San Pablo. La gracia es un don de Dios. Conociendo la historia de salvación del pueblo de Israel y sumando el conocimiento de que Dios no se reservó ni a su propio Hijo, Pablo tiene elementos suficientes para condensar el término "charis" (gracia), los cuales son: a) La previa pecaminosidad universal; b) La redención de la misma en Cristo, que otorga la justificación; y c) El don de la gracia divina. Esta gracia conferida gratuitamente es más efectiva y radical que la mera compasión y misericordia divinas a las que apelaba el AT. La gracia en Pablo no es algo, sino alguien. La salvación por gracia consiste en ser vivificados y resucitados con Cristo. La "gracia de Dios" es la "gracia de Cristo", y en término prácticos, la gracia es la liberación del pecado. "Cristo nos libertó para la libertad".

Según Rm 3,21-26, la justicia de Dios se revela en favor de los que creen en Cristo. Está primero el "ahora", es un "ahora" apocalíptico, que afirma que ha llegado el tiempo de la revelación de Dios "independientemente de la ley". Dios actúa independientemente de la ley. San Pablo subraya que es una justicia de Dios por la fe en Jesucristo. Con o sin ley, la única condición es creer. La fundamentación es que todos pecaron. Por lo cual no olvidemos que el pecado sólo se puede superar desde Dios, que salva gratuitamente con el don de la gracia. Y estamos predestinados a recibir la gracia, es de ahí que podemos decir que la predestinación está en la libertad de cada uno de nosotros, y negarse a la acción de la gracia ¿la hace ineficaz?, simplemente no. Pero esto no se resuelve si se pone el hombre al mismo nivel que Dios. Solamente si se toma al hombre en su relación con la colectividad puede encontrarse una solución, ya que Dios nos elige para la salvación. La meta de la predestinación es ser imagen de Dios. Esto no significa un individuo aislado de la colectividad, ya que somos parte de una iglesia. Y hay que buscar la respuesta en el individuo relacionado con su comunidad. La predestinación coincide con el hecho de que Dios siempre encuentra personas que se dejan enviar, que responden a la vocación. Estas personas responden a los sueños de Dios cuando los predestinó. La predestinación se realiza en un gran acontecimiento de amor y de libertad. Por lo tanto no olvidemos que la gracia de Dios no fracasa, porque aunque el hombre la rechace, siempre la oferta de Dios estará presente en nuestra vida.

En la Catequesis Papal de hoy miércoles 11 de enero del 2017, Papa Francisco hacere una flexión sobre los falsos ídolos, y la fe en el Dios verdadero.

El Santo Padre dijo que "a la esperanza en un Señor de la vida que con su Palabra ha creado el mundo y conduce nuestras existencias, se contrapone la confianza en ídolos mudos”.

A continuación el texto completo de la catequesis papal:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el pasado mes de diciembre y en la primera parte de enero hemos celebrado el tiempo de Adviento y después el de Navidad: un periodo del año litúrgico que despierta en el pueblo de Dios la esperanza. Esperar es una necesidad primaria del hombre: esperar en el futuro, creer en la vida, el llamado “pensar positivo”.

Pero es importante que tal esperanza sea puesta de nuevo en lo que verdaderamente puede ayudar a vivir y a dar sentido a nuestra existencia. Es por esto que la Sagrada Escritura no pone en guardia contra las falsas esperanzas que el mundo nos presenta, desenmascarando su inutilidad y mostrando la insensatez. Y lo hace de varias formas, pero sobre todo denunciando la falsedad de los ídolos en lo que el hombre está continuamente tentado de poner su confianza, haciéndoles el objeto de su esperanza.

En particular, los profetas y sabios insisten en esto, tocando un punto focal del camino de fe del creyente. Porque fe es fiarse de Dios –quien tiene fe, se fía de Dios– pero viene el momento en el que, encontrándose con las dificultades de la vida, el hombre experimenta la fragilidad de esa confianza y siente la necesidad de certezas diferentes, de seguridades tangibles, concretas. Yo me fío de Dios, pero la situación es un poco fea y yo necesito de una certeza un poco más concreta. ¡Y allí está el peligro! Y entonces estamos tentados de buscar consuelos también efímeros, que parecen llenar el vacío de la soledad y calmar el cansancio del creer. Y pensamos poder encontrar en la seguridad que puede dar el dinero, en las alianzas con los poderosos, en la mundanidad, en las falsas ideologías. A veces las buscamos en un dios que pueda doblarse a nuestras peticiones y mágicamente intervenir para cambiar la realidad y hacer como nosotros queremos; un ídolo, precisamente, que en cuanto tal no puede hacer nada, impotente y mentiroso. Pero a nosotros nos gustan los ídolos, ¡nos gustan mucho! Una vez, en Buenos Aires, tenía que ir de una iglesia a otra, mil metros, más o menos. Y lo hice, caminando. Había un parque en medio, y en el parque había pequeñas mesas, pero muchas, muchas, donde estaban sentados los videntes. Estaba lleno de gente, que también hacía cola. Tú le dabas la mano y él empezaba, pero el discurso era siempre el mismo: hay una mujer en tu vida, hay una sombra que viene, pero todo irá bien… Y después pagabas. ¿Y esto te da seguridad? Es la seguridad de una –permitidme la palabra– de una estupidez. Ir al vidente o a la vidente que leen las cartas: ¡esto es un ídolo! Esto es un ídolo, y cuando nosotros estamos muy apegados: compramos falsas esperanza. Mientras que de la que es la esperanza de la gratuidad, que nos ha traído Jesucristo, gratuitamente dando la vida por nosotros, de esa a veces no nos fiamos tanto.

Un Salmo lleno de sabiduría nos dibuja de una forma muy sugestiva la falsedad de estos ídolos que el mundo ofrece a nuestra esperanza y a la que los hombres de cada época están tentados de fiarse. Es el Salmo 115, que dice así:

“Los ídolos, en cambio, son plata y oro, obra de las manos de los hombres. Tienen boca, pero no hablan, tienen ojos, pero no ven; tienen orejas, pero no oyen, tienen nariz, pero no huelen. Tienen manos, pero no palpan, tienen pies, pero no caminan; ni un solo sonido sale de su garganta. Como ellos serán los que los fabrican, los que ponen en ellos su confianza» (vv. 4-8).

El salmista nos presenta, de forma un poco irónica, la realidad absolutamente efímera de estos ídolos. Y tenemos que entender que no se trata solo de representaciones hechas de metal o de otro material, pero también de esas construidas con nuestra mente, cuando nos fiamos de realidades limitadas que transformamos en absolutas, o cuando reducimos a Dios a nuestros esquemas y a nuestras ideas de divinidad; un dios que se nos parece, comprensible, previsible, precisamente como los ídolos de los que habla el Salmo. El hombre, imagen de Dios, se fabrica un dios a su propia imagen, y es también una imagen mal conseguida: no siente, no actúa, y sobre todo no puede hablar. Pero, nosotros estamos más contentos de ir a los ídolos que ir al Señor. Estamos muchas veces más contentos de la efímera esperanza que te da este falso ídolo, que la gran esperanza segura que nos da el Señor.

A la esperanza en un Señor de la vida que con su Palabra ha creado el mundo y conduce nuestras existencias, se contrapone la confianza en ídolos mudos. Las ideologías con sus afirmaciones de absoluto, las riquezas — y esto es un gran ídolo–, el poder y el éxito, la vanidad, con su ilusión de eternidad y de omnipotencias, valores como la belleza física y la salud, cuando se convierten en ídolos a los que sacrificar cualquier cosa, son todo realidades que confunden la mente y el corazón, y en vez de favorecer la vida conducen a la muerte. Es feo escuchar y duele en el alma eso que una vez, hace años, escuché, en la diócesis de Buenos Aires: una mujer buena, muy guapa, presumía de la belleza, comentaba, como si fuera natural: “Eh sí, he tenido que abortar porque mi figura es muy importante”. Estos son los ídolos, y te llevan sobre el camino equivocado y no te dan felicidad.

El mensaje del Salmo es muy claro: si se pone la esperanza en los ídolos, te haces como ellos: imágenes vacías con manos que no tocan, pies que no caminan, bocas que no pueden hablar. No se tiene nada más que decir, se convierte en incapaz de ayudar, cambiar las cosas, incapaces de sonreír, de donarse, incapaces de amar. Y también nosotros, hombres de Iglesia, corremos riesgo cuando nos “mundanizamos”. Es necesario permanecer en el mundo pero defenderse de las ilusiones del mundo, que son estos ídolos que he mencionado.

Así dice el Salmo: “Pueblo de Israel, confía en el Señor […], familia de Aarón, confía en el Señor […], confíen en el Señor todos los que lo temen […] El Señor se acuerde de nosotros y nos bendiga” (vv. 9.10.11.12). El Señor se acuerda siempre. También en los momentos feos. Él se acuerda de nosotros. Y esta es nuestra esperanza. Y la esperanza no decepciona nunca. Nunca. Nunca. Los ídolos decepcionan siempre: son fantasías, no son realidad. Esta es la estupenda realidad de la esperanza: confiando en el Señor nos hacemos como Él, su bendición nos transforma en sus hijos, que comparten su vida. La esperanza en Dios nos hace entrar, por así decir, dentro del alcance de su recuerdo, de su memoria que nos bendice y nos salva. Y entonces puede brotar el aleluya, la alabanza al Dios vivo y verdadero, que para nosotros ha nacido de María, ha muerto en la cruz y resucitado en la gloria. Y en este Dios nosotros tenemos esperanza, y este Dios –que no es un ídolo– no decepciona nunca.

Recientemente, una revista al servicio del mundialismo llevaba a su portada a un niño transexual que posaba con orgullo y miraba desafiantemente a la cámara. En su orgullo y desafío se compendiaba la exultación de quienes lo habían moldeado, que después de ganar todas las batallas (primero en el orden político, luego en el orden social, después en el orden familiar) se disponen a librar la última batalla en el último reducto que les restaba por conquistar, que es la propia naturaleza humana, nuestra misma mismidad. Y, hollando ese último reducto que es a la vez la cúspide de la labor creadora de Dios, coronan su labor destructiva.

Pero esta batalla última que ahora se va a librar en los cuerpos inermes de nuestros hijos, en sus almas trémulas y atónitas, jamás se habría declarado sin nuestra paulatina claudicación. Esta batalla última no sería ni siquiera imaginable si antes no hubiésemos entregado poco a poco, de forma indolora, el orden político, social y familiar, hasta la plena disolución de todos los frenos morales. Y así -como profetizó Chesterton-, el mundo se ha teñido de pasiones peligrosas y putrescentes, de pasiones naturales convertidas en pasiones contra natura; pues cuando la sexualidad se trata como cosa inocente ocurre inevitablemente que todas las cosas inocentes se empapan de sexualidad. Empezando, naturalmente, por la propia infancia.

Y ahora nuestros hijos van a ser víctimas cruentas de esa batalla, gracias a las leyes que progresistas y conservaduros al servicio del mundialismo han promulgado. Pero si hoy nuestros hijos van a ser triturados es porque antes permitimos que se instaurase un orden político que promovió la ruptura de los vínculos humanos y fomentó una libertad depravada que no era otra cosa sino satisfacción egoísta de los instintos. Porque permitimos que la familia se convirtiese en un campo de Agramante, que el amor de los esposos se ensuciase de competencia sexual, que los hijos se revolvieran contra los padres, que se anulase el concepto de autoridad familiar, para que el Leviatán viniera a suplirla. Porque antes permitimos que, desde la propia escuela, se incitase a “vivir en plenitud la libertad sexual”; porque aceptamos una propaganda mediática que escamotea las realidades más nobles de la condición humana y las sustituye por reclamos sexuales. Porque antes dejamos pasivamente –muy preocupados de conservar nuestros duros, o de hacerlos progresar– que envileciesen la inocencia de nuestros hijos, que les arrebatasen todo vestigio de pudor, que desnaturalizaran su sexualidad balbuciente, que los liberasen de tabúes e inhibiciones, ante nuestra pasividad de peleles progresistas, ante nuestro aplauso de alfeñiques conservaduros.

Y ahora los van a apacentar hasta el baño unisex y les van a suministrar tratamiento hormonal con leyes aprobadas por los lacayos del mundialismo a los que hemos votado tan felices durante todos estos años. Y como panolis cretinizados nos consolaremos, diciendo: “Pobrecito hijo mío, si es lo que él quiere…”. Pero no es lo que nuestros hijos quieren, sino lo que les hemos hecho querer; porque, para formar los caracteres –como para deformarlos–primeramente hay que crear un clima moral. Y una vez creado ese clima moral, nuestros hijos respiran en él sin darse cuenta de que los está envenenando. Y el ambiente moral que los ha envenenado lo hemos creado nosotros, votando a los lacayos del mundialismo que prometían conservarnos los duros, o hacerlos progresar. Sólo pido a Dios que, cuando al fin venga alguien a desmantelar toda esta podredumbre, deje sin duros a los que la propiciaron.

El Departamento de Laicos (DEPLAI) de la Comisión Episcopal de Laicos y Familia (CELAF) organiza para los días 20 y 21 de mayo de 2017, un Encuentro Nacional de Laicos.

El mismo se realizará en la Residencia Franciscana de San Antonio de Arredondo (Córdoba) y la invitación está destinada a dirigentes de asociaciones, instituciones y movimientos laicales; dirigentes de organismos diocesanos de comunión laicales (DEPLAI o similares); laicos comprometidos en las distintas Pastorales de la lglesia y en la construcción del bien común.

El encuentro, partiendo del texto evangélico "como el Padre me envió, también yo los envío o ustedes" (Jn. 20-21), tendrá como lema "Compartamos como Pueblo de Dios, la alegría del Evangelio", en sintonía con la invitación que el Papa Francisco hace en Evangelii Gaudium a una "nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría" (EG 1 ).

El Encuentro se propone los siguientes objetivos:
• Constituir un espacio de comunión laical y un camino de participación para la edificación de la lglesia, la animación misionera y la construcción del bien común.
• Promover una conciencia más viva de la corresponsabilidad de los laicos en la lglesia y en la construcción de la sociedad temporal.
• Ofrecer un ámbito de reflexión y diálogo para fortalecer la identidad y la espiritualidad laical.

La inscripción se abrirá el 1° de enero de 2017 y se realizará de manera digital.

El costo de la participación será de $1.000 para las inscripciones que se realicen hasta el 31 de marzo de 2017 y de $ 1.200 para las que se concreten hasta el 15 de mayo de 2017.

Para más información contactarse por email al Delai: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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