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Miércoles, 04 Abril 2012 09:15

MENSAJE DE MONS. JESÚS JUÁREZ PARA CELEBRAR LA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2012

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CEB

Queridos jóvenes y señoritas: Cada año como Iglesia Católica celebramos la Jornada Mundial de la Juventud el día Domingo de Ramos. Este año 2012, en nuestra Diócesis de El Alto lo celebraremos el sábado, 31 de marzo en el coliseo Don Bosco. El Papa Benedicto XVI ha propuesto para todos los jóvenes del mundo este lema tomado de San Pablo: “Estén siempre alegres en el Señor”(Carta del Apóstol Pablo a los cristianos de Filipos).

Ser felices es tal vez el deseo humano más universal. Todos queremos ser felices. El Evangelio es un largo himno a la alegría. El nombre mismo «evangelio» significa, como sabemos, feliz noticia, anuncio de alegría. Pero el discurso de la Biblia sobre la alegría es un discurso realista, no idealista ni veleidoso. Con la comparación de la mujer que da a luz (Juan 16,20-22), Jesús nos ha dicho muchas cosas. El embarazo no es en general un período fácil para la mujer. Es más bien un tiempo de molestias, de limitaciones de todo tipo: no se puede hacer, comer ni llevar puesto lo que se desea, ni ir adonde se quiera. Sin embargo, cuando se trata de un embarazo deseado, vivido en un clima sereno, no es un tiempo de tristeza, sino de alegría. El por qué es sencillo: se mira adelante, se pregusta el momento en que se podrá tener en brazos a la propia criatura. Muchas madres afirman que ninguna otra experiencia humana se puede comparar a la felicidad que se experimenta al convertirse en madre.

Todo esto nos dice algo muy preciso: las alegrías verdaderas y duraderas maduran siempre desde el sacrificio. ¡No hay rosa sin espinas! En la vida placer y dolor se siguen el uno al otro. Las personas buscamos desesperadamente separar a estos dos «hermanos siameses», de aislar el placer del dolor.

Al no poder separar placer y dolor, se trata de elegir: o un placer pasajero que lleva a un dolor duradero, o un dolor pasajero que lleva a un placer duradero. Esto no vale sólo para el placer espiritual, sino para toda alegría humana honesta: la de un nacimiento, una familia unida, una fiesta, el trabajo llevado felizmente a término, el gozo de un amor bendecido, la amistad, el resultado de unos buenos estudios, una buena cosecha para el agricultor, la creación artística para el artista, una victoria para el atleta.
¿Será posible estar siempre alegres, de verdad ?
¿Puede estar alegre el enfermo, el que pierde a un ser querido, el que es calumniado, el que padece injusticias, el que envejece, el que vive en la pobreza o necesidad?
Desde la experiencia cristiana, la respuesta no ofrece ninguna duda: “Siempre es posible estar alegres, si uno confía en el Señor”. Ahí está el secreto, la fuente de la verdadera y permanente alegría. Vivir referidos a Dios, en comunión con él, bajo su mirada, es vivir en la alegría.”La mirada de Dios viste de alegría al mundo y todo viviente, que cree en El”. Vivir cerrados a Dios, alejados de El, es quedar presos de la tristeza, y del desánimo.
La sagrada Escritura está llena de estas consideraciones para vivir la alegría cristiana : “El Señor tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva. El se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta”. Sofonías 3,14-18 La Virgen María en su precioso cántico del Magníficat exclama: “ Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava y ha hecho obras grandes por mí”. Lucas 1,46 a 48.
Vivimos nuestra fe en medio de frecuentes contradicciones y dificultades, en medio de tanta miseria humana y tantos sufrimientos. También sentimos la tentación de buscar la alegría en el placer, en el dinero, en el confort, en la seguridad material...Pero ahí no se encuentra la verdadera alegría, sino tantas veces la aflicción, el tedio, la desilusión,
la angustia e incluso la desesperación.- En cualquier situación, nada ni nadie nos puede impedir esperar la alegría, si ponemos nuestra confianza en el Señor. Tenemos que descubrirla en múltiples ocasiones que Dios nos pone en el camino: la alegría de la existencia y de la vida; la alegría de la amistad; la alegría tranquilizadora de la naturaleza; la alegría del trabajo bien hecho; la alegría del deber cumplido; la alegría del sacrificio por los demás; la alegría de unos estudios responsables; la alegría de un enamoramiento oportuno... Pero sobre todo la alegría de nuestra fe en el amor misericordioso de Dios, la alegría de sentirnos hijos e hijas de Dios, la de vivir con Dios y para Dios.
La alegría no es pues, algo que viene de fuera. Se es feliz desde dentro. La fuente de nuestra alegría es más bien secreta y misteriosa. No viene, desde luego, de este mundo. El cristiano católico se goza más en el servicio que en el poder, más en la pobreza que en el confort, más en el anonimato que en el éxito. No es una alegría que tenga relación directa con el placer o la comodidad o la fortuna. Tampoco es cuestión de temperamento o de receta psicológica o de terapia vitalista. Está en las antípodas de la diversión prefabricada o de la droga hedonista o de las euforias del alcohol.

Para realizar en tu carpeta y compartir con tus compañer@s:
1.- ¿Tienes experiencia de haber vivido alegrías fruto del esfuerzo y el sacrificio? Compártelas.
2.- ¿Vives normalmente alegre? Explica las causas de tu alegría o de tus penas.

EN GRUPOS:
Hagan un afiche mural exponiendo cuáles son las mayores alegrías que viven los jóvenes.
La alegría cristiana viene del Señor. Es un don o fruto del Espíritu. La Biblia expresa esto en un lenguaje precioso.
Dice la Biblia que Dios es el autor de la Danza. Ver Sofonias 3. Dios danza y comunica su júbilo. Dios danza por ti y danza en ti. Dios te comunica la capacidad para la alegría y el entusiasmo. Dios quiere seguir danzando a través de todo tu cuerpo. Dios te da capacidad para vibrar y para emocionar. Dios es el que mueve el mundo de entusiasmo. El Dios de Jesucristo es el Dios del Amor gratificante, el Dios de la Alegría perfecta, el Dios de las Bienaventuranzas completas, el Dios de la Pascua victoriosa. Es el Dios que colma de gozo, que embriaga de Espíritu, que deleita y entusiasma en la oración y en el canto, que inunda de una paz que sobrepasa todo juicio".
¿Por qué danza Dios? Porque "te ama", porque «El se goza y se complace en ti». Pero ¿cómo me puede amar Dios de esa manera? Yo comprendo que ame a la Iglesia, incluso que me ame a mí, pero compasivamente, que me ame como la madre al niño más débil y enfermo. Pero ¿cómo se puede enamorar Dios de mí?, ¿cómo me puede amar con pasión? Conoce Dios mi barro perfectamente: mis caídas, mis olvidos, mis cansancios, mis rutinas, mis traiciones. ¡Si hasta me avergüenzo yo de mí mismo!
Lo que pasa es que no conocemos mucho del amor, y menos aún del amor de Dios. El amor no busca motivos para amar. El amor de Dios siempre es gratuito. La belleza y la perfección nunca es la causa del amor de Dios, sino el efecto. Su amor nos crea, nos recrea, nos deleita y nos santifica.
Ante Dios nos ponemos demasiado serios y formales; mucho silencio y poca fiesta, mucha palabra y poca emoción, mucha rutina y poca pasión. Pero Dios ama la danza, danza con cada uno y cada una de nosotros, danza con todos nosotros.
Cuando Pablo, vencido y encadenado, tenía poderosas razones para sentirse agobiado y deprimido, lanza este pregón desconcertante: «Estén siempre alegres en el Señor».
Los cristianos católicos tenemos razones para vivir siempre alegres:
1. Porque somos inmensamente amados.
2. Porque nuestra vida tiene un sentido: amar siempre y en todo.
3. Porque nunca nos sentimos solos. Vivimos siempre el gozo de la comunión, tanto hacia dentro -íntima amistad con Dios - como hacia fuera -gozosa amistad con los hermanos y hermanas.
4. Porque ya no tememos nada. Sabemos que estamos en buenas manos, y nos sentimos enteramente y constantemente protegidos.
5. Porque estamos seguros de que nuestra esperanza y nuestros deseos más profundos se cumplirán. Sabemos de quién nos hemos fiado.
6. Porque nos sabemos salvados, es decir, llamados a vivir con calidad siempre. Poseemos la certeza de que el Espíritu de Jesús nos acompaña.
7. Porque nuestro trabajo es vocación que nos plenifica.
8. Porque podemos iluminar las realidades oscuras, como el sufrimiento, la limitación y el fracaso. Todo lo relativizamos, con gran sentido del humor.
9. Porque estamos seguros que nada, ni nuestros pecados, nos apartan de Dios, de su Amor. Por eso, sabemos reírnos de nosotros mismos.
10. Porque, gracias a Cristo, incluso la muerte se convierte en Pascua. Por eso vivimos siempre con esperanza.
Todas las razones vienen a resumirse en una: el amor. Sólo el que se siente amado y el que ama, puede vivir la intensa y grande alegría. Cuando amamos a una persona, ella es la fuente de nuestro gozo. Cuando nos sentimos amados, una seguridad y satisfacción enormes nos invaden. El amor da ritmo y color a la vida.
Querido joven, querida señorita: Atrévete a amar de verdad, a buscar el bien de los demás ¡y tu corazón se llenará de alegría!
Ser joven es ser alegre. Y ser discípulo de Jesús es vivir con la alegría que nada ni nadie nos puede arrebatar porque brota del corazón servidor, de la vida entregada a los demás que Jesús mismo hace posible.
Comparto con ustedes la alegría de ser creyente en Jesús y en su nombre, junto con mis Obispos auxiliares, Eugenio y Fernando, les bendigo y les animo a celebrar juntos y alegres la Jornada de la Juventud en nuestra Diócesis.
Mons. Jesús Juárez, Obispo de El Alto.
Trabajo personal.
Después de leer con cuidado cómo te ama Dios, escribe una carta a Dios comentando cómo te sientes amado o amada por Dios y de qué forma eso se nota en tu vida.

EN GRUPOS
Preparen cómo se van a organizar para participar en la Jornada de Jóvenes el día 31 de marzo.
Cada grupo se comprometa a llevar en una cartulina alguna de las razones que los cristianos católicos tenemos para estar alegres.

Querido joven, querida señorita: Atrévete a amar de verdad, a buscar el bien de los demás ¡y tu corazón se llenará de alegría!
Ser joven es ser alegre. Y ser discípulo de Jesús es vivir con la alegría que nada ni nadie nos puede arrebatar porque brota del corazón servidor, de la vida entregada a los demás que Jesús mismo hace posible.
Comparto con ustedes la alegría de ser creyente en Jesús y en su nombre, junto con mis Obispos auxiliares, Eugenio y Fernando, les bendigo y les animo a celebrar juntos y alegres la Jornada de la Juventud en nuestra Diócesis.

Mons. Jesús Juárez, Obispo de El Alto.

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