Miércoles, 13 Diciembre 2017

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P. Juan Crespo: "La medida del perdón es el perdón sin medida"

Escrito por  Sep 17, 2017

La celebración eucarística de este domingo 17 de septiembre estuvo presidida por el P. Juan Crespo, Vicario General de la Arquidiócesis, en ausencia de los Obispos que viajaron al Vaticano en Roma – Italia, para unirse a la Visita Ad-límina que realiza el Episcopado Boliviano a la Santa Sede.

El Vicario General comenzó su homilía dominical con una acción de gracias por la visita del Santo Padre Francisco a las Iglesias hermanas de Colombia y destacó los gestos y palabras de amor expresadas por el Papa y que todavía resuenan en las mentes de todos los hermanos latinoamericanos.

Tambien expresó el agradecimiento a la Santa Sede por el nombramiento del nuevo Nuncio Apostólico de Su Santidad Papa Francisco en Bolivia a S.E.R. Monseñor Angelo ACCATINO, Arzobispo titular de Sabiona, y que fuera Consejero de la Nunciatura Apostólica en Turquía.

P. Juan también Saludó a los Obispos bolivianos que se encuentran en peregrinación en la Santa Sede en signo de comunión con el Santo Padre.

La Homilía del P. Juan Crespo giró en torno a la temática del perdón, al respecto expresó que Dios es amor y Dios es fuente del perdón, en ese contexto indicó que los fieles deben descubrir que el perdón y el perdonar no son un signo de debilidad, por el contrario son las grandes fortalezas de la persona humana.

La gracia del perdón es un don que además tiene poder sanador en el interior de la persona que pide perdón y de la persona perdonada.

Por otro lado el P. Juan Carlos indico que el rencor y la ira son abominables y son atribuciones de los pecadores y esto debe hacernos pensar que el rencor y la ira nos lleva a la venganza. Esto lo detesta el Señor pues la famosa ley del talión ha sido superada con creses y la misericordia nos hace que imitemos a Dios en ese amor y perdón. Por lo mismo el que no quiere perdonar y persiste en el rencor se pierde de la gran experiencia en el corazón del hombre como es el perdonar.

HOMILIA DE P. JUAN CRESPO
VICARIO GENERAL DE LA ARQUIDIOCESIS DE SANTA CRUZ
PRONUNCIADA ESTE DOMINGO 17 DE SEPTIEMBRE DE 2017

Este domingo nos unimos primeramente en acción de gracias por la visita del Santo Padre Francisco a estas tierras Latinoamericanas en las Iglesias hermanas de Colombia, cuyos gestos de amor y palabras de perdón resuenan en nuestras mentes, damos gracias al Santo Padre Francisco por haber nombrado al nuevo Nuncio Apostólico para Bolivia, Mons Angelo Accatino, también nos unimos a nuestros Obispos de Bolivia que se encuentran en peregrinación a la Sede del Apóstol Pedro, en visita Ad Limina, al Encuentro con el Santo Padre el Papa Francisco, signos de comunión de nuestros Obispos con el Santo Padre y la Iglesia Universal.
El mensaje principal de este domingo es el PERDON, Dios es amor y fuente del perdón. Las lecturas nos guían en este mensaje para vivir y experimentar el amor y el perdón de Dios. Tenemos que descubrir que el perdón y el perdonar no es una debilidad más al contrario es una de las grandes fortalezas de la persona humana, es una gracia es un don. Además del poder sanador del perdón.

LA GRANDEZA DEL PERDONAR
En la primera lectura, del libro del Eclesiástico, también conocido Sirácides en una serie de sentencias sapienciales nos invitan al perdón, dejando claro que el rencor y la ira son abominables y atribuciones de los pecadores, esta atribución es fuerte, pero debe hacernos pensar que el rencor y la ira nos lleva a la venganza, y esto lo detesta el Señor, las palabras sapienciales nos sugieren que la famosa ley de Talión: “Ojo por ojo y diente por diente” ya ha sido superado, y la Misericordia a la que nos invita nos hacen que imitemos a Dios, que es amor y perdón.
Por lo mismo quien no quiere perdonar y persiste en el rencor se prohíbe de la gran experiencia que provoca en el corazón del hombre, del perdonar.

NADIE HA DADO SU VIDA POR NOSOTROS COMO JESUCRISTO
La segunda lectura quiere fundamentar toda la actuación cristiana en lo cristológico: vivimos y morimos para el Señor; en todo somos del Señor. Si aceptamos que hemos sido redimidos por Cristo, sabemos que le pertenecemos. Y es el grito de libertad más grande, porque de esa manera no estaremos esclavizados a otros señores de este mundo. Y la razón es porque nadie ha dado su vida por nosotros como Jesucristo. San Pablo dice claramente que la vida y la muerte pertenecen al Señor, porque es en la muerte y la resurrección de Jesús donde se resuelve nuestra existencia y nuestro futuro. Y este estar estrechamente unidos, a Cristo y a Dios, viene a significar ser libres con libertad verdadera, humana y plena. El texto, se centra en el kerygma, en la proclamación de la muerte y resurrección del Señor. La muerte y la resurrección del Señor es algo que acontece por nosotros, por la humanidad. Y la clave de todo esto es que, a diferencia de lo que se piensa popularmente el cristiano no puede vivir para sí mismo, en sí mismo, de sí mismo sin mirar a los otros. En realidad el cristiano tiene que “desvivirse por los demás” esto encuentra su sentido en la vida de Jesús que culmina en la muerte y la resurrección por nosotros. Ni siquiera después de haber muerto como "entrega" se desentiende de la humanidad; su vida nueva, de Resucitado, es también una vida nueva por nosotros y para nosotros. No es solamente solidaridad lo que aquí se proclama, sino donación absoluta.

EL PERDON NO TIENE MEDIDA ES INFINITO
En el evangelio nos enseña a la comunidad cristiana aquello por lo cual debemos ser reconocidos en el mundo. El apóstol Pedro al preguntar a Jesús cuantas veces tiene que perdonar? deja claro que el perdón no tiene medida, el perdón no es cuantitativo es cualitativo, es infinito, rompe todas las actitudes de venganza. Setenta veces siete clarifica que el perdón es siempre. Esta parábola nos hace comprender sobradamente toda la significación de la misma; es tan clara, que es imposible que alguien no la entienda ni comprenda. Es desproporcionada la deuda del siervo con su señor, respecto de la de siervo a siervo (diez mil talentos, es una fortuna, en relación a cien denarios). Sabemos que en esta parábola, se quiere hablar de Dios y de cómo se compadece ante las súplicas de sus hijos.

SOMOS MAS DUROS CON NOSOTROS QUE DIOS CON NOSOTROS
Es una parábola donde nos muestra que los hombres somos más duros los unos con los otros que el mismo Dios con nosotros. La elección de los personajes es intencionada, para que quede más claro la forma de actuar de Dios. Si El actuó con tanta Misericordia y el Siervo recibió tanta misericordia no tenía que haber obrado de la misma manera con su hermano, compañero de fatigas y necesidades?

“OLVIDO PERO NO TE PERDONO” NO ES DIVINO
Los que están en el mismo camino deberían ser más solidarios. Pero no es así en esta parábola. El núcleo de la misma es la dureza de corazón que revelamos frecuentemente en nuestras vidas. Y es una desgracia ser duros de corazón. Somos comprensivos con nosotros mismos, y así queremos y así exigimos que sea Dios con nosotros, pero no hacemos lo mismo con los otros hermanos. ¿Por qué? Porque somos tardos a la misericordia. Por eso, el famoso "te perdono pero no me olvido" y “olvido pero no te perdono” no es ni divino ni evangélico, es, por el contrario, el empobrecimiento más grande del corazón y del alma humana, lo mejor es perdonar y olvidar, en este orden.

¿CUANTAS VECES PERDONAR?: SIEMPRE
Es importante comprender bien la pregunta que San Pedro dirige a Jesús « ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano?», «siempre», aunque esta no suponga el arrepentimiento de quien ha ofendido… ¿Cuántas veces hay que perdonar al hermano que nos ofende, incluso aunque éste no nos pida perdón? Siempre.

EL PERDON GENERA ARREPENTIMIENTO, CAMBIO Y TRANSFORMACION
La respuesta de Jesús mantiene su fuerza, pero comprender de este modo la pregunta de San Pedro nos permite descubrir de manera más viva la dimensión al mismo tiempo gratuita y exigente del perdón. El perdón es un acto gratuito: no puede ser sólo la respuesta al arrepentimiento del otro, sino que debe darse como primer paso. Es el perdón lo que genera arrepentimiento, reconocimiento del error, voluntad de cambio y transformación. Pero, por esta razón, el perdón es muy exigente: requiere sobre todo una mirada capaz de reconocer al otro como hermano, también en sus defectos. Esta mirada fraterna es esencial.

EL ENCUENTRO VIVO CON DIOS DA FORTALEZA PARA PERDONAR
La parábola de Jesús nos enseña que sólo se puede aprender el perdón a partir de la relación con Dios. Quien aviva su encuentro con Dios se fortalece para perdonar. Es el sentido de la oración atribuida a san Francisco de Asís: «Señor, haz de mí un instrumento de tu paz… Que donde haya odio, yo ponga el amor; donde haya ofensa, ponga yo el perdón; donde haya discordia, ponga yo unión… Que no busque tanto ser consolado, como consolar; ser comprendido, sino comprender; ser amado, sino amar». Es también el sentido de las palabras de santa Teresa de Jesús: «Donde no haya amor, pon amor, y sacarás amor».

LA REVANCHA PERVIERTE EL SENTIDO DE LA JUSTICIA
La revancha no sirve más que para aferrarse al dolor y para pervertir con ello el sentido de la justicia. Quien ha resultado ofendido sólo podrá recuperar la paz liberándose del sufrimiento y ofreciendo a quien le ha ofendido la oportunidad de rehacer el mal cometido. Sólo el amor que se ofrece es la respuesta adecuada al sufrimiento.

LA MEDIDA DEL PERDON ES EL PERDON SIN MEDIDA
El perdón ha de ser pleno y total amplio, constante, incansable. La única medida válida en el perdón es la que ha utilizado Dios con nosotros, con cada uno de nosotros. Dios nos perdona sin tasas ni condiciones, sin esperar recompensa alguna, sin pedir razones ni explicaciones. La medida del perdón es el perdón sin medida.
Debe haber cabida en el corazón del ser humano de cuanto Dios está dispuesto de perdonar, basta “arrepentirse y pedir perdón”: “No se debe pagar nada”, porque ya “Cristo ha pagado por nosotros”.

EL “PADRE NUESTRO” ENSEÑA A PEDIR PERDON Y PERDONAR
Para pedir perdón a Dios es necesario seguir la enseñanza del “Padrenuestro”: arrepentirse con sinceridad de los propios pecados, sabiendo que Dios perdona siempre, y perdonar a los demás con la misma amplitud del corazón.

Hay que pedir perdón sinceramente, con el corazón, y de corazón debe ser dado a quien nos ha ofendido. Como el patrón de la parábola evangélica relatada por Jesús, que condona una deuda enorme a un siervo suyo porque se compadece por sus súplicas. Y no como hace ese mismo siervo con un semejante, tratándolo sin piedad y mandándolo a la cárcel, aun siendo deudor de una suma irrisoria. La dinámica del perdón es la que enseña Jesús en el “Padrenuestro”:

“Jesús nos enseña a rezar así al Padre: ‘perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden’. Si yo no soy capaz de perdonar, no soy capaz de pedir perdón. ¿Has perdonado a aquellos que te han hecho el mal?’”.

“NO TENGAN MIEDO A PEDIR Y A OFRECER EL PERDON”
Perdonar es como decía el Santo Padre francisco hace una semana en Colombia: “… no tengan miedo a pedir y a ofrecer el perdón. No se resistan a la reconciliación para acercarse como hermanos y superar las enemistades. Es hora de sanar heridas, de tender puentes y limar diferencias. Es la hora para desactivar los odios y renunciar a las venganzas”.

PERDONAR ES TENDER PUENTES, NO ES CONSTRUIR MUROS
Perdonar es tender puentes, no es construir muros, el amor es más fuerte que el odio y la violencia. EL amor es más fuerte que la muerte, nos enseña a transformar el dolor en fuente de vida y resurrección, para que junto a él y con él aprendamos la fuerza del perdón, la grandeza del amor.

P. Juan Crespo Gutiérrez
Vicario General de la Arquidiócesis de Santa Cruz.

Información adicional

  • Fuente: Infodecom

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